The Oitavos: Protector del Planeta

En THE OITAVOS con alpargatas GIOSEPPO, pantalón y camisa RALPH LAUREN, gafas GUCCI y reloj MONTBLANC.

Una fortuna de luz natural es la anfitriona del reino que nos acoge por estos días. Veo pinos y el Atlántico. Paz absoluta. Estamos en el Parque Natural Sintra- Cascais. Nos espera The Oitavos, uno de los mejores hoteles de Europa.

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THE OITAVOS, escultura de José Anahory.

The Oitavos brilla, es modernidad absoluta, obra de José Anahory, arquitecto, escultor y pintor (como mi padre). Su trabajo está presente además en la decoración y obras de arte. En lugar preeminente, una mujer de dimensión mitológica y simpática nos da la bienvenida sobre una plataforma circular. Eros parece entenderla y se acerca a saludarla moviendo el rabo.

¿Estoy en una fashion runway? Es la más inmensa que he visto. Este show acaba de empezar. Lo del fondo no son flashes de los paparazzi, sino algo más apetecible. Es una luz poderosa y amable: ¡qué excitante! Antes de hacer el recorrido, mejor subamos a dejar el equipaje. Me siento un gigante. ¿Eros sentirá lo mismo? En segundos, creo que he captado el mensaje del arquitecto. Aquí se disfruta como en el Olimpo.

Ni Gulliver hubiera imaginado un viaje como este. Cuenta con todos los avances tecnológicos y los espacios son generosos. En su construcción, con planta en forma de Y, ofrece más metros cuadrados por euro cobrado a cada cliente que ningún otro en Europa. Su estructura está revestida de vidrio y adquiere el color del cielo que se refleja en ella. Los suelos son de resina epoxi en color azul cobalto, un tono muy acertado. Aquí el resplandor esta asegurado. El clima es estupendo, Portugal tiene 3.000 horas de sol al año. El hotel respeta el medioambiente y colabora en la preservación de este paraje protegido por la Unesco.

Dónde estará San Pedro. Estar aquí es estar en el Cielo. Una paleta de azules se presenta luminosa: los ventanales, la piscina, el Océano se unen en mi retina. Nos tocó la suite 150, de las 142 que tiene el hotel, una de las seis más importantes. La habitación es un espacio diáfano de grandes dimensiones arropado por luminosos ventanales. En todas sus habitaciones habita una corte de silencio y vistas: ¡espectaculares!

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Eros jugando con su KONG en nuestra suite de THE OITAVOS.

Con la mirada renovada, descubro entonces que The Oitavos es un templo que rinde tributo a la estética de la luz y donde reside la buena vida. Soy un apasionado de la luz. Por eso, a los cinco años, empecé a amarla con mi pincel y colores en un estilo impresionista y ahora la capturo con mi cámara. Otros, como el Abad de Suger,  impulsor de la transición del románico al gótico en Francia, brindó luz a la oscuridad, abrió las ventanas para dejar entrar a Dios, a la luz divina, y aquí su concepto se ha enaltecido a la máxima expresión. The Oitavos es otro sueño cumplido de Carlos Montez Champalimaud, un visionario. Él, su mujer, que siempre está a su lado, y sus cuatro hijos son quienes tienen las puertas del Cielo en Portugal.

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THE OITAVOS.

La vida es una lucha, y a mí me gusta luchar. António de Sommer Champalimaud.

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Paseando por la Quinta da Marinha.

Después de dar un paseo muy agradable por el exclusivo complejo residencial y turístico de la Quinta da Marinha, el territorio de la familia Champalimaud donde tienen este hotel, salimos hacia Sintra. Pasamos por la playa de Guincho, hasta aquí llega una bici senda fantástica. Me impresionó el Cabo de Roca, es el punto más Occidental de Europa. Hicimos un poco de senderismo bordeando la costa a 150 m de altura. En el faro, el encuentro de la costa y el Océano es impactante.  Sentí un poco de miedo.

