Capri auténtica: Un tesoro protegido por Al Mulino

Las familias capreses De Turris y Viva regentan desde 2002 el hotel Al Mulino. Desde el primer día sentí como si Capri fuera nuestra. Antonietta Viva, la mamma, nos ha prestado la isla por una semana y la vamos a disfrutar al máximo. Este destino es único en el Mediterráneo: nada comparable con todas las que conozco (Cerdeña, Córcega, Elba, las Baleares y Canarias). Las vistas panorámicas sobre el Vesubio, los innumerables itinerarios, el canto de los pájaros, la sincera devoción católica de su pueblo y su rica cultura e historia me tienen fascinado. Lo mismo parece que le pasó a Graham Greene y otros célebres personajes de la historia desde la antigua república romana. Mariah Carey y a los Ferragamo que tienen villa en la isla.

He sabido que Capri es la isla del amor, la isla fantástica, uno de los destinos de vacaciones más chic del mundo, un refugio idílico, un oasis. Para descubrirla, cómo no iba a llevar a Eros conmigo. La Quintaescencia del Meditteráneo fue uno de los tantos lugares a los que acudía mi familia desde los años 50. Ellos formaron parte de la Dolce Vita, una época estupenda que luego se extendió a Roma. Se hospedaban en el Quisisana, el mejor hotel en aquel entonces pero como no aceptan perros no lo elegí. Por lo tanto, oía hablar de la isla de Capri en casa y ¡por fin la conoceré!

Para este viaje, como Eros ya mide 45 cm., busqué un nuevo transportín. Di con el mejor en Masco Boutique, tiene primeras marcas y lo último para mascotas en España (c/ Castelló, 45. +34 91 435 4630). Recibí asesoramiento de Maite López, su propietaria, y elegí el nuevo modelo de Sherpa. Ahora estoy tranquilo, Eros viajará como si fuera en primera clase.

Es lunes y hemos perdimos el vuelo, no me preocupa lo  más mínimo, por algo no tenía que ser y punto. Saldremos mañana hacia uno de los 158 destinos Vueling: Nápoles. Hicimos el embarque preferente y una conexión inmediata en Barcelona. Tan solo esperamos 15 minutos: ¡perfecto! Fuimos en taxi hasta el puerto, cobran suplementos por el perro y equipaje (20- 30€) pero en Nápoles prefiero no discutir, es la ciudad más peligrosa de Italia.

All images are under copyright © Christian Oliva-VélezLlegamos al puerto, parece haberse quedado en la Segunda Guerra Mundial. En una triste ventanilla compramos el billete del ferry (19€) para ir hasta Capri. Eros no paga. A mí me da lástima ver gente que trabaja aún en cuchitriles precarios como estos y más aún en Europa. Después de un total de nueve horas de viaje, conocimos a la anfitriona de Al Mulino, Antonietta. Regenta junto con sus hijas el hotel más encantador de la isla. Nos recibió en el muelle de la Marina Grande, la recepción no podía ser más dolce, es alegre, cariñosa y profesional.

Con su simpatía y la ternura de una mamma, hicimos el camino hasta Anacapri, la zona alta de la isla. Es además el segundo y único pueblo existente en Capri. Con los ojos bien abiertos y mirando hacia abajo, estamos en una carretera serpenteante y estrecha, con acantilados de 500 metros de altura sobre el Vesubio. Las vistas son impactantes.

Al llegar Al Mulino, me ofrecieron un rico café y una tarta de caprese de chocolate, almendras y lemoncello hecha por el abuelo de Simona, hija mayor y mano derecha de Antonietta. A Eros le esperaba un hueso de cuero en la habitación con una almohada blanca y bowls.

All images are under copyright © Christian Oliva-VélezMe gusta especialmente el suelo azul del hotel, es del color de la costa. Con esta sensación de frescura y sus cuadros costumbristas, de pincelada impresionista, lámparas de cerámica, terraza con solárium en mi habitación y con vistas al jardín, rodeado por plantas de mirto, el toldo amarillo limón, las vista al mar, calas, Wifi, la manta color naranja Hermès… La número 3 es fresca, cítrica: me encanta. Es el hotel ideal. Hablan italiano, castellano e inglés y además en 2016 inauguran la piscina. Ya tengo otra excusa más para regresar (HD 100- 320 €, tel.: +39 081 8382084, mulino@capri.it).

