Praga adora a Eros, 6

En el campo checo. Gafas GUCCI, reloj MONTBLANC y camisa DOCKERS. Correa y arnés MASCOBOUTIQUE. Fotos: David Suárez Fernández.

Viajamos a Bohemia Central. Estamos en la impresionante Kutná Hora, la joya de República Checa. Es un destino sorprendente. Sus monumentos sin igual, el arte y su gastronomía me tienen embelesado.

9:30. Un coche nos lleva hasta Kutná Hora, patrimonio de la UNESCO, a 60 km de Praga. Como Eros no puede jugar con los huesos del Osario de Sedlec, nos fuimos a visitar Santa Bárbara. Es impresionante, cuánta belleza. El gótico lo percibo como actual, ¿será quizás por “Juego de Tronos”? En la basílica consagrada a la protectora de los mineros, todo es equilibrio, armonía. Observo con detenimiento una talla de policromía gótica, asientos de madera ricamente tallada y la imagen de un minero. Estos últimos trabajaban, en las minas de plata, seis días a la semana. Cada domingo, en el medioevo, la lujuria se adueñaba de esta ciudad real.

Iglesia de Santa Bárbara, un entorno histórico para ser disfrutado al máximo.
Iglesia de Santa Bárbara, un entorno histórico para ser disfrutado al máximo.
Jugando con Eros en Kutná Hora.
Jugando con Eros en Kutná Hora.

Al sol, cato los vinos BIO de Lukas Rudolfsky en su viñedo. Estamos al lado del Colegio Jesuita y de las estatuas del mirador, inspiradas en las del puente de Carlos IV (Praga). El edificio barroco alberga la galería GASK de arte contemporáneo. El contraste es brutal. Visité la antigua farmacia de los monjes y la exposición de Pavel Brázda, la obra de este distinguido outsider retrata el aspecto positivo y negativo de nuestra psique. Eros me esperó unos minutos con mi guía en la antesala.

All images are under copyright © David Suárez Fernández.
Con mis zapatillas GEOX y mi vino, rodeados de historia, en el viñedo de Lukas Rudolfsky. 

Es evidente que Kutná Hora fue una ciudad muy rica. Paseando por las callejuelas adoquinadas encuentro un pintoresco restaurante con jardín amurallado y vistas a la iglesia de San Jacobo, su cúpula encebollada está revestida de cobre y la están restaurando. Veo una construcción con forma de pirámide, allí estaban los caballos que trabajaban para subir las toneladas de plata de la mina. Una excursión de niños entra al interior de la mina.

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David, mi guía en la Corte Italiana.

Nos encontramos en el patio de la Corte Italiana, el corazón económico del Reino de Bohemia durante 400 años. Aquí se acuñaban las monedas del reino de Bohemia. Dentro de este castillo, con Eros en brazos, me reúno con David, mi guía. Él lleva casaca y botines. Con él, viajo a la Alta Edad Media. Conocí la sala donde hay un fresco que recrea el primer nombramiento del rey de Bohemia. Me fascinó la capilla, las pinturas al temple son de estilo Art Nouveau y las creó un alumno de Alfons Mucha. David me hizo una demostración de cómo acuñaban los “groszes praguenses”. Antes de dar el golpe, con una maza pesada, con mis manos tapé las orejas de Eros. No me extraña que los monederos se quedaran sordos. David me obsequió monedas doradas y plateadas.

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La Corte Italiana.
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Rincones señoriales de Kutná Hora.

Hay casas señoriales a la venta. Me imagino viviendo aquí pero con el pequeño tesoro que llevo no podré comprar ninguna. Para no romper la magia, tenemos una mesa reservada en la taberna Dacicky (calle Rakova 8, 400 CZX p/p). De verdad que esto parece de película, el ambiente es medieval. Nos sentamos en el patio, Eros descansa al sol. Probé algunos platos de la cocina tradicional con knedlik (guarnición tradicional checa a base de harina, huevo y levadura), su cerveza artesanal (500 cc, 1 €) y no faltó un chupito de becherovka, un licor de hierbas exquisito, su receta es secreta.

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En los campos de cultivo de repka (colza).

Con tanto para disfrutar, cómo no continuar. Kutná Hora es para quedarse un par de días, el hotel Opat es dog friendly (extra por noche 8€). De regreso a Praga, le pido a Pepa, mi chófer, hacer una parada en el campo. Qué paisaje maravilloso. Mantos de hierba, tierra y flores amarillas, parece un cuadro. Estas últimas son las repka, de este cultivo extraen el aceite que utiliza todo el pueblo checo para cocinar. Vimos venados. Al acercarnos, se alejaron. Llegamos hasta un bosque de tilos, abracé uno de ellos. El próximo jueves conocerás cómo transcurrió nuestro último día en la República Checa.

All images are under copyright © David Suárez Fernández.
Paseo por los bosques de camino a Praga.