En 4 paseos: Lo mejor de Barcelona

Barcelona me resulta una ciudad con mucho encanto. Es original por la diversidad de oferta comercial. Su identidad modernista y gótica la hacen única en el mundo. El mar, la montaña y su clima brindan un entretenimiento al aire libre asegurado casi todos los días del año. Y, por sobre todo, admiro su carácter cosmopolita. En esta oportunidad, comparto mi primera visita a Barna (así la llaman mis amigos locales) en compañía de Eros.

All images are under copyright © Christian Oliva-Vélez

El viaje en AVE con las maletas y Eros, que ya pesa 7 kg., me dejo molido. Para recuperarme, por recomendación de mi amigo David Meca (deportista de elite), fui a Inneo (Carrer de Bordeus, 2), donde me entregue a Blanca y a sus maquinas de última generación. Recibí un tratamiento de Tecarterapia (50 €) y de oxígeno- terapia (10 sesiones, 75 €).

Renovado, y como estaba en el barrio de Les Corts, me pase por el espacio del chef Oriol Balaguer para disfrutar de su croissant (1,50 €), es el más rico de España, me hizo recordar a los que comí en Francia (Travessera de Les Corts, 340, igualmente tiene otros locales). Me lo comí de camino al hotel, Eros me estaba esperando para salir a pasear.

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Sarriá- Sant Gervasi. Después de que Eros hiciera sus necesidades, como en transporte público es algo complicado moverse (ver normativa aquí), fuimos en taxi hasta Sarriá ―en las tarifas de 2014 no debemos pagar suplemento alguno por el perro, estar muy atentos ya que la mayoría querrán robarte y cobrarte 1 € de más, antes de solicitar un servicio es importante comunicar que viajarás con un perro―. Pasamos por el centro comercial L´Illa, donde los perros son admitidos siempre y cuando vayan en brazos. Como en las tiendas del grupo Inditex no hay problema, lo pude llevar con la correa. Buscaba un abrigo para Eros pero en la tienda Mister Guau no tenían nada para teckel (sus medidas son algo particulares, su cuerpo es largo y corto).

Paseando por Sarriá- Sant Gervasi dimos una vuelta por los Jardines de Villa Amelia. Es una parque de 2,33 hectáreas con árboles donde hay una escultura que me encanta, se trata de un joven efebo tocando la flauta,  su título es L’ Encantador de serps (El encantador de serpientes), una obra realizada en bronce firmada en 1887 por el belga Jules Anthone. En este oasis también hay un bar con terraza su café no es rico —en Barcelona hay que tomar café de la marca Saula, que es el mejor—. Los perros del vecindario son muchos y por aquí trabaja Marian como paseadora, una señora que realiza paseos de manera individual (+34 651 088 311, 10€/h.). Y ante cualquier eventualidad, al lado esta la veterinaria Vi-La Amèlia.

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En uno de los paseos por el parque viví una experiencia triste. Un schnauzer se dirigía solo hacia la calle. Lo llame y lo cogí sin miedo, el pobre no tenía ni placa identificativa. Fui preguntando a todos los que estaban en la plaza con perro pero nadie sabía quién era exactamente el dueño. Me sugirieron que lo más fácil era que lo dejara suelto, pero ¿cómo podía hacer algo semejante? Unas señoras me dijeron que era de una casa del vecindario. Lo solté y con Eros lo seguimos de cerca. Llego a la puerta de la segunda casa ubicada en Carrer d´Ifini, que linda con el jardín amurallado. El schnauzer ladró y arañó la puerta de metal varias veces sin recibir respuesta. Como había luces encendidas en la casa, nos acercamos con una señora, que vio que yo seguía buscando a los dueños, y tocamos el timbre. Salió un joven, tan solo reacciono con asombro y no pidió disculpas pero al menos si dio las gracias. Según me informó la gente del barrio, no era la primera vez que dicho perro andaba solo por allí y que en un par de ocasiones les llamaron la atención a sus dueños. Por desgracia a este perro le ha tocado vivir ahora con energúmenos.

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En este mismo barrio descubrimos Roquichic, una cadena de peluquerías y tiendas para perros. Sus dueños tienen teckel y han creado una línea de productos que es estupenda para Eros. Además, por encargo me ofrecieron hacerle un abrigo a medida. Por lo pronto, me llevé un abrigo sport en rojo y azul (31 €). Estoy encantado con esta iniciativa de negocio, resulta muy complicado encontrar en España algo para Eros que sea sobrio y de calidad (Ps. Sant Joan Bosco, 59).