Salimos a pasear: Oi Madonna, quanto sei bella! Hay imágenes de vírgenes, santos y crucifijos por doquier. Los habitantes de la isla son católicos y muy devotos. San Antonio de Padua es el patrono de Anacapri, me emocionó saberlo. Tengo una reliquia del santo, un trozo de su manto, y hace décadas que está en mi mesa de noche. Además, llegamos a la isla el martes, por haber perdido el vuelo, uno de los “trece martes de San Antonio”. La festividad se celebra el 13 de junio con una procesión llena de flores.

Por lo pronto, con este misticismo y buen augurio, aunque hay temporal, yo me siento a gusto con la nueva colección de verano de Hackett (del grupo libanés M1). Estoy helado pero feliz. Eros va igual de contento con su collar rojo de Hunter. El perfume es sublime: hierbas, frutales, pinos y mar. Nos cruzamos con perros y gatos, niños jugando felices, motos y coches por callejuelas estrechas. Aquí hay lugar para todos, la camaradería está intrínseca y todo fluye aparentemente de forma natural como sucede en una bandada de pájaros.

Cogimos el autobús al Faro, al lado hay un zona para bañarse con escalera de acceso al mar. Desde allí se puede hacer una ruta de senderismo hasta la gruta azul, de varias horas, que dejo para otra ocasión. Regresamos a Anacapri donde visitamos la iglesia de San Michele (2€). Para poder entrar, llevé a Eros en brazos. El suelo de la chiesa es una obra de arte creada en mayólica y única en el mundo. Representa el Jardín del Edén (1761).

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Me puse mi fular de lino, que me regalaron los hermanos Pier Luigi y Sergio Loro Piana en Porto Cervo. Subí a la bicicleta eléctrica de Al Mulino y nos fuimos a Capri a comer. Hay que ser valiente por que la carretera es muy estrecha y transitada. Lo hicimos con calma. En el puerto revolotean gaviotas y los barcos anuncian su entrada o se despiden con sus bocinas. Nos fuimos hasta la terraza de JKitchen, que está en el hotel J.K. Place Capri (35€ comida/ cena 45€). La atmósfera es elegante y la cocina de Eduardo Estatico es deliciosa. En cuanto a las vistas: ¡increíbles!

Seguimos aprovechando el día. Dejamos la bicicleta en Al Mulino, descansamos y volvimos a salir. En la Plaza Diaz los niños juegan a la salida del colegio. Suenan las campanas de Santa Sofía. Es hora de cenar en Le Arcate, la trattoria y pizzeria de Michele. Al lado de la chimenea pruebo su fantástica cocina local: mejillones con salsa de tomates cherry, ravioles caseros de ricota y tiramisú con un vino de la región de Campaña (30€, arcade@capri.it, vía Tommaso De Tommaso, 24. Tel: +39 81 837 35 88). El ambiente es muy agradable. Regresamos mirando las estrellas y, desde una colina, la vista de Nápoles iluminada. Aún no me lo creo, estoy en Capri con Eros. Mi estado lo describe mejor la canción Luna Caprese de Peppino di Capri. Nos perdimos, algo que me divierte.

All images are under copyright © Christian Oliva-VélezLa oscuridad en las calles desangeladas invita a relajarse. De todos modos,  como llevo linterna y a Eros con un collar Led de Trixie, nos entretuvimos paseando en este laberinto hasta que dimos con el hotel. Nos despertamos al salir el sol. Silencio en Al Mulino. Paseamos por el jardín y la huerta. Todo esta florecido y los limones abundan, son parte del imperio del mar Tirreno. Tomo en ayunas un zumo exquisito de éste cítrico milagroso y varios pasteles caseros (pastaflora, tarta caprese) recién hechos por Fara, la mujer al frente de la cocina.

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En la Piazza Vittoria de Anacapri me encontré con un tesoro: “Claudia”, una tienda de objetos diseñados por ella. Su pasión por el mar y sus maravillas están presentes en innumerables objetos de deseo que son adquiridos en el mundo entero por hoteles de lujo (claudia@capri.it). En Il Solitario encontré una hamaca, en un jardín, donde tumbarme entre plato y plato con Eros, después de un par de lemoncellos hechos por Carmen Cappa, la dueña. Quedé aniquilado de placer (35€).

