Viena es calidad de vida: Último día

© WienTourismus/Christian Stemper

Así transcurre nuestro último día en la ciudad con la mayor calidad de vida del mundo.

Está lloviendo. Los ciclistas parecen ni inmutarse. Nosotros salimos a disfrutar nuestro último día en esta ciudad verde. Se nota que es una de las metrópolis más verdes del mundo. Conocí el cinturón verde que rodea la ciudad y varios de los oasis en el corazón de Viena como son los elegantes parques de la Ringstrasse (que este año conmemora el 150 aniversario) y los jardines barrocos del palacio de Schönbrunn. Me faltaría el palacio de Belvedere y remar por el Danubio.

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Los árboles en Viena están identificados y controlados con un número.

Me llamó la atención que todos los árboles están numerados. Tienen clavado una pequeña chapa identificatoria. Al parecer, todo está bajo control, hay 300.000 árboles en los espacios verdes y en las calles de la ciudad.

Con Eros pasé por la puerta del Albertina. Qué ganas de entrar a ver la exposición de Egon Schiele. Aunque es uno de mis artistas preferidos, no soy capaz de dejar a Eros en la habitación. Como pienso regresar, continuamos. Entramos al parque del Burggarten, de estilo inglés y cuenta con magníficos árboles, aunque no podemos acercarnos. En estos parques imperiales no están permitidos los perros. Tengo ganas de ver la escultura dorada de Jogann Strauss en el Stadtpark pero hace frío y prefiero tomar un té. Entramos otra vez en el pabellón modernista, en la brasserie Palmenhaus.

…, quería evitar fijar mi residencia en Viena y así atarme sentimentalmente a un sitio determinado…, esa misteriosa sensación de vivir sin atarse a nada me resultó muy útil…, me hizo llevaderas las pérdidas y las despedidas. Stefan Zweig.

Gracias a las 900 fuentes públicas con agua de manantial, que llega desde los Alpes, no necesité llevar una botella de agua para Eros. Es notable como los austriacos respetan y protegen la naturaleza. De hecho, he visto que a la hora de escupir la gente lo hace dentro de los cubos de basura con bolsa. Además muchos de estos contenedores tienen carteles que piden que por favor dejemos de ensuciar el planeta. No se puede escapar de la realidad y parece que funciona porque aquí todo está impecable. Por supuesto, en la calle no se ven comportamientos de mala educación, no hay pañuelos de papel en el suelo ni nada que Eros se pueda llevar a la boca y esto es un detalle que aprecio mucho.

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Palacio Imperial, a la derecha el Museo Sisi y, a la izquierda, la Escuela Española de Equitación.

Hablando de vida, las 21 especies de murciélagos que viven en el espacio urbano están protegidos. De día, nos encontramos con uno. Había 5 mujeres impecables protegiéndolo e intentando retirarlo de la calzada para que no fuera atropellado. Eros tenía mucha curiosidad. El murciélago finalmente emprendió vuelo. Todos nos alegramos, pensamos que no podía hacerlo.

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Eros y su amiga del puesto de salchichas.

Mañana es viernes y se celebra un gran mercado de productos ecológicos en la plaza del Freyung, en pleno casco antiguo, pero no estaremos aquí. Me comería ahora una trucha alpina con verduras. El slow food en Viena es real. La ciudad es una de las zonas agrícolas ecológicas más grandes de Austria. Cultivan 1.000 hectáreas de superficie y se producen unas 2.300 toneladas de verduras ecológicas y 1.700 toneladas de cereales ecológicos al año.

Joseph Brot.
Panadería Joseph Brot, la más trendy de Viena.

Seguimos recorriendo Viena, quiero que Eros vuele de regreso a casa tranquilo y andando lo conseguimos. En estos días nos encontramos con varias tiendas de second hand y de comercio justo. Es evidente que a los vieneses les interesa mantener la conciencia tranquila. La pequeña tienda ebenBERG vende marcas ecológicas, en Bunwäsche se pueden adquirir telas libres de productos tóxicos, en Guter Stoff estampan dibujos sobre camisetas ecológicas y de comercio justo. En Saint Charles Cosmothecary (Gumpendorfer Strasse) tienen cosméticos naturales internacionales y de su marca propia.

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Parte de mi desayuno eco en el 25hours hotel.

Además vi que hay hoteles ecológicos. No me extraña que este año Viena haya sido declarada por sexta vez consecutiva la ciudad con la mayor calidad de vida del mundo por la empresa Mercer Consulting. Cada año realizan un estudio sobra la calidad de vida en 230 grandes ciudades y, en todos los aspectos, aún no hay ninguna que la supere.

Llego al hotel. A falta de tiempo para ir a escuchar a los Niños Cantores de Viena, con tranquilidad, preparo el equipaje disfrutando de mi selección de obras de Mozart, Beethoven, Haydn, Brahms, Mahler… La suite parece la Casa de la Música pero con vistas maravillosas al MuseumsQuartier.

Nos subimos al taxi (tarifa plana aeropuerto 30€, + 43 01 707 88 88) y pienso en Isabel de Baviera (Sisi), en Stefan Zeig, en los mercadillos navideños. A propósito, falta muy poco para que empiecen y este año se inaugura el primero para mascotas.

No basta con pensar en la muerte, sino que se debe tenerla siempre delante. Entonces la vida se hace más solemne, más importante, más fecunda y alegre. Stefan Zweig.

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Los más guapos del MuseumsQuartier.

En 2016 se celebra el centenario del fallecimiento del emperador Francisco José. La soledad, el amor y la muerte de Edvard Munch estarán en el Albertina hasta el 24 de enero. Las mujeres de Klimt, Schiele y Kokoschka estarán en el Belvedere hasta el 28 de febrero. Expresionismo alemán en el Leopold Museum hasta el 11 de enero. El monográfico de Olafur Eliasson en Augarten y en el palacio de Invierno del Príncipe Eugenio estará hasta el 6 de marzo. Quizás estemos por aquí para no perdernos alguna de estas citas tan importantes.

En fin, el suntuoso pasado imperial, la contemporaneidad en el arte y el estilo de vida sostenible hacen que Viena sea una visita irresistible durante todo el año. Para disfrutarla, sin limitaciones, recomiendo el servicio dogsitter del hotel Sacher.

¡Cuántas horas de disfrute hemos vivido! Ojala muchos dog friendly travelers visiten Viena pronto y que mis recomendaciones hayan resultado útiles. Tschüss!