Salzburgo, Escenario del Mundo: Segundo día

© Christian Oliva-Vélez

Siento el invierno. Miro por la ventana, la del Sacher. El dramatismo es extraordinario. Sigo raptado por el lujo austriaco.

Eros en su cama del lujoso hotel SACHER.
Eros en su cama del lujoso hotel SACHER.

Los cambios de luz del amanecer crean un espectáculo que contemplo desde la cama y sin pestañar. ¡Que placer es estar en el Sacher! Mis rosas blancas despiden un perfume sensual, tengo mucho chocolate, champagne y a Mozart. Con esta sinfonía, quién saldría de esta suite. Me apasiona la vida de los hoteles dog friendly que elijo y este es una institución del lujo en Austria. Afuera, frío y nieve. Miro a Eros. Sus ojos me piden salir.

La ubicación del Sacher es inmejorable, todo está a corta distancia a pie. Situarme con tanta facilidad y encontrarme rodeado de belleza hace que me sienta Salzburgerisch (de Salzburgo). Sumergido en la buena vida, estoy más vivo que nunca. Todo es perfecto, parece una composición de Mozart. No me extraña que a la ciudad la llamen el “Escenario del mundo”. Este castillo de naipes permanece intacto a pesar de que su plácida vida haya sufrido varias tempestades, anoche me lo contó todo Stefan Zweig.

Mi desayuno austriaco.
Mi desayuno austriaco.

En un elegante salón del Sacher, me siento junto a una ventana. El desayuno es un festín con productos 0 kilómetros. Después de mi ritual en adagio, de dos horas, llega mí guía, Esperanza Peréz de la Maza, la mejor de la ciudad. Busco a Eros. Salzburgo nos espera. Organicé con Esperanza programas para hacer, algunos con Eros y otros sin él. Por lo pronto, tengo una cena amenizada con opera, en el restaurante más antiguo de Europa, y una tarde acudiré al Landestheater, me espera La Flauta Mágica de Mozart en alemán.

Calles de postal.
Calles de postal.

Nos topamos otra vez con los cinco pepinos gigantes, obra de Erwin Wurn: el enfant terrible del arte austriaco, su ironía y sentido del humor me fascinan. Quería conocer la tienda Jahn-Markl donde Sisi, la emperatriz, compraba su ropa interior, era de piel y la utilizaba para montar a caballo. Entramos a ver las fantásticas tallas de madera de tilo y los esmaltes de santos, con fondo de pan de oro 24k (38 €), yo encontré el mío, en Drechslerei Lackner. Antes de ir a comer, tomamos con Esperanza un wir ein glasserl (un aperitivo) en Sporer, entramos con Eros. Es donde se dan cita los salzburgueses para degustar, sin prisas, un licor de hierbas, aguardiente o vino. Pedimos y lo tomamos en la calle Getreidegasse. Estamos rodeados de políticos, maestros de música, artesanos y empresarios. Está hasta el presidente del poderoso banco austriaco Raiffeisenbank, que ocupa la casa natal de Karajan. Nuestra fantástica mañana se merecía un brindis, proust (salud).

El aperitivo se toma en Sporer.
El aperitivo se toma en Sporer.

En busca de lo auténtico, descubrí Wirtshaus Zwettler´s, un local que sufrió los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y, ahora, jóvenes con pantalón tradicional sirven con amabilidad platos riquísimos de la cocina local. Con Esperanza, paseando por el mercado, nos cruzamos con su amigo el profesor Dr. Walter Smerling, una eminencia en el Mozarteum. Eros le encantó. Con ritmo vivace llegamos a través de un pasaje al puesto de Balkan. Me salté mi dieta y elegí un Bosna clasic, me pareció el perrito caliente más rico del mundo. Sale desde un minúsculo local ubicado en un patio de la calle Getreidegasse y Pferdeschwemme. No tiene pérdida, su aroma te guía metros antes de llegar. Con el olfato que tiene Eros, esto no debe ser tan agradable para él como para mí. Como buen pecador, volví un par de veces y volvería siempre. Desde hace 60 años es un lugar de culto y fue creado por una mujer búlgara. Sus hot dogs son inigualables, picantes, el pan está caliente y crocante (solo acepta pago en efectivo, 3,50 €). Resultan irresistibles para todos. En la cola, por ejemplo, estaba la directora de la fundación de amigos del Museo de Arte Moderno, Heidi Kurz, miembro de la alta sociedad salzburguesa y su marido es un agente de propiedades top.

