Saó: Donde se esconde el lujo

Con ganas de aventura, apetito y de tener sueño, en otoño, la naturaleza nos tenía reservado el secreto mejor guardado de los Pirineos catalanes, Bescarán. Esta aldea de montaña nos regalo placeres en abundancia.

All images are under copyright © Christian Oliva-Vélez

Preservar la vida rural hoy no es tarea fácil, el payés tiende a desaparecer, y es sin duda el reclamo más in del siglo XXI. En época de setas, estos valores que aprecio tanto me han traído hasta los Valles del Valira, en la comarca del Alto Urgell (provincia de Lérida).  Tenía además especial interés en vivir con Eros ‘el placer Logis’: una cocina excepcional, un trato correcto, atención personalizada y nuevas experiencias.

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No llegué hasta aquí en autubús —como lo hizo Josep Pla, el verdadero profeta de la dieta mediterránea— sino que alquile un Mini Countryman ¡me encanta! Mi punto de partida fue Lérida. Conduje dos horas por carretera hasta llegar al desvío, solo me quedaban 10 km para entrar en Bescarán. Recorro, con mucha ilusión, 15 minutos por un camino serpenteante y de tierra, a 1.350 m de alt. la luz esta tamizada, las sombras crean misterio, los colores son un espectáculo para la vista, se oyen los cencerros de las vacas y el cielo los surcan los quebrantahuesos. Respiro aire puro.

En este marco incomparable de belleza, antes de llegar, me detuve varias veces en el camino para poder apreciar en detalle todo lo que tenía ante mi, estaba en el reino del silencio, para mi esto es el verdadero lujo. Estábamos ¡solos! Tome unas fotos (con mi iPhone 4S, no utilice otra cámara durante mi estancia) y Eros hizo sus necesidades, es lo que acostumbro a hacer antes de un check-in. 

Ya estábamos dentro de esta histórica aldea de pizarra que, siglos atrás, formó parte de los dominios de un noble. San Martí es su patrono aunque, como tiene unos 90 habitantes, la iglesia parroquial no celebra actos religiosos y el campanario románico forma parte de un espacio de pastoreo. No me lo creo, esta es la composición que disfrutaremos durante nuestra estancia de cuatro días. Wow!

Al aparcar, nos reciben con alegría. Estamos nada más y nada menos que en el Saó. Es una antigua casa de más de 300 años, en un prado de 1,2 hectáreas, que ha sido reformada completamente y es una hotel de 5 habitaciones. Para mi grata sorpresa, encontré un nivel de calidad alto coronando un paisaje y en un entorno rural de cuento. Saó es el punto de partida inmejorable para hacer actividades al aire libre y el sitio ideal para disfrutar de su cocina regional, la misma que detalla Josep Pla, pero en versión contemporánea. Inspiración y exhalando, en comunión con el lugar, Saó me proporciona abundante satisfacción (tanta que, aun habiendo pasado tiempo de haber estado, sigo disfrutando del recuerdo).

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Los autores de éste rincón hedonista, son Esther y Joaquín. Saó es la nueva guarida de la paz y para aquellos que no les gusta hospedarse siempre en hoteles. Es más, resulta perfecto para los que no quieren hospedarse con niños. De bienvenida, en la entrada hay una figura de Milú, el fox terrier de pelo duro y blanco de Tintín, junto a bebederos con agua de la montaña que Esther sirvió para Eros. Aquí los cinco sentidos se potencian. Aunque estamos en un antiguo entorno rural, mi nueva pareja de amigos ha sabido respetarlo ofreciendo todas las comodidades del mundo moderno. En la habitación, Eros tiene comedero y cama de la marca Moysa (son las mejores de España) y esta muy bien decorada con suelos de cemento pulido, troncos del bosque del lugar como mesas de noche, clásicas lámparas Tolomeo, ropa de cama blanca de Bassols 1790amanities naturales griegos de la firma Korres… Estamos en la habitación nº 4, tiene un balcón, que da cara al valle y al campanario de la iglesia del siglo XI-XII (de estilo lombardo) y ducha con vistas a los Pirineos.

Al ser un hotel boutique y en contacto directo con la naturaleza, el ambiente es muy amigable.  Enseguida hicimos nuevos amigos, se alojaban una pareja encantadora de Barcelona con su perrita, otra pareja con un labrador y también estaba Flavio JL Muñoz Domingo y sus tres perritos, él es un artista multifacético que acaba de abrir The Apartment, un must go para la mujeres en el vecino Principado (45 min). También estaba la hija de Esther y Joaquín, que ayudó a sus padres en todo lo que le indicaban. Entretenidos, alabamos por igual lo maravilloso que era poder estar aquí con nuestros perros.

