Campo Charro, un destino para descansar. Parte 1

Paseando por el Campo Charro. Fotos: Christian Oliva-Vélez.

Descubro la rancia y la nueva Salamanca. La trastienda del mundo de la carne, entristece, y las rutas de senderismo invitan a la vida saludable.

En el andén de la estación de Chamartín (Madrid).
En el andén de la estación de Chamartín (Madrid).

Con Eros llegamos en tren, solo se tarda 1h 30 m desde Madrid. Él me acompañó sentado en el asiento de al lado y en su transportín. Hice parte del colegio en Salamanca, tuve novia y amigos charros, empecé Filosofía e hice muchas otras cosas. Me resulta imposible contar las veces que la visité, mi padre vive allí. De ella, me gusta el campo y su casco antiguo. Es Castilla- León y, junto con Valladolid, representa la España más rancia. Están muy presentes la caza, los toros, la matanza y la religión. De todos modos, su legado histórico y su tierra merecen una visita. El Campo Charro es muy poco concurrido, ideal para desconectar. Necesitaba alejarme de la capital del Reino, escribir, leer, hacer yoga, cocinar, tomar el sol, ver amigos, practicar el senderismo con Eros, abrazar encinas. Ver la luna y las estrellas.

El agua de cedrat de L'Occitane me acompañó al campo.
El agua de cedrat de L’Occitane me acompañó al campo.

Al llegar, paseamos por una finca. Estando en la dehesa, solo se oye el canto de los pájaros y nuestras pisadas. Los troncos de las encinas, grises y engalanados de musgo, están retorcidos: en pausa. Todas llevan la melena, de ramas y hojas, a la misma altura. Habrán llegado recién de la peluquería, será el corte de moda de este gran cuerpo de baile de oxígeno y sombra. Parece que se han detenido a nuestro paso. Qué vergonzosas, no querrán que las veamos bailar. Deben hacerlo por la noche al ritmo del viento, cuando solo tienen como espectadores a los zorros, búhos, jabalíes, animales que no las juzgan. Como soy atrevido, las miro de cerca. Sus troncos están secos y muestran muchas arrugas, son bailarinas viejas, centenarias. Ellas son las más generosas del campo, dan cobijo a milanos, cigüeñas y a otras aves. Las vacas avileñas acuden en busca de alimento y sombra. Miro al suelo, la tierra es seca, circulan hormigas negras gigantes y algún alacrán. Caminando entre piedras, sin darme cuenta, paso al lado de una culebra bastardo, de más de un metro. Menudo susto, salió disparada como un rayo. Eros no se fijó en ella: ¡menos mal!

Estos instantes son inolvidables.
Eros en la dehesa.
Eros disfrutando en la dehesa.
Vaca avilesa entre encinas.
La vaca avileña nos mira, es curiosa.

Sobre un poste de madera, de un tendido eléctrico, está posado un milano. Con todo el tiempo del mundo, con el pecho erguido, contempla el territorio. Al vernos, despliega sus alas y emprende un rápido vuelo. Nos mira hasta que lo perdemos de vista. Esta instantánea habla de lo natural de la libertad, qué bonito fue contemplarlo. En este escenario, no tienen tanta suerte los animales de granja. Por casualidad, estuve paseando con hombres que trabajan en los mataderos de Guijuelo. Me contaron que matan de 600 a 2.500 cerdos por día (la mayoría se exportan a China). En el matadero, muchos cerdos no mueren al recibir la descarga y, para desangrarlos, son degollados vivos. Imaginaos. Por otro lado, para más inri, los veterinarios hacen las castraciones sin anestesia ya que los dueños de las fincas no quieren gastarse ni un euro más. Esta es la trastienda de la codicia y de la necesidad, los escrúpulos no tienen cabida.

Eros posando en la Dehesa Charra.
Qué porte, elegante hasta en la Dehesa Charra.

Volviendo a la vida saludable, al compartir mi vida con Eros, me siento parte de la naturaleza, sobre todo cuando estamos en lugares donde estamos solos: ¡cómo me gusta! Respiro. Eros sigue la pista de algo. Pilla un tronco. Corre. Mueve el rabo sin cesar. No tengo que controlarlo todo el tiempo, aquí no hay águilas ni desechos humanos. Disfrutamos al máximo de cada segundo, somos felices con muy poco. Se está poniendo el sol, esta vista podría ser África. Nos vamos para no aguarle el plan a los depredadores y a las encinas. La próxima semana te contaré cuál es nuestra ruta favorita.

Acaso en el campo.
Ocaso en el campo.
Escenario de ensueño.
Escenario de ensueño.