Me cambio. Vestido con los colores ideales para Capri, rojo y azul de Hackett, montamos en el autobús en dirección a Capri (euon viaggio 1,80€). Entré con Eros en la galería de arte contemporáneo Liquid art system de Franco Senesi (Vía V. Emanuele, 56). Me hice con el perfume de Capri en Carthusia, es una visita obligada. Creo que tienen el laboratorio más pequeño del mundo y la marca es un must. El best seller es Meditteraneo: la frescura de la hoja de limón acompaña a las chispeantes  notas de té verde, es dinámico y solar. También me llevo Carallium, un perfume espectacular para casa, sensual. Todos están compuestos de materias primas naturales de alta calidad. Por ejemplo, el romero lo recogen en el monte Solaro (el más alto de la isla).

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Continuamos hasta el Giardini di Augusto (1€). Merece la pena por las vistas que son un espectáculo. Las flores del lugar son bellisimas, no me extraña que Carthusia triunfe teniendo una isla perfumada de flores y hierbas irresistibles. Este vergel está justo al lado de Villa Krupp  —perteneció a uno de los tantos homosexuales que hicieron lo que quisieron en la isla—. En frente, mirando al mar, está el convento Certosa di San Giacomo, su arquitectura es muy espacial. La vista, con el sinuoso camino, es un espectáculo.

Paseando por vía Le Botteghe conozco a Francesco De Angelis, un gourmet de la isla. Regenta la tienda enoteca- gourmet y el restaurante La Capannina. Francesco selecciona novedades irresistibles para los paladares exquisitos. El restaurante de sus padres, Antonio y Aurelia, es muy acogedor. Está ambientado como una villa de Capri.

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Tomé un helado de pistacho en “Morgano”, un clásico, y seguimos. Hicimos 40 minutos de senderismo homérico hasta el Arco Naturale. Peñascos, flores, bosque y, de pronto, se abre una impactante ventana al mar. Me quedaría aquí y me pondría a pintar. A Eros también le atrajo, tanto es así que, se puso a dos patas sobre la barandilla y se quedó un rato contemplando esta maravilla de la naturaleza.

All images are under copyright © Christian Oliva-VélezComí en la terraza de Aurora Ristorante (Fuorlovado, 18).  También me ofrecieron pasar dentro con Eros pero la calle era más divertida. Según atestiguan las fotografías expuestas, por allí han pasado varias celebridades del mundo. Eros estaba muy inquieto y el postre lo dejé para después. Paseando, me tenté con los dulces de Annalisa, pasticcería y rosticceria, de la estrecha vía Parroco Canale 3 (1,20€). A Eros le compré agua al lado del Funicolare y se la serví mirando las fantásticas vistas rodeados de turistas, maravillados también al verlo a él. De regreso a Anacapri, en el autobús, es difícil no pensar “Oh Dios mío” cuando al dar las curvas pasamos rozando precipicios. De hecho se oye a los demás pasajeros exclamarlo en varios idiomas. Para hacer estos trayectos es imprescindible llevar transportín.

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En Anacapri encontré una librería con títulos muy tentadores y portadas maravillosas, La Conchiglia, es una editorial de Capri.  Me encantaron las cerámicas de Capri Shop. Pasé a conocer a Gennaro Tavassi, el segundo ceramista anacaprese más conocido, sus obras son auténticas. Él se inspira en las antiguas cerámicas de la región de Nápoles del periodo 600 al 800. En su tienda taller Ceramiche Tavassi se pueden adquirir piezas por 10€ hasta de miles de euros. El artesano realiza también piezas por encargo (vía G. Orlandi 129, ceramichetavassi@virgilio.it). Esta tradición artesanal tiende a desaparecer). De hecho, en su familia él es el único que se dedica a ello.

Lo que más me entusiasma hacer son las obras de grandes dimensiones, en ellas puedo permitirme expresar toda mi pasión. Gennaro Tavassi.

Hoy hemos paseado todo el día y he preferido cenar en la habitación. Me permití un lujo, jamás pido una pizza en casa, pero como estoy en Italia Al Mulino me concedió el deseo. En pocos minutos, Mariana llamó a mi puerta con una fantástica pizza margarita de Al Buco (vía Tommaso de Tommaso, 32. +39 081 837 19 70): ¡está espectacular! Eros cenó su plato de ciervo de Natures Menu y salimos a pasear por el barrio. Años atrás los perros en Anacapri iban sueltos, ahora no es posible ni aconsejable porque circulan más vehículos.

