El libro de Gonzalo Moure que te tocará el alma

El escritor valenciano habla de la amistad y el respeto en una autobiografía emocionante.

Acabo de terminar de leer ‘Fango’ de Gonzalo Moure (Ed. Edelvives). He disfrutado mucho con su lectura. Me atrapó desde las primeras dos páginas. En ellas cuenta que, estando enfermo de pequeño, leyó la ‘Odisea’. Y revela que el final lo conmovió hasta los tuétanos, cuando Ulises vuelve a su palacio convertido en poco más que un pordiosero y el único que lo reconoce es su viejo perro Argos… De la mano de Homero, así describe el autor esta antigua muestra de fidelidad que siente el perro hacia el hombre. ‘Fango’ ensalza la amistad y el respeto. Lo ilustra Ester García. Sus dibujos están llenos de ternura.

Ilustración: Esther García.
Ilustración: Esther García.
Ilustración: Ester García.
Ilustración: Esther García.

El relato autobiográfico de Moure (Valencia, 1951) es un canto a la vida. Gracias a las palabras y al estilo que utiliza, me he sentido uno más de la pandilla perruna. Con Antonio, su mejor amigo, comparte su amor por los perros. Sus vivencias, aventuras y desventuras transcurren en Valencia. De manera clandestina, cerca de huertos y acequias, los dos amigos crean un humilde refugio donde esconden a sus leales amigos de cuatro patas. La mayoría son perros abandonados, pero dos fueron robados de una madriguera. Petra, Troy, Tambo, Tristán, Tom, Berry, Chiquita y Kazán, entre otros, son los nombres de los múltiples perros que componen la pandilla. Con ellos, estos jovenzuelos crecen y maduran. Cuando Tambo desapareció, Moure se entristeció mucho.

A la mitad de la obra, el autor nos presenta a Fango. Fue su compañero preferido, lo llamaba Ivan Ivanovito. Él afirma que, en cuanto a la vida y la muerte, Fango fue su verdadero profesor. Según él, le enseñaba filosofía y vida sin necesidad de decir una palabra. Estando en Buenos Aires, leo lo que dijo su padre cuando conoció a Fango, les recitó una estrofa de un tango de Gardel (Viejo Smoking, 1930): Y mira este pobre mozo cómo ha perdido el estado, / amargado, pobre y flaco / como perro de botón. Con el tiempo, los prejuicios de sus padres mermaron. Fango conquista sus corazones y forma parte de la familia. Tanto es así que, su padre, sonriente, se dirigía a él llamándole «perro de botón». Lo pasé en grande descubriendo la historia de Moure y sus amigos. Aunque también me arrancó una lagrima que otra cuando algún perro era llevado por la perrera o no regresaba. En este último caso, él expresa del siguiente modo lo que vive “el espíritu aventurero hacía que alguno de ellos se fuera, sin necesidad de equipaje ni despedida.”

Ilustración: Ester García.
Ilustración: Esther García.

Leer esta oda hacia los perros es la mejor forma de empezar mi 2017. Aquel que no tenga afinidad con el perro, al menos, leyéndolo, quizás se dé cuenta de lo inteligente y sensible que es el mejor amigo no humano del hombre. Igual, Moure se dirige a los lectores con el siguiente aviso “si no te gustan (mucho) los perros, no leas este libro”. Hasta él es sincero, una característica que no le falta tampoco al perro. No voy a extraer nada más de este fantástico libro, te recomiendo que lo leas. Ahora, que conozco parte de su infancia y juventud en compañía de los perros, necesito saber algo de su presente. ¿Tendrá perros, cómo se llamarán y cómo son? Contacto con él.

G
Gonzalo Moure y Mesem.
Un dibujo que hizo Moure de Lea, su perra.

Gonzalo Moure vive en Asturias con Mesem y Lea, la de arriba  es la foto y, a la derecha, el dibujo que me acaba de enviar. Qué ilusión me hizo recibirlos, ponerle cara al escritor y a sus compañeros de la actualidad: ¡me emociona! Moure estudió Ciencias Políticas y trabajó como periodista hasta 1989. Desde entonces, se dedica a escribir. Como reconocimiento por sus obras, ha recibido premios importantes como el de Jaén, Barco de Vapor y Anaya de Literatura Infantil y Juvenil. Mi amiga la escritora Mónica Rodríguez siempre me habla de él con mucho cariño. Fue ella quien me regaló su libro, en el aeropuerto, minutos antes de dejar España y venirme con Eros a Buenos Aires. Aunque me he desprendido de casi todo, percibo que conservaré este libro. Por lo pronto, deseo que ningún perro se vea obligado a esperar, más de lo acostumbrado, a su mejor amigo. Ahora también sé, leyendo la ‘Odisea’, que Argos esperó 20 años a Ulises. Con esta otra mención de uno de los cantos del poema épico antiguo, solo me queda decir “#NoAlAbandono” de los perros.