Molino de Alcuneza: Ser muy rico de ocios es suma felicidad, 2

En el castillo de Sigüenza.

El Doncel, el aroma del campo seguntino y Sigüenza me tienen conquistado.

Estamos en la catedral. Anonadado recorro con la mirada la nave 28 m de altura. Mi anfitriona me conduce a la capilla de San Juan y Santa Catalina. Veo por primera vez al Doncel, está semi-tendido. Él es el caballero seguntino más famoso. Murió peleando contra los moros. La escultura es única, tiene los ojos abiertos y está leyendo un manuscrito. Nadie sabe lo que lee pero se lo ve sereno. Esta es una visita que no hay que dejar de hacer aunque sea una vez en la vida.

All images are under copyright © David Suárez Fernández.
El Doncel de Sigüenza.

Un alma se mide por las dimensiones de sus deseos, como se juzga una catedral por la altura de sus campanarios. Gustave Flaubert

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Nave de la catedral de Sigüenza.
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Acceso a la exposición “aTempora”.

Ensimismado, recorro el templo y lo hago con Eros en brazos. Este recorrido es exclusivo, a puertas cerradas, lo organizó el Molino de Alcuneza para mí. Como cuando entré al Vaticano y el Papa bendijo a Eros, antes de que me preguntéis cómo lo hago, tan solo pido y mis deseos suelen ser concedidos. Todos se sensibilizan ante #NoAlAbandono, la causa que fomento. Con estos gestos la están apoyando y les estoy muy agradecido. Continuando con la visita, en las valiosas rejas de hierro forjado de otra capilla se pueden ver balazos. Además de este espectacular museo, se celebra la exposición “aTempora”. Con motivo de la conmemoración de los 400 años del fallecimiento de los dos máximos exponentes de la literatura universal, en ella se retrata la época en la que vivieron Cervantes y Shakespeare. La curaduría es perfecta. Me faltó conocer el impresionante Claustro pero creo que Eros está incómodo. Dejo atrás unas columnas salomónicas y salimos del pasado. La luz y los coches aparcados me traen al presente. A través de una reja, que nos abrió una niña educada, conocí la labor solidaria de la iglesia. En este recinto protegido por la antigua muralla, con vistas a la catedral, acogen a un grupo de familias pobres. Los niños juegan con Eros. Fotografío una puerta bellísima bañada por el sol.

La belleza es eterna y el polvo sólo dura un tiempo. Marianne Moore

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Vistas desde la parte alta de Sigüenza.
Chef
Jorge Maestro, chef del restaurante Nöla en Sigüenza.

Paseamos por el casco antiguo. Desde la Plaza Mayor, subimos por la empinada calle Mayo hacía el Castillo. Sobre adoquines, a medio camino, nos detuvimos en una tienda de artesanías. Huele a miel y a hierbas silvestres. Las velas y aguas de colonias artesanales son una delicia. Embriagado por el aroma del campo seguntino, pasamos por la iglesia románica de San Vicente Mártir. Enfrente, me encuentro con la Casa del Doncel, de arquitectura gótico-civil y, en la misma plaza, la casa de la Inquisición, más bien diría que fue la morada de la crueldad. En la del Doncel, acaban de inaugurar un restaurante muy bien acondicionado y donde parece que se come muy bien. Al llegar al castillo recordé que aquí me hospedé en la pubertad con mi familia, su atmósfera es medieval. En aquel entonces, fue divertido, creíamos que había fantasmas y corríamos de una habitación a otra.

En el patio interior de la casa del Doncel, espacio del restaurante Nöla.
En el patio interior de la casa del Doncel, espacio del restaurante Nöla.
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Callejuela de regreso a la catedral desde el castillo.
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Llevando el mensaje de #NoAlAbandono hasta el castillo de Sigüenza.

En el hotel, nos espera una cena diseñada por el chef Samuel Moreno y un cielo estrellado. La próxima semana, compartiré esta experiencia y otros mimos que recibí en el Molino de Alcuneza.