Visité con Eros la Villa San Michele de Axel Munthe. Es un lugar para el alma, un remedio para todos los males. El médico y escritor suizo fue una amante de los animales e íntimo amigo de la reina Victoria de Suiza. La vista del Golfo de Nápoles y de la Península Sorrentina es única, en gran parte por la belleza de su jardín (en 2014 fue nombrado “Il Parco Più Bello d’Italia”) y sus obras arqueológicas. Compré su reconocido romance “La historia de San Michele”, la obra se ha traducido a 45 lenguas; es otro de los libros que estoy leyendo. El canto de las aves de Capri captura la atención de Eros. Se puso muy contento al oírlo en la grabación del museo y me hice con el CD: Falgar pa San Michele (20€). Munthe protegió a las aves migratorias y creó la reserva del Monte Barbarossa. A mediados de abril hasta principios de mayo se celebra allí un importante encuentro ornitológico. Liberan pájaros y acuden ornitólogos del mundo entero.

Debajo del reloj de Santa Sofía, en Anacapri, tenía reservada una mesa al sol en L´Angolo del Gusto, un restaurante sin estridencias y una atención personalizada muy agradable ofrecida por Fernando y su familia (35€, vía Boffe 2, + 39 81 8373467).

Después de un lemocello estoy renovado y listo para emprender con Eros la ruta Vía Migliara. En un recorrido de dos horas, escuchamos el canto de los gallos, el ladrido de los perros. A la derecha, nos acompañó el mar y el perfume de las flores y los frutales, que no se disipaba. Subimos unas escaleras. Eros está lleno de energía. Lo sigo por un sendero, estamos solos. Precipicios y el mar azul característico de Capri. Entramos en el Parque Filosófico, uno de los mejores rincones para la vida contemplativa. En las piedras hay cerámicas con texto filosóficos desde Seneca a Kant. Es un paseo para hacerlo con calma. A pocos metros, llegamos al mirador de Belvedere Della Migliara. Tumbados al sol, por primera vez oímos el ruido de las alas de las gaviotas que planeaban a poca distancia de nosotros. A los dos nos llamó la atención. Nos acompañaron unas lagartijas verdes. Cierro  los ojos y grabo este momento inolvidable.

Al regresar, la naturaleza nos invitó a un concierto de pájaros. Me quedé fascinado con la virgen ubicada en el bosque. La admiré por unos minutos.  Paramos a tomar agua en Da Gelsomina, este restaurante tiene muy buena pinta y piscina, su ubicación es increíble.  Volví a cenar en El Arcate, ya eramos habitués. El personal salió a recibirnos. Pipo, el chef, me preparó unos spaguetti a la vongole en el punto perfecto, y sabrosos, acompañado de un vino de Campaña. Eros me mira con súplica, demasiados olores tentadores. Pagué y dimos un agradable paseo hasta Al Mulino bajo las estrellas.

A la mañana siguiente, la señora Fara me preparó una pastaflora, su sabor me lleva a casa. Le dije “Usted es una mujer pericolosa”, con ella engordaría seguro. Quiero vivir la experiencia del jardín a la mesa y salimos con ella a coger limones para mi zumo. No se arrancan, hay que hacerlos girar hasta que se desprenden. El perfume de estos óvalos de Sorrento es delicioso. Después de la colazzione (desayuno), paseamos por el jardín. Esperamos en la carretera el autobús para ir hasta la gruta Azurra, se puede ir andando perfectamente. Al llegar, nos esperaba una flota de barcas. Pagamos en la caja flotante 13€ para acceder a la Grotta Azzura, el segundo museo más rentable de Italia. Nos recostamos para no darnos en la cabeza con las rocas y pasamos dentro. Increíble. Viendo esta maravilla no me extraña que fuera la piscina privada de Tiberio, que tenía un acceso directo desde Villa di Damecuta (lunes cerrado, 10-12 y 16-19), otra de las residencias de Emperador. Eros quería tirarse al agua. Yo también, pero no era el momento indicado.