Estamos en Sintra. A Lord Byron parece que le apasionó y yo siento que en otra vida también viví aquí. Aunque no recuerdo haber estado durante el Grand Tour, cuando vengo, todo me resulta familiar, hasta el sabor de las queijadas de la Fabrica das Verdadeiras Queijadas da Sapa (0,85€). Tomamos el aperitivo en la terraza de Dona Maria, tiene las mejores vistas (20€, Largo Ferreira de Castro, 3, +351 964 618 607). En Sintra no se admiten perros en los interiores, sí, en cambio, en los medios de transporte público siempre que vayan en transportín o lleven bozal.

 ¡Oh!, el edén glorioso de Sintra se mezcla en un abigarrado laberinto de monte y cañada. Las peregrinaciones de Childe Harold, Lord Byron.

Comí en la Praia da Adraga, en el único restaurante mientras Eros jugaba solo en la playa. A pesar de que el lugar es muy sencillo, la calidad de su materia prima y la respetuosa cocción son: ¡admirables! Además de los mariscos y su sabrosa salsa, la lubina salvaje, pescada en su costa, es la mantequilla más sabrosa que recuerdo haber probado. El vino verde me tiene como a Toulouse Loutrec. Me siento como si hubiera tomado ajenjo (40€ p/p, Praia da Adraga, Sintra, +351 219 280 028). ¿Será el sol o el cansancio? Hemos madrugado mucho para llegar hasta aquí. En cada playa que paramos Eros corre feliz. En Guincho, un socorrista nos echó. Los perros no suelen ser bienvenidos en la playa de abril hasta septiembre salvo en la playas de roca. Yo no lo sabía ni había visto el cartel de prohibido perros.

Es un placer estar aquí. A última hora tengo una cita en The Spa: me lo merezco. Y, en este espacio de balneoterapia, como es natural no están permitidos los perros. Tampoco el acceso a menores de 16 años, lo cual es de agradecer. En una de las 10 cabinas con vistas, me dan un masaje estupendo con un aceite esencial de Voya, firma orgánica revolucionaria e irlandesa. Habiendo recibido todo el poder de las algas, de la costa atlántica de Strandhill, y en su forma más pura, continúo relajándome en el baño turco. El espacio es rosa y gris, una combinación trendy. Contemplo la naturaleza mirando a través de una pared vidriada. ¡Qué placer! Mis tensiones se derriten como hielos al sol, se han evaporado. Me olvido de todo. Los jets de la piscina con agua de mar me dejan de cama. Creo que pasaré por aquí todos los días.

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Paseando por el club OITAVOS DUNES.

Liviano, envuelto en un albornoz, un ascensor me lleva casi directo hasta a mi puerta. Al entrar, Eros me hace una fiesta de recibimiento. Los que tenemos perro sabemos que este es un momento de alegría incomparable. Al acto, nos fuimos a dar una vuelta. Él saludó a todos los golfistas. Corrió como loco, esto lo hace solo cuando viajamos. Disfruta y me hace reír mucho, de la alegría que me da verlo así de contento: ¡cada día lo quiero más!

El atardecer marca el ritmo de mi habitación, mientras me ducho con Aromathepary miro el ocaso. Sin ataduras, bajo a experimentar nuevas sensaciones en Ipsylon, uno de los cinco restaurantes del hotel. A continuación, les acerco el mood de la cocina en de The Oitavos.

Mientras tanto, voy a ver la carta con las propuesta del chef Cyrill Devilliers y los postres del pastry sous chef, Joaquim de Sousa. Ya he elegido.

En mi mesa: Cotto de Douro, uno de los vinos de la familia Champalimaud, que elegí con un iPad, ragú de ostras, pescado, todo acompañado de verduras de la huerta, y el famoso postre de chocolate The surprise flower (el video de este postre cuenta ya con 8 millones de visualizaciones).

