El lugar ideal en la tierra: En el Paraíso

En el Paraíso
Estamos en La Nava del Barranco, un lodge en las tierras del Quijote ubicado en un enclave natural de miles de hectáreas, donde habitan: fauna y flora en estado puro, hay absoluta privacidad y todas las comodidades.
All images are under copyright © Christian Oliva-Vélez

La primavera se viene anunciando hace días por mi barrio. Las temperaturas y el sol despertaron mis deseos. ¡Qué ganas de estar en el campo! Preparé lo justo de equipaje. Rescaté el sombrero Akubra, lo compré cuando vivía en Londres, mis nuevas gafas Gucci y, como segundo reloj, un Swatch. Eros lleva puesto sólo su collar Hunter y le he cogido su Kong preferido. Fue tan precipitado que la avioneta no estaba disponible. Me dio igual, nos pasó a recoger un coche.

En apenas dos horas llegamos a Castellar de Santiago desde Madrid. Coronando un monte, nos esperaba un reducto escondido, La Nava del Barranco, un coto privado para el bon vivant rodeado de naturaleza y vida salvaje. Se trata de una casa privada con servicio mead to measure para los aventureros del siglo XXI. Más de cien jets privados aterrizan al año en su pista de día. Paseamos con el capataz, Miguel Ángel, en unos de los muchos 4 x 4 de La Nava. Las 7.000 hectáreas son de una gran belleza. Entre encinas de plata, nos cruzamos con infinidad de perdices, gamos… Apagamos el motor. Paz absoluta y el canto de los pájaros. Con Eros corrimos detrás de una manada de ciervos. Después, un riachuelo lleno de vida, flores y, como está atardeciendo, dio comienzo un concierto vespertino integrado por ranas. Esta finca es el paraíso, un tesoro en España. Javier Medem de la Torriente y Almudena del Moral, mis anfitriones, comparten su belleza durante todo el año. Este lugar de La Mancha es ideal para los que saben apreciar la exclusividad y aquí los deseos se cumplen, todo está incluido.

HUNTER NYLON DOG COLLAR WITH ALU-STRONG CLIP

 

Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Evangelio según San Juan 8:1-7.

La casa, mimetizada con el entorno, es obra del arquitecto Otto Medem. Dispone de todas las comodidades del mundo moderno. Esta finca es dog friendly. Eros y yo estamos solos, me siento en mi propio campo. El equilibrio ecológico y la correcta gestión del medio natural son notables. Todo está impecable y a la vez es salvaje, ¡el Paraíso está en la Tierra!

All images are under copyright © Christian Oliva-VélezTomo sol y me zambullo en su infinity pool mientras Eros huele el romero en flor. La orientación suroeste me brindó hasta el último rayo de sol. La casa se llenó de velas.  Margarita, la gobernanta, había organizado el aperitivo en la biblioteca, junto a la chimenea. Cené en una mesa de madera con: mantelería de hilo blanco, una colorida vajilla de Vista Alegre, colocada sobre bajo plato de peltre, cubertería personalizada y copas portuguesas —para cada comida montan un escenario diferente—. Grigor, el mayordomo, y gracias a su savoir fair, me permite disfrutar sin prisas de la cocina slow food de La Nava. Al frente está María José, y es exquisita. Tengo a mis cinco sentidos muy entretenidos. Comprobé además que la bodega es excelente.

Es el turno de Eros. Él esperaba a mis pies, y le sirvo su ración de alimento biológico junto a la chimenea. Salimos a pasear. No estábamos solos, las estrellas nos acompañaron. Aparecieron mi infancia y juventud. Contemplar las estrellas siempre fue un programa que hemos celebrado en familia. Eros es el nuevo miembro no humano de mi familia y, en este paseo, pienso en mi madre, hermanos, abuelos, tíos… ¡Que lejos estamos todos! Cuánto tiempo llevamos sin sentarnos a conversar despreocupados bajo las estrellas. La noche era cerrada. Una lechuza nos espiaba, quizás alguien más. Aunque La Nava dispone de grandes medidas de seguridad, dejé de pensar y regresamos antes de cruzarnos con un jabalí o un lince.

Colgué mi sombrero de cowboy. Escucho música clásica mientras leo Perros e hijos de Perra de Arturo Pérez Reberte (Ed. Alfaguara) y, como no me agrada mucho su vocabulario, lo cerré enseguida. Guardé mi cuerpo y mi corazón agradecido en un sobre de algodón blanco y de gran formato. Eros no quería dormir en su cama, creo que se encontraba lejos de mí. Le concedí su deseo, quería estar a mi lado. Su ternura es irresistible. Está rendido; se durmió en el acto. Debería hacer lo mismo, mañana nos esperan nuevas aventuras. Apago las luces de esta gran habitación, y, al fondo, descubro el gran ventanal para no perderme nada en cuanto amanezca.

Nos despertamos con la primera aurora. Salimos a caminar, yo con la bata. Las perdices levantaron vuelo. Comienza un nuevo día, doy las gracias. Desayunamos en la biblioteca. Entre todas las actividades para hacer, salí a montar a caballo: me fascinan. Me ensillaron a “Bienvenido”. Celebrando la vida, él tenía tantas ganas como yo de galopar. Me siento poderoso en energía. A Eros lo tuve que dejar dentro del Range Rover porque no hace más que ladrar y no quiero que altere al caballo. Ya en el coche, bajamos por barrancos y él asoma la cabeza, está disfrutando a lo grande. Conejos y perdices se entretienen entre las encinas. Bajamos. Eros se subió a una roca, allí arriba parecía el Rey León. Del campo vecino, jinetes sobre caballos blancos pasaron a nuestro lado. No vimos linces, águilas, serpientes, víboras ni escorpiones, que los hay.

 

Me siento un terrateniente, como mis tíos y primos en Argentina, pero con agujetas. Hoy el aperitivo lo tomé en la piscina: Jabugo (Huelva), aceite de oliva virgen extra de categoría superior de La Nava… Un chapuzón, el agua esta climatizada. Las vistas y la aventura me abrieron el apetito. La leña ardiendo y aroma de sándalo. Eros se sentó en su sofá de ante. Hice el equipaje. Nos despedimos de La Nava, le agradecí sus atenciones. Todo transcurrió como un reloj suizo. Un avión ha venido a recogernos. Al despegar, parecía que dejábamos una pequeña porción de África. Sobrevolamos los molinos del Quijote, que vimos al venir por la carretera, y en 30 minutos estábamos aterrizando en Madrid.

La Nava ahora forma parte de mis memorias. Con Eros estamos más unidos, él también está feliz de haber ido, lo noto porque me llena de lametazos. Volveremos.

 

DOG friendly tips: Las estancias se personalizan, están en torno a los 400 €  y 800 € all incluisive. Tel. de contacto: Beatriz Pastrana +34 607 229 390.