Volvimos al centro histórico de Anacapri. En la piazzeta cogimos la telesilla. Subimos hasta el Monte Solaro. Llevo bermudas y un abrigo porque aquí hace frío. ¡Qué vista maravillosa! Veo el pueblo, el Golfo de Nápoles y sus islas, hombres trabajando la tierra, animales de corral, flores, limones y naranjas. Solo se oyen gallos y pájaros. Este programa puede ser muy turístico pero es un clásico. En estas sillas se sentó por ejemplo Jackeline Onassis. También se puede hacer a pie.

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Al llegar: Tiberio en piedra y los Farallones. Estar ante tanta belleza invita al silencio y a disparar fotos a discreción. Me imagino a los soldados romanos apostados en sus colinas. De camino a la iglesia de Santa María a Cetrella, nos topamos con una culebra negra como el ónix ¿será el espíritu de Tiberio? Eros pasó a su lado, a mí me esperó, cruzamos miradas y salió disparada a toda velocidad, no creo que un Ferrari pudiera superarla. Me impactó tanto que no la olvidaré.

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Ahora, cierra tus ojos: porque todo
esto lo deberíamos guardar
en nuestra oscuridad, en nuestra gloria,… Rainer Maria Rilke.

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Llegamos al templo de la Signora di tutti i Popoli, venerada por todos y por Rainer Maria Rilke, un poeta que enamoraba a las mujeres de la nobleza. Es un santuario del silencio. Nos recibieron tres voluntarios. Tomo un café con ellos en la cocina. Me lo sirve el chef del hotel Quisisana. Ahora él solo cocina para el dueño y su familia pero lo hizo desde los años 50 para los huéspedes. Al  menos disfrute de su café. El agua es el secreto, la recogen de lluvia. Visitamos la habitación del párroco, tiene una de las vistas más bonitas del mundo. Como Eros también quiere verla, lo subo a una silla, y se asomó. Los dos estamos emocionados.

Repetí restaurante, L´Angolo del gusto. Me siento en una mesa al sol, solo tienen seis mesas en la calle debajo del reloj de la iglesia. Recibo de la familia que lo regenta una atención personaliza y a Eros le ponen agua. Su cocina es rica. Por todo esto regreso. Hoy pido un plato fuera de la carta y un vino afrutado de Sicilia. Mi banquete despertó el deseo de los demás y pidieron lo mismo. Después de una tarta capresse de limón, lemocello y expresso de rigor, volvimos Al Mulino. El camino está lleno de ginestras, una flor amarilla que a fin de mayo cubre el Monte Solaro. Ahora la veo mucho en los jardines y muros de piedra. Como ya vamos conociendo a la gente de Anacapri, al cruzarnos, saludamos y conversamos. Estoy tomando sol en la terraza mientras Eros juega con un limón en el jardín, se lo esta comiendo, me dicen que es el único perro que conocen que lo haga. Será tal vez por qué todos los días me ve disfrutar de los limones.

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El sol se ha puesto. Leo Capri in Fiore, es un paseo botánico por la isla. Hicimos todas las rutas salvo las de mañana. He quedado a las 08:15 en la piazzeta de la Vitoria para hacer senderismo con amigos de la isla. Iremos a Villa Jovis y luego haremos una visita privada a otra villa. Parece que vale la pena por las vistas. El acceso lo consiguió un embajador. Por lo tanto, haré un esfuerzo y madrugaremos:  ¡no puedo perdérmelo!

All images are under copyright © Christian Oliva-VélezAl final fuimos por nuestra cuenta. Cogimos el autobús hasta Capri y luego el funicular. En una hora estábamos pisando la villa del Emperador Tiberio, Villa Jovis. El trayecto a pie hasta la cumbre es de 2 km. y el panorama es bellísimo (entrada, 2 €). Bosque, precipicios y vistas al mar de 360º. Su ubicación es estratégica, desde allí este tirano controlaba el Imperio Romano y cuenta que arrojaba al vacío a las mujeres y hombres que ya no le servían. Con libertad absoluta, subí a Eros a una de las cuatros columnas romanas del vestíbulo y le tomé una foto. Dejando un poco de felicidad en el lugar, donde siglos atrás escaseaba la libertad y reinaba el libertinaje, pasamos por la pequeña iglesia medieval de S. María del Socorro y nos fuimos a comer a la Marina Grande de Capri.