Dentro estamos protegidos pero debemos salir a dar un paseo. El viento es fuerte y hace frío. Regresamos a los quince minutos. Dejo las cortinas abiertas. Me encanta que me despierte el sol. En The Oitavos no se desperdicia ni un minuto del día, todo es perfecto, como la maquinaria de mi Montblanc, y apetece disfrutarlo al máximo. Viendo la hora, más vale que me duerma. Cuelgo en la puerta el pedido de desayuno, a la carta, y me pongo a leer al poeta de la naturaleza, Fernando Pessoa.

Momento en que uno comprende tener un alma. Ser habitado por ella. No se sabe bien si su anfitrión o su huésped. Pero está con uno. Ahí. En algún lugar. En la certeza de existir que habita el cuerpo. Fernando Pessoa.

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Desayuno en mi suite THE OITAVOS.

Me levanto con Eros, sumergidos en algodón portugués. ¡Aquí está! Lo sabía, algo divino tenía que haber por aquí. Las sabanas son de Sam Pedro, el mejor algodón. Me siento casi como un ángel. Desayuno en la habitación mirando el Océano Atlántico embravecido mientras escucho a Tristán e Isolda de Richard Wagner. Salimos a nuestra terraza, siento que el cuerpo se me ilumina. El pelo de mi perro brilla, está guapísimo.

Eros y yo recorrimos el campo de golf por senderos que parecen vírgenes, el hotel los mantiene muy bien cuidados. Llegamos hasta The Forte. Esta villa de The Oitavos mantiene su estructura original de hierro. Fue un fuerte que estaba cuando aquí no había nada. Aislado de la civilización pero con todas las comodidades, cuenta con el servicio exclusivo de un butler, cocina para disfrutarla y afuera: una piscina con agua de mar, las dunas, el Océano, vistas al Palacio da Pena y, por la noche, solo las estrellas. La próxima vez elegiré The Forte.

 

En el Club House del Oitavos Dunes la luz es alegre. Están los golfistas comentando su juego. Hay una tienda increíble de golf pero no puedo pasar con Eros. De todas formas, no es una actividad que me entusiasme. Me siento a comer en Verbasco, su restaurante y bar. La mesa es de madera, su tono grisáceo y el tacto pulido prometen un bello banquete Portugués. A Eros le colocaron un bowl con agua. Comí unas almejas a la marinera y un cantaril (pescado de la zona) con arroz y verduras. Lo acompañé con una copa de vino del Douro. Me encantó.

Como si nada, ahora me voy a montar a caballo. Soy libre. Galopando la sensación de libertad es más poderosa. Tengo curiosidad por conocer el Centro Hípico de Quinta da Marinha, dicen que es el más importante de Portugal, también propiedad de los Champalimaud. En sus cuadras se alojan los ejemplares de los aficionados más importantes del país, tienen 250 caballos. Devuelvo el que me prestaron, se ha portado muy bien, para que lo limpien y descanse como un rey.

Después del agradable paseo a caballo, me relajé en el hamman antes de la cena. Estoy sentado en unos de los tantos salones. La música es maravillosa. Todos bajan arreglados para cenar, algunos será por costumbre, como yo, y otros motivados por la pasarela. Por la razón que sea, el ambiente es estupendo, glamuroso. Al fondo veo venir hacia aquí una mujer estupenda, intuí que era la persona que esperaba.

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Pureza Champalimaud en el lounge THE OITAVOS.

