Un viaje a Nantes: Segundo día, 1

Campanario de la iglesia de la Santa Cruz, Nantes. Fotos: David Suárez Fernández.

Abro la ventana. Cielo azul y viento del oeste. Desayuno manjares BIO. La Línea Verde de Le Voayage a Nantes, un viaje en tren hasta la playa más chic, a una ciudad medieval y a las salinas nos mantendrá muy entretenidos todo el día.

Hospedarse en un hotel que ofrezca un verdadero desayuno slow food y BIO resulta todo un hallazgo. Mermeladas caseras, quesos, yogures y mantequilla de Beillevaire (la mejor casa de Bretaña), huevos de corral, crepes y deliciosos zumos de frutas hacen que este ritual sea exquisito y 100% saludable. Por este motivo y por que Eros puede acompañarme, regresaría encantado al Pommeraye (A 59 a 198€, más tasas 0,75 € por noche y petite déjeuner, 10,75 € y se puede tomar en la habitación). Salimos a la calle. El viento del Atlántico es agradable. A veinte metros está la Galería Pommeraye, un monumento histórico. Fue inaugurada en 1843 y restaurada en el 2015. Además de tiendas, hay propiedades privadas. Sus esculturas son muy sugerentes, según se miren, pueden ser hombres o mujeres. Me comentan que, a finales del XIX, un hombre sofisticado solía acudir a comprar con su tortuga.

Desayunando en la cama con vistas a la calle Boileau.
Desayunando 100% bio y en mi pequeña cama con vistas a la calle Boileau.
En las escaleras de la Galería Pommeraye.
Con nuestra bolsa de Le Voyage a Nantes en la magnífica escalera de la Galería Pommeraye.

Abre bien los ojos, mira. Julio Verne.

All images are under copyright © David Suárez Fernández.
Entrando con Eros a mi cita con el barbero, su magnífica Triumph lo espera en la puerta.

Un poco más allá, hago una parada en la barbería Coiff´il (2, rue de l’ Arche Sèche). Hay una Triumph en la puerta, es de Christian Chevallier, mi barbero (13 €). Con mi toque francés, entramos con Eros en Debotte, la pastelería que cumple 160 años (9, rue de la Fosse). Pruebo le Mascaron, unos bombones con el grabado de una máscara de fantasía, elemento decorativo muy de moda en el siglo XVIII. Otro dulce típico son los berlingots, triángulos de azúcar de colores tan duros como rocas. En el local vecino, nos metemos en Coiffard, la librería más antigua (7 y 8, rue de la Fosse). Encontré una edición elegante e ilustrada de “20.000 Leguas de Viaje Submarino” de Julio Verne y “En attendant bojangles”, opera prima de Olivier Bourdeaut y el fenómeno literario de Francia.

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Christian afeitando a Christian: ¡me emociona! Él es un experto y su afeitado tiene es toque francés que me encanta.
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En Coiffard, una de las mejores librerías de Francia, con Servane Le Neel, una guía fantástica.
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San Nicolás.

Seguimos por la Línea Verde, un modo muy original que permite conocer lo más histórico de Nantes y 30 obras de arte contemporáneo al aire libre. A través de ella llegamos a la Plaza del Comercio, donde está la Bolsa, y a la Isla de Nantes. Veo el portal de la casa donde nació Julio Verne. En el número 13 de la rue Kervégan, mi guía tiene acceso exclusivo hasta el patio interior de una casa importante. Sus balcones conservan las forjas originales del siglo XVIII. En el frente de esta propiedad están esculpidas una serie de cabezas exóticas de la época (negros, piratas, indios…). Disfruto con el repique de campanas de la basílica de San Nicolás. Miro a su cúspide, es de piedra tallada en forma de escamas. Bretaña es una región muy devota, más del 80% es católica y adoran a Francisco. En la plaza Real está la fuente del Loira, me encanta. A Julio Verne, en cambio, le parecía muy fea. Era estudiante y con un futuro incierto, Verne no fue aceptado por el padre de su novia. Esto le dolió y arremetió contra la sociedad de Nantes. A sus 20 años se fue a París. Esta decepción la reflejó en el poema “La sexta ciudad francesa”.

All images are under copyright © David Suárez Fernández.
Plaza Real y la fuente del Loira, representación de un pasado eminentemente marítimo y portuario.
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De camino a la casa natal de Julio Verne, me enamoré de estas ventanas, de sus pizarras, de su friso y de la chimenea.

Los trenes, como el tiempo y las mareas, no se detienen para nadie. Julio Verne.

Tal y como estaba previsto, han aumentado las temperaturas. En pocos minutos, en el tranvía, llegamos a la Garde (estación de tren). Cogimos la línea SNCF en dirección a La Baule (45 € billete de libre circulación y por 2 días para 5 personas y 7 € billete del perro por trayecto). Para seguir aprendiendo francés, escucho a Charles Aznavour. Compartiré esta nueva experiencia el próximo jueves.