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Me apasionan las librerías y sus tesoros. Por la tarde, me espera Ausilia Veneruso y Ricardo Esposito en la editorial caprese, La Conchiglia. Conocí de primera mano su historia y me llevé su nueva obra Capri 1950 Vita Dolce Vita. Los dos conocen toda la historia social y cultural de la isla mejor que nadie. Han creado un rico catálogo de cientos de títulos que se venden en las mejores librerías del mundo. Ausilia es desde los años 80´ “la señora del libro”. Fue muy revelador hacer este viaje, además de la parte sentimental. Me gustó saber que realmente la Dolce Vita nació en Capri. Años después la inmortalizó Fellini en Roma.

Descubrí la boutique La Parisienne, un clásico. De aquí salen los originales pantalones Capri, inspirados en los pantalones de pescador y que es un icono de la moda. Jaqueline Onassis los compraba todos los años (2 blancos y 2 negros), Audrey Hepburn y mi abuela, entre otras mujeres, que no dudaban en hacerse con estos caprichos de Capri. Probé unas pastas típicas en la pasticceria de Annalisa (via Parroco Canale, 3) y regresamos a Anacapri renovados.

All images are under copyright © Christian Oliva-VélezEsta noche aposté por una nueva experiencia en Il Boccone. Gianluca y Francesco tiene una carta de vinos y platos regionales excepcionales. Gianluca habla perfectamente el castellano, está casado con una argentina y es encantador. Disfruté tanto que apunté una receta para hacer en casa de pasta a la putanesca. El ambiente es de gente local y durante el festival de cine Capri Hollywood acuden actores internacionales (Piazza Caprile, 1. + 081 837 1665).

A la mañana siguiente salimos en lancha desde Marina Grande. El paseo en lancha, para dos personas y por una vuelta a la isla (2h 30 min) cuesta 140- 150€ y todo el día 300- 350€. Se puede parar en playas de piedras pequeñas a las que solo se accede por mar. Este es el mejor programa para hacer en verano. Al atracar, me fui a merendar a la pasticerria La Vela. Está justo al final del puerto. Hacen lo pasteles más ricos, los locales y barcos hacen allí sus encargos.

Después de llevar una semana en Capri. Aun nos quedan lugares por visitar como la Villa Lysis del osado barón Jacques Fersen, la fortaleza medieval… Por lo pronto, hoy nos hicimos unas fotos con parte la familia de Al Mulino. En esta semana los dos hicimos nuevos amigos. Nos despedimos rápidamente y nos fuimos a Capri en el único taxi de la Dolce Vita que queda en la isla. Se trata de un Fiat 1500 modelo Presidencial. Descapotados llegamos al puerto. Cómo nos íbamos a marchar sin despedirnos de la isla. Subimos a una lancha, yo con mi sombrero Mónaco Lock & Co. Hatters.  Es el día más lindo de la semana, 20 grados. “La mar estaba serena…”.  Nos hubiéramos tirado al agua pero sin ducharme no me gusta volar y Eros hubiera cogido un olor poco agradable para el resto de los pasajeros de Vueling.

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Como no quería irme de Capri como un fugitivo, me lo tomé con mucha calma. Perdimos el ferry, nos dejo en tierra, estaba partiendo cuando llegamos al muelle. No pasa nada. En una hora viene otro así que seguimos disfrutando. De regreso a Nápoles en aliscafo (19€- 30 min.) Eros me pidió subirse a la ventana. Parece que él tampoco quiere dejar la luz y el color del Vesubio. Llegamos al puerto y en un taxi fuimos al aeropuerto internacional de Nápoles (25- 30€). Facturamos sin esperar y salimos a pasear, así Eros hacía sus necesidades. Embarcamos en el A 320 de Vueling de regreso a Madrid vía Barcelona.

Al abrir la puerta de casa, Eros revisa toda la casa con su olfato. Salimos a pasear. La gran manada que formamos en el parque lo notamos cambiado. Está extraño, no saludó ni quiere jugar con sus amigos. Recién al día siguiente volvió a ser el mismo de siempre, equilibrado. Jugó con otros perros y saludó a todos los padres.

Eros ha estado en Capri conmigo, aún no me lo creo. Estoy convencido de que la isla es un capricho de Dios.

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Capri c’ ést fini. Hervé Vilard.