Pureza Champalimaud, la hija del propietario del territorio más codiciado de Portugal, es la cuarta generación que comparte este paraíso con el mundo. La espero de pie. Tomando una copa antes de cenar, Pureza me dio a conocer al artista Camané y otros que desconocía. Cenamos japonés en el Japanese bar. Ella está al frente del departamento de marketing y Miguel, uno de sus cuatro hermanos, es el director general, es el más pequeño (33 años) y es el CEO de la compañía. La hermana menor lleva la tienda del hotel donde hay una cuidada selección de prensa, jabones de Claus Porto, vinos, ropa y accesorios de moda estupendos. El sushi es insuperable, más fresco imposible. Hablamos de todo un poco. Aunque pasa el día en su hotel, el hogar de familiar es la casa que tienen en el viñedo del Douro, la única propiedad reservada para ellos. Por su trabajo, vive viajando y solo la disfruta una vez al año. Hablando de música, durante el verano, dos veces al mes y los sábados, al atardecer hay música en vivo de artistas emergentes como Joana Lobo Anta. Además, The Oitavos es el hotel oficial del LISB-ON. Por lo que me ha contado, es el festival mejor montado y divertido del país. Se celebra en el Jardim Sonoro de Lisboa (5- 6 de septiembre), que según la CNN, es la ciudad más cool de Europa (package: 205€ noche, 1 almuerzo y 2 entradas para un día del festival o los dos días, 410€). Además 1€ de cada entrada será destinado a Casa dos Animais de Lisboa. Fue una cena muy agradable, nos divertimos.

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En OITAVOS DUNES con gorra, camisa y bermudas HACKETT, cinturón TOMMY HILFIGER y zapatillas SWIM.

Esta mañana tuve mi clase de golf. Elegí un total look de Hackett. Di unos golpes en Oitavos Dunes, uno de los 100 mejores campos de golf del mundo. La calma se adueñó de mí, dicen que este deporte es adictivo pero a mí no me atrae lo suficiente. Llegan en helicóptero algunos golfistas. Son miembros de este club deportistas de 35 nacionalidades. Volvimos al hotel en el boggie. En la piscina, me quedé solo con el bañador de topos de Gant y cubierto de sol. Eros está debajo de mi tumbona con un vaso de agua mineral.

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Expreso DELTA Diamante, pasteles de nata recién hechos y mis GUCCI en THE OITAVOS, restaurante South.

Me espera una mesa en la terraza del Atlântico Pool Bar, situado a pocos pasos de donde estamos. Como Poseidón está cortejando a Hestia, el apetito a frutos de mar se hace presente. La brisa del Océano me seduce. Disfruté de media docena de ostras 4 estaciones del Río Sacho (Setubal) y una langosta azul a la plancha. Semejante banquete del Atlántico lo bañé con burbujas de Tattinger con hielo. Después de un expreso con dos pasteles de nata, recién horneados, creo que estoy listo para mi clase de surf.  El neopreno no perdona pero me siento muy a gusto.

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Carcavelos Beach.
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En Carcavelos Beach durante mi clase en LX Surf Camp School.

Un conductor de la LX Surf Camp School me vino a recoger (incl. en el precio de la clase (medio día, 45€). En la Costa de Estoril el surf es un clásico muy apreciado en Europa. El agua es bastante salada para mí, igualmente, me gusta porque me he afeitado esta mañana y siento las bondades que le aportan a mi piel. Durante la clase, aprendí poco y nada. Según el profesor, podría llegar a defenderme con diez clases de una hora y media (150€). No me lo creo.

Volvimos a The Oitavos. La mujer nos recibe siempre con su sonrisa. Ahora creo saber quién es. Es Hestia, la vestal de la cocina, la arquitectura, el hogar: ¡es maravillosa! En la antigüedad, los templos de esta diosa eran de planta circular. En esta representación ella va desnuda.

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THE OITAVOS desde el campo de OITAVOS DUNES.
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Cyrill Devilliers, chef del hotel THE OITAVOS.

Recorrimos gran parte del campo de golf hasta ver el Palacio da Pena en lo alto de las montañas de Sintra. Dan ganas de seguir. Estamos solos, es maravilloso. Eros corre como si fuera la primera vez que disfruta de la naturaleza. No hay golfistas, los conejitos que veo lo están pasando en grande. Este es nuestro último atardecer aquí. Hoy cenaré con amigos en Ipsylon, el mismo de ayer y que dirige Cyrill Devilliers (39 años). El chef nació en Normandía y ha trabajado con grandes como Michel Guérard y Joaquín Koerper (El Girasol). Veintidós personas de equipo y desde sus dos inmensas cocinas llega a la mesa Le diner du Chef .

