Cómo se ve el mundo desde la mente de un perro

Alexandra Horowitz @DogUmwelt

Alexandra Horowitz  resuelve este laberinto en su libro “En la mente de un perro. Lo que los perros ven, huelen y saben”.

Alexandra Horowitz, psicóloga cognitiva y vive en Nueva York, lleva años trabajando con animales. A través de las páginas de su libro, se introduce en la mente de un perro y nos explica qué ve, huele, siente… Y las conclusiones son en muchos casos sorprendentes. Con él, promueve el trato digno a nuestros mejores amigos. Deconstruye los antropomorfismos. Este título ha sido editado por segunda vez este año y lleva 63 semanas siendo un best seller en la lista de The New Yorker.  Es un imprescindible para los amantes de los perros. La profesora Alexandra Horowitz lo presenta en el siguiente vídeo.

Este fascinante ensayo nos explica qué es el Umwelt (el punto de olfato del perro), por qué un perro siente el impulso irrefrenable de perseguir a un ciclista, cómo es capaz de oler no sólo la comida sino también la tristeza de los humanos e incluso el paso del tiempo, qué significan los lametones que nos dan… En definitiva, cómo se ve el mundo desde la mente de un perro.

Los perros ven el mundo más rápido que nosotros pero lo que realmente hacen es ver un poco más del mundo en cada segundo. Alexandra Horowitz @DogUmwelt

Edición en inglés.

La profesora explica que el perro es de la especie Canis lupus familiaris, la última parte de este nombre indica su familiaridad con su familia extendida, los seres humanos. Es un animal domesticado, palabra cuya raíz latina significa de pertenecer a la casa. Asimismo, leo que los lobos y los perros comparten un 99,66% de su ADN, igualmente, hay muchas diferencias entre ellos. Viendo el mundo desde la perspectiva del perro, tal como él lo ve, Horowitz afirma que lo que más le atrae al perro es oler el mundo. Es más, a diferencia del zorro, este cuadrúpedo omnívoro mira a los ojos de los humanos —como lo hace la ilustración del perro que está presente en mi logo—. Confirma muchas de las cosas que sabemos los que pasamos el día en compañía de nuestro mejor amigo de cuatro patas. Eros me observa, conoce mis movimientos y comportamientos. Nuestros ojos se encuentran siempre. Ahora, leyendo a Horowitz, descubro que me inspecciona para obtener información, para tranquilizarse, para recibir orientación. Lo que más le emociona es cuando preparo la maleta, sabe que nos esperan nuevas aventuras juntos.

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Eros.

Eros reconoce los ruidos y olores de nuestro edificio, del barrio, de la Casa de Campo, del Aeropuerto T4 y sabe cuál es nuestro hotel y suite donde nos hospedamos. Huele a mis amigos y familiares antes de que toquen el timbre. Cuando vamos paseando, reconoce sus coches, puertas de los portales en donde viven. Hasta donde se esconde una liebre que vio de cerca un día o dónde está la burra blanca de una finca en Andalucía. Aún me asombra pero, con un año y cinco meses, Eros conoce a la perfección mi estilo de vida, nuestro mundo y el nuevo mundo lo capta enseguida. Es más, Eros sabe que tiene que orinar antes de embarcar y cuándo debe meterse en el transportín. Ante un ruido, él reacciona antes que yo. Se anticipa. Entre otras cosas, la doctora confirma con su investigación que el perro ha evolucionado y que estas criaturas no humanas poseen una gran sensibilidad al contacto visual. 

Los perros tienen una mejor visión panorámica, de alta calidad, y más periférica que la de los humanos. Alexandra Horowitz.

Nueva edición en castellano de RBA Libros, traducción de Roc Filella Escolà.

En cuanto al diálogo, Horowitz afirma que los perros entienden las entonaciones y no significados. Compruebo con Eros que el aprendizaje en positivo es bien recibido. Está aprendiendo a reconocer cuáles conductas son recompensadas y cuáles no conducen a ningún resultado. Los lametones me dicen que me quiere. Y lo que descubre la doctora es que los perros perciben el paso del tiempo.  Este conocimiento es muy revelador, antes se pensaba que no era así. Por lo tanto, a la hora de dejarlos solos, recomienda dejar la casa con luces encendidas, ropa nuestra y sus juguetes preferidos para que ellos puedan entretenerse. Añado, cuando me voy, al mío siempre le entrego un premio. He comprobado que así el momento de la separación parece menos traumático. De hecho, cuando estamos en un hotel y yo tengo algo que hacer pero no puedo llevarlo conmigo, jamás ha ladrado, llorado o arañado puertas.

Los perros tienen una sorprendente forma de demostrar su afecto, la de lamer la mano o la cara de sus amos. Charles Darwin.

Por último, nos recuerda que no hay que olvidar que el perro no nace con la lección aprendida. Hay que enseñarle las normas para que pueda vivir con las personas. El libro facilita a que se puedan formar pandillas perfectas de humano y perro. Por ello, Horowitz subraya la importancia de reforzar este vínculo afectivo basado en la comprensión y no en la proyección de la primera sobre el segundo.