El bosna, el culpable de tanta emoción (3,50 €).
El bosna, el culpable de tanta emoción (3,50 €).
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Stadtalm, cocina local con las mejores vistas de Salzburgo.

Subimos en pocos minutos por Mönchsberg, una de las dos montañas del centro de Salzburgo. El apetito regresa a escena al entrar en el restaurante Stadtalm (“alm” son los pastos altos, el abuelo de Heidi vivía en uno), es un clásico. Aquí probé un Kaspressknödelsuppe (caldo con pan y queso, 4,20 €). Desde dentro y en su terraza el paisaje es alucinante. Hablando de Heidi, recuerdo a su amigo Pedro y a Copito de Nieve, fueron los únicos dibujos animados que veía de niño. Tanto es así que hasta tuve mi propio corderito, lo llamé Pepín. En cuanto a Pedro, el amigo de Heidi, aquí pagas por ser pastor, es una experiencia que realizan muchos jóvenes. Ellos elaboran sus propios quesos y se hacen con las provisiones para todo el año. También pedí un poco de Almiaus´n (queso gauda, requesón con pimentón y asado de cerdo con mostaza, 8,90 €). Subí hasta el cielo cuando probé el Gebackene Apfelrader (5,50 €), un postre caliente de manzana: ¡espectacular! Para culminar esta experiencia de cocina austriaca, tomé un poco de licor de albaricoque de Marillen Edelbrand, un genuino elixir de la zona del Danubio Azul (Tirol italiano). Como alternativa económica de hospedaje BB, se puede dormir aquí y en literas de madera maciza con baños compartidos por 20,50 € (hab. de 2, 4 y 6). Todo es sencillo y está en perfecto estado.

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Eros con su dog sitter del hotel Sacher Salzburg.

Solicité al Sacher una persona que entretuviera a Eros mientras hacía otros planes. Fui a cenar al Museo de Arte Moderno (MdM), a pleace to see and be seen. Es de mármol Unterberger (local). Otra opción de moda, aunque no llegué a ir, es el restaurante Carpe Diem. Por el día, conocí la casa donde nació Mozart y la residencia de la familia, no admiten la entrada a perros, ambas están a cinco minutos a pie. Otra noche hice un viaje en el tiempo, acudí a la Mozart dinner concert en St. Peter. Este programa turístico es ideal para enamorados, en familia o en solitario. Se trata de una cena barroca (19 o 20 pm, según el mes), sin estridencias, se puede compartir mesa o no. Se trata del restaurante más antiguo de Europa y la cena está amenizada por una performance operística propia del siglo XVIII (93€- 104€). De todos modos, recomiendo cenar mejor en el restaurante de la planta baja, el ambiente es auténtico y la cocina es excelente. En verano: no hay que perderse el Festival de Salzburgo, donde acude la crème de la crème del mundo. Esperanza me asegura que la acústica es impresionante, parte del teatro está metida en la roca.

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“Mozart dinner concert” en St. Peter, el restaurante más antiguo de Europa.
A Eros y a mí nos gusta la música clásica, aquí en la tienda de
A Eros y a mí nos gusta la música clásica, aquí comprando en la tienda del experto y guapo Andreas Vogl.

Por lo pronto, en nuestra habitación, está el pianista Rudolf Buchbinder, dirigido por Nikolaus Harnoncourt, interpretando con el piano forte los concertos Nos. 23 & 25. El disco lo compré en My Home Music, el local de Mag. Andreas Vogl, todo un experto y un encanto de persona, conquistó a Eros con premios ecológicos.

Desde esta “bola de cristal”, donde caen copos, brillan lucecitas y toca Mozart, en unos días compartiré más hallazgos austriacos y dog friendly.