Grupos de hombres o de mujeres, familias y parejas de todo tipo se dan cita en The Oitavos. Como ellos, me entrego a los placeres de la buena mesa. Calamar, sal y pimienta de Namibia (www.caperherb.com). Antiguos sabores que trae una cataplana y frutas de estación me colman de felicidad (p/p 45€). Lo que más me gusta de su cocina es que respeta los alimentos y los manipula poco. Esto requiere de una gran ejecución técnica culinaria y de amor. De hecho, durante gran parte de la jornada, trabajan con luz natural gracias a una inmensa pared de vidrio donde las dunas, la vegetación y el cielo los acompañan. Eros me espera en la habitación, no quiero entretenerme.

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Eros subiendo por las dunas del OITAVOS DUNES.

Estrellas, cómo me gustan. El viento del Norte parece que se ha marchado, otras noches me heló. Todo está iluminado con buen gusto, respetando el protagonismo que tienen las estrellas. Es un auténtico placer hacer estos paseos nocturnos por aquí, no me iría hasta que saliera el sol: ¡me fascina la noche The Oitavos!

Empezamos un nuevo día, nada más y nada menos que en la costa de Estoril. Abro uno de los ventanales. La luz me acaricia. Después de desayunar, nos perdimos por este esplendor verde diseñado por el arquitecto paisajista Arthur Hills. Hace calor. La sombra de los pinos nos regala brisa: ¡qué agradable! Su perfume me atrapa. Oigo crujir a las piñas, antes de precipitarse al suelo parece que se están quemando en una chimenea. Eros coge las más grandes y se va con ellas encantado. Para él será como encontrarse con miles de Kong y crujientes. Estamos en un sendero mágico porque ninguna me dio en la cabeza.

Eros, cada vez que nos cruzamos con un grupo de golfistas, saluda a todos. Se ha tomado muy en serio los buenos modales que le he enseñado, bien. Ellos también están jugando con pelotas y lo que hacen a él le parece de lo más divertido.

Mientras los demás huéspedes disfrutan en la infinitypool de agua salada y después de una estancia terapéutica, toca hacer el check-out. Compro unos jabones de verbena y nos despedimos del la diosa, espero algún día saber si su autor, José Anahory, se inspiró o no en Hestia. Con este perfume, nos marchamos conduciendo un Maserati Ghibli blanco, que trajo André Caldeira de Tridente y a petición del concierge, hasta Lisboa (20 min).

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Saliendo de THE OITAVOS abordo del MASERATI Ghibli.

Ha surgido un nuevo enigma. Aunque no voy montado sobre una concha, llevo el símbolo de Poseidón, un tridente, sobre 275 caballos de vapor. Parece que tengo un salvoconducto para volver cuando quiera a esta mansión divina. Abstraído, como si fuera dentro de una caja de seguridad y, ligero, como si estuviera viajando en una nube a alta velocidad, llegamos al aeropuerto.

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Llegada al aeropuerto de Lisboa con el MASERATI Ghibli.

 Ya estoy pensando y haciendo planes para regresar a Portugal, cada vez me gusta más. El festival LISB-ON, no quiero perdérmelo. Mejor me entrego al presente que aún sigo aquí.

Intuyo que a Eros su existencia no le ha pesado desde que lo protejo. Al menos yo he sentido algo similar hospedándome en The Oitavos. De lo que sí estoy seguro es de que el Cielo existe porque lo he visto y esta ON. Ahora, a volar con Eros y en cabina abordo de un avión con destino a nuestra morada. ¿Cuál será nuestro próximo viaje juntos? Aun no le sé. De lo que sí estoy seguro es de que a The Oitavos volveremos.

DOG friendly tips: Hotel THE OITAVOS www.theoitavos.com (suite nº 150, HD 350 € y, las demás, 155€ a 1.095€). Traslado aeropuerto disponible bajo petición. Reservations@theoitavos.com