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Por la tarde, durante un paseo por el pueblo con Eros y Esther, conocimos a todas las señoras de Bescarán. No olvidaré sus sonrisas, sentido del humor y amabilidad. La mayoría de ellas son de la tercera edad. Las encontré trabajando en sus terrenos y con sus animales de corral (gallinas y conejos). Flores maravillosas, ricos huertos y animales felices nos entretuvieron a Eros y a mi. De repente, una zarza me atrajo como cuando era un niño, cogí una mora ¡deliciosa! Me sentí un poco pillo, aunque había un ciclista trepado en el mismo arbusto que se estaba haciendo con un arsenal. Luego me arrepentí de no coger más, la zarzamora pertenece al pueblo y está ahí para que las disfrute el que quiera. De regreso al Saò, cené temprano frente a la chimenea. Suelo demorar lo mínimo indispensable por Eros, que me espera para que le de su cena (come siempre después de mi). A media noche, salimos a dar una vuelta bajo una cúpula de estrellas y siempre atento a un par de perros del lugar que andan sueltos.

Me dormí leyendo los libros que elegí para este viaje, Lo que hemos comido (8,95 €) y Viaje en autobús (7,95 €) de Josep Pla (Ed. Austral). El amanecer en este marco incomparable merece ser descrito en detalle. El paisaje me levanta de mi cama, que es súper confortable, y, como un autómata, abrí las ventanas. Escucho una música de ambiente estupenda, el artífice es Joaquín (que es además, un reconocido empresario de montaje y sonido en Andorra), mezclada con el canto de los pájaros y los cencerros, este feeling es inigualable. Estoy en un lugar secreto, ahora no me extraña que no haya encontrado su dirección en el GPS del coche (Logis HD: 115-145 €- MP 75-95€. Tel. 00 34 973 352 609).

All images are under copyright © Christian Oliva-VélezEn este espacio protegido, los programas para hacer eran todos atractivos pero, en este primer viaje, escogí aquellos que podía hacer con Eros —aun era un cachorro de cuatro meses—. Me hubiera encantado montar a caballo y en bicicleta (esta comarca es territorio BTT, cuenta con más de 1.000 km. señalizados y georeferenciados para los amantes de la bicicleta de montaña). Estos son algunos de los muchos planes que se pueden hacer durante el día. Al llegar la noche, y en verano, sueño con dormir en el refugio situado a 2.026 m. de alt. y que acondicionaría el Saó. Fui a conocerlo y el entorno es idílico. Seguimos los rastros de unas nutrias pero no llegamos a verlas y menos mal que no nos cruzamos con ningún oso pardo ni jabalíes. A Eros no le quite los ojos de encima ya que nos encontrábamos en el coto de caza del águila real y Eros no era más grande que una liebre. Lo dicho, tengo muchas ganas de pasar allí una noche con mi mejor amigo, junto a una gran chimenea y una cena gourmet orquestada por Esther, en cuanto tenga oportunidad lo haré.

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Por lo pronto, elegí degustar todos los frutos del valle en el mismo hotel. Clasificado por Logis con tres cazuelas, la Cuina del Saò se sirve sobre mesas (realizadas a medida) de castaño y hierro decoradas con velas y flores frescas. En ellas, Esther representa un escenario diferente, con su mantelería, vajilla y cristalería, pensado especialmente para cada huésped. Acompañarla en este proceso y escucharla me resulto de lo más entrañable, ella antes trabajó en restaurantes conocidos. Su carta de platos es muy apetecible, las referencias de vinos es excelente y el agua mineral de los Pirineos es de mis favoritas. En su cocina slow food, Esther y su equipo de cocina buscan elevar los sabores de la tierra respetando con minuciosidad todo su proceso, desde la elección de la materia prima, su elaboración y puesta en escena. Ser casi auto sostenible es un lujo y Saò tiene su propio huerto ubicado en la entrada del hotel, Joaquín es el que lo cuida día tras día. Él también encuentra la música ideal para enaltecer cada momento del día. Sin más, ambos forman un equipo digno de un cinco estrellas.

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Volviendo a la mesa, me gusto todo muchísimo, destaco el queso de Ugelia, los embutidos de Estamariu, el yogur artesanal de Llívia, la mantequilla D.O. y el trinchat de cordero a las 8 horas, que tradicionalmente se come sólo y aquí se sirve con puré, una reducción de jerez y cebollino con su flor del huerto propio (su sabor es un latigazo que despierta todo el cuerpo). El clímax, de esta experiencia culinaria slow food, llega con los postres, el turtelle de nata del Candil. Luego tome un café con trufas caseras en el muro de la terraza, que es como estar en la barra más grande de los Pirineos. Para mi esta experiencia sensorial multidimensional no tiene precio (p/persona 25 a 60 €). El segundo restaurante —tan solo hay dos en el pueblo— es La Canal, ofrece cocina tradicional de montaña y los platos son abundantes (menú 18 €; tel: 00 34 973 350 301). Su yogur artesanal con miel para mi fue un postre sublime. También tienen una pensión sencilla.