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Como ya estábamos en la parte alta de Barcelona, fuimos a pasear por la calle Major de Sarriá, es mi calle preferida de Barcelona. Aquí mora la tentación. Muestra de ello son: Delizie gourmet Italia (Major de Sarrià, 43), el nombre lo dice todo, llevarse un appel strudel de Puntosmile (21,95 € kg., Major de Sarrià, 110) y, para  acompañarlo, un helado ecológico de vainilla de Veritas (4,69 €), es el mejor supermercado de productos ecológicos (Passatge Senillosa, 3). En este último no esta permitido acceder con perros, como tampoco en: Temps de Terra, que atesoran productos ecológicos procedentes de su propia finca ubicada en Tarragona y para los que no temen el azúcar refinada, el lugar para los golosos es Foix, una pastelería fundada en 1886 y Delishop, un reducto  gastronómico que tiene incluso sus propios productos con un branding muy atractivo, fuera colocan un bowl con agua para los perros. Por esta zona, la veterinaria más cercana y con servicio de urgencias permanente es Rocaberti (+34 93 204 98 31). La terraza del Bar Tomás es un clásico gracias, únicamente, a sus famosas patatas bravas. En este viaje descubrí Gouthier, tiene una terraza tranquila en la Plaça de San Vicenc de Sarrià, donde sirven ostras. Y como me gusta mimarme, las mejores firmas de cuidado personal y ecológicas los encuentro en Apotecari cosmetics.

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Paseo Marítimo. Regresamos andando hasta el hotel W Barcelona, nos llevo dos horas, fuimos por los Circuitos Deportivos de Diagonal- San Martí (3.530 m) y luego por la calles Pau Claris y Vía Laietana. En total hicimos 7,5 kilómetros. Me encanta este hotel, es nuevo e impecable. Como tengo muy buenos amigos y familia aquí, he disfrutado en ella tantísimas veces que ya no recuerdo el número. He estado en varios hoteles de la ciudad pero, de momento, no he encontrado nada mejor que el W y el Mandarin Oriental. Como alternativa económica esta el Arenas Atiram Hotels en Sarriá, es de baja categoría pero también aceptan perros (Capitán Arenas, 20, HD 80 € apróx.).

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Como amanecimos frente al mar, el primer paseo fue por la playa. Eros corrió y jugo con otros perros del barrio, aunque sin buscarlo se llevó un susto. Un labrador negro lo marco agresivamente, el se asusto pero yo lo felicite para que no le coja miedo a este tipo desencuentros. Mirando el lado positivo, y como es la primera vez que vivo con un perro fuera del territorio habitual, aprendí que no debo dejarlo suelto en sitios donde no conozco el carácter de otros perros. Eso si, en la playa no esta permitido llevarlo sin correa aunque, a primera hora, no hay casi nadie y, al parecer, en invierno la policía hace un poco la vista gorda. A partir de las 11:00 no me agrada La Barceloneta más que para ir directamente a comer a Acqua, mi preferido. En esta ocasión, como estoy con Eros, reserve una mesa mirando al mar en el restaurante Xup, xup, su cocina inspirada en el mar y su atención es de lo más normal pero su ubicación para mi es la mejor, está justo sobre la arena (Passeig Marítim de la Barceloneta s/n. 30 € a la carta p/ persona o menú a partir de 14 €). Eros estaba encantado. Recomiendo reservar siempre, y del lado de la playa.

Otro día, por la muchedumbre que acude a La Barceloneta, sin encontrar una mesa disponible, nos sentamos en la terraza de Santa Marta, un restaurante también muy concurrido que esta en una esquina más hacia adentro del paseo marítimo. Es entretenido, ofrecen básicos de la cocina italiana. Se esmeran en la atención aunque no deja de estar en la misma línea de este tipo de restaurantes de barrio (15 € p/ persona. C/ Grau i Torras, 59, +34 691 236 802).

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Gracia. A la hora de cenar descubrí un sitio maravilloso, el resto Sol i Lluna (C/ Verdi, 50. Telf.: 932 371 052), lo regenta un francés. Su cocina es perfecta y los perros son muy bienvenidos (25 € p/persona). Eros paseo libremente por el restaurante e incluso le pusieron debajo de nuestra mesa un bowl con agua mineral. Su propietario me recomendó el libro Mi perra Tulip de J. R. Ackerley (Ed. Anagrama, 16,50 €), que compre al día siguiente y fue mi lectura durante este viaje.

Otro día, después de pasear por Gracia, fuimos a comer a Dionisos, una cadena de restaurantes de cocina griega aceptable (sus platos son abundantes) y el personal es griego y muy atento. Pudimos sentarnos con Eros en la zona abierta que da a Torrent de L´Olla, 144.