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Después de mi placentero desayuno personalizado en el Saò, a base de productos Km0 (productos de proximidad, utilizan materias primas de la zona enriqueciendo el consumo sostenible y reduciendo las emisiones de CO2…), le serví a Eros su ración de la mañana. Y con Joaquín nos preparamos para salir a cazar setas. Calzamos nuestras botas, palos, cestas, agua y subimos a la montaña con Eros y Blues, la mascota del hotel (que falleció en diciembre de 2014), nos llevó 30 min en un Jeep.

Fuimos por un camino de montaña dando tumbos (fue divertido aunque hacerlo por este medio no lo recomiendo a las personas que sufren de la espalda o cervicales, como es mi caso). Eros en cambio ni se inmuto. Paramos en diferente sitios del Parque Natural del Alto Pirineo (69.850 hectáreas) y parte del Parque Natural del Cadí-Moixeró (41.060 hectáreas).

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A ritmo de caracol y con la mirada atenta, nos adentramos con Joaquín y los perros por rincones bucólicos para recolectar setas (carreretes, ceps, pinatell). Descubrí en el bosque la Cabaña del Moro, una cista dolménica (un monumento megalítico) ¿Cómo habrán llegado hasta aquí estas enormes losas y cómo habrán hecho para disponerlas así? Es asombroso. Continuamos la ruta por innumerables senderos salvajes. Los perros bebieron agua de los manantiales y nosotros conversamos con un pastor —sus jornadas las pasa en soledad, son duras y largas, en la aldea lo esperaba su madre, atareada en el huerto y en las labores del hogar—. A mi enternecen estas personas que saben convivir con la naturaleza, que la aman y admiro su oficio, estos conocimientos ecológicos tradicionales la UNESCO los define como patrimonio inmaterial. Por el camino, nos cruzamos también con: vehículos todo terreno con gente que estaba haciendo turismo fotográfico (el Parque Natural del Alt Pirineu tiene la representación de fauna más completa de Cataluña), quats, ciclistas, excursionistas, con y sin perros, y otros deportistas. Por lo pronto, tanta actividad nos abrió el apetito y comenzamos a descender.

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Un par de horas después, estábamos en el Saó. Eros cayó rendido, se tiro a dormir sobre el suelo de pizarra de la terraza. Nosotros tomamos como aperitivo los carreretes que habíamos recolectado y hechos a la plancha. Como Joaquín acostumbra a cazar setas, desde que era pequeño, él sabe muy bien cuáles se pueden comer y cuales no. Después de inspeccionarlas, quedaron tan solo un puñado de setas, descarto todas las demás. Es un experto y esto brinda seguridad. Por lo tanto, el placer esta asegurado.

Después de varios días de trekking mi talón de Aquiles y mis cervicales se resintieron. Todas las noches, y mientras Eros jugaba en el jardín con su pelota y dental stick de Kong, me sumergía en el jacuzzi, con cromoterapia y temperatura regulada a mi gusto, mientras yo contemplaba el valle y las estrellas. Para aliviar un poco el dolor del talón, me hice masajes con el aceite de menta Salus natur-arzneimittel Japanisches Minz-Heilöl. Igualmente, me reconforta saber que mi fisioterapeuta me espera en Madrid. En cinco minutos, dejamos la habitación ordenada y el equipaje listo para partir. Nos despedimos con cariño y con un ¡hasta pronto!

De regreso a Lérida, como aun persistía la sensación olfatogustativa de mi último bocado en Bescarán, hice una parada en La Seu D´Urgell para comprar productos regionales en Fromatgeria Eugene. Este comercio ofrece, generación tras generación, los mejores quesos de Cataluña (C/ Major 58, La Seu D´Urgell; tel.: 00 34 973 350 401).

Regresamos a Madrid en AVE y en clase turista. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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 Según el doctor Pío Font Quer, estos pueblos son micófagos, devoradores de setas.

 

Recomendaciones
Viajar en AVE hasta Lérida y hacer 2 hs. en coche. En avión se podrá hacer en 2015 cuando reabran el AP de Andorra-La Seu de Urgel y el vuelo será de 20 minutos desde Barcelona.

Normativa de Renfe: Se permite un animal de compañía (que no exceda los 10 kg.) por pasajero, documentado y en transportin. En Turista, se abona el 25% de cada billete, y es gratuito en las clases Preferente y Club.

Equipaje: Ropa, botas, cámara, palos de trekking, comida para nuestra mascota y los juguetes Kong Company. La carga se puede aligerar utilizando Nacex Promo, un servicio de recogida y entrega de equipaje puerta a puerta (trayecto Península, mono bulto, 28 € y entrega en 24 hs.; tel. 900 100 000) o como hice yo, la comida me la envió Animalear.com directamente hasta el hotel, ofrece los mejores precios del mercado y además ahorrarás tiempo.