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Entre actuaciones de mimos, marionetas y tiendas muy atractivas, Astúries es el nombre de la calle en Gracia que no hay que dejar de conocer, casi toda es peatonal y la recorrimos durante varios días. Aunque la mayoría de los comercios y establecimientos de Barcelona tienen la pegatina de “prohibido perros”, encontré que los más apetecibles eran aquellos donde nos permitieron el acceso. Para tomar el té, una costumbre inglesa que me fascina, elegí el Woki Organic Market. Se trata de un reducto ecológico para la salud y el bienestar (C/ Astúries, 22). En la barra, que es la zona donde nos permitieron el acceso, probé su tarta de zanahoria (3,70 €) y un zumo de naranjas con zanahoria y jengibre (3,50 €). Y otro día fui a comer, allí preparan unas hamburguesas estupendas de carnes 100% ecológicas provenientes del Pirineo catalán, la que más me gusto es la porteña que lleva queso y chimichurri (7,60€) con patatas fritas ecológicas de bolsa (2,25 €), cerveza bio Almogaver trigo (2,72 €) y agua mineral para Eros (1 €).

En la misma calle, en el número 50 esta Nagore, una marca de Menorca especializada en calzado ecológico (C/ Astúries, 50) que quizás a alguien le puedan gustar. En el 62 está la casa de perfumes Lab Perfum. Sus fórmulas son asequibles y puedes realizar tu propio perfume. Como mi olfato es algo exquisito, me fui en busca de otros blends que me apetecían más y entré en Planeta Té (C/ Astúries, 50). El Lapsang Souchong de Twinings es un clásico en mi familia (6 €), su distinguido aroma me recuerda a los atardeceres en el velero comiendo los brownies, que hacia abordo una cocinera escocesa, mientras surcábamos el Mediterráneo. Ya que estaba por la zona, me hice con un par de bowls Karlie (de silicona y plegables) en la clínica veterinaria Marín (Rambla del Prat, 17). Son muy prácticos, livianos y casi no ocupan espacio en la maleta.

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Paseo de Gracia. De camino al hotel antes fui con Eros a tomar el aperitivo en el Café Jaime Beriestain, todo está muy cuidado y se agradece. Me pareció el más lindo de la ciudad condal, su estilo es entre neoyorkino y parisino, ideal para dejarse ver y disfrutar de su ambiente cosmopolita (C/ Pau Claris, 167). El propietario tiene allí su Concept Store (C/ Pau Claris, 167) y vende hasta flores. Al salir, continuamos por el Paseo de Gracia, la calle rebosa modernismo, firmas de lujo y otras más comerciales (en la mayoría los perros de los clientes son bienvenidos) y siempre es muy transitada.

Paseo de Gracia es puro deleite para los sentidos y como me tientan las librerías nos metimos con Eros en la Casa del Llibre (Passeig de Gràcia, 62), el recibió mimos y piropos y yo me llevé el libro que me había recomendado el dueño del restaurante Sol i Luna. Si uno quiere leer en catalán, otra opción dog friendly es Ana Llibres (C/ Gran de Grácia, 217, +34 93 238 97 22), su propietaria es un amante de los perros.

Llevábamos paseando todo el día. Deje a Eros en el hotel, se que puedo hacerlo ya que no hace ni un solo ruido ni tampoco lío, además lo deje con sus juguetes Kong, los adora, para que se entretenga y me fui a conocer El Nacional. Éste es un nuevo espacio dedicado a los amantes de la buena mesa, esta muy de moda (Passeig de Gràcia, 24 bis) y los perros son admitidos siempre y cuando vayan dentro del transportin. De sus cuatro propuestas, elegí La Llotja, donde sirven pescados y mariscos frescos, uno mismo los selecciona en su propia pescadería y ofrecen hasta cinco tipos de cocción a elegir: horno, brasa, vapor, frito y plancha.

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Al día siguiente disfrutamos dos horas en la playa, que a pesar de estar en invierno, el día era espectacular. Para despedirnos del Distrito Ciutat Vella, comimos en el Barrio Gótico que ¡me encanta! Luego nos fuimos a la estación de Sants para regresar a Madrid en AVE. Siempre elijo el que demora 2 horas y 30 minutos. Para asegurarme de que Eros ha hecho todas sus necesidades, 45 minutos antes de subir al tren, le doy una vuelta de 15 min por la explanada de acceso a la estación. Ubicados ya en nuestro asiento individual de preferente (en esta clase el billete de la mascota esta incluido), pido un agua para Eros. El durmió apoyado sobre mí hasta llegar a Atocha y yo termine de leer Mi perra Tulip, un libro que también recomiendo, y el periódico del día.