Innsbruck, la capital de los Alpes, 4

Fotos: David Suárez Fernández.
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Viajero austriaco con su mejor compañero en Maria-Theresien-Strasse.

A tu derecha, la emperatriz de Austria. Antes de contemplarla de cerca —fue la primera y única mujer que gobernó sobre los dominios de los Habsburgo y la última jefa de esta Casa—, paseo con Eros por la calle que lleva su nombre, Maria-Theresien-Strasse, la principal de Innsbruck. Él está sediento. Nos acercamos a una fuente. Me sorprende gratamente ver que ha sido pensada también para los perros. Hasta ahora, es la única que he visto en Europa. Agua de los Alpes caen sobre un receptáculo de bronce. La lengua de Eros la recoge como la trompa de un elefante. Se acerca un joven apuesto con su perro sin correa. Y esto despierta, más aún si cabe, mi curiosidad. Nos saludamos. Me informa que, en la ciudad, los perros pueden ir sueltos. La única condición es que deben ser educados —los perros no equilibrados utilizan bozal o bien van atados—. Ellos se marchan.

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Bajo la atenta mirada de Nordkette, paseamos por Maria-Theresien-Strasse con nuestra guía de Innsbruck Tourismus.
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Disfrutando del agua de los Alpes en la fuente pensada para los perros.

Se respira buena calidad de vida. Entre las casas de cuento, hay un puesto coloreado de frutas. Al final de la calle, de una casa elegante cuelga un cartel protagonizado por dos perros de diferente tamaño. Se trata de la exposición del británico Martín Creed en el palacio Taxis, que aloja la Galería de Landes Tirol. La visité sin Eros. Su obra es conceptual, algo disparatada. Reflexiona sobre lo establecido en lo cotidiano y lo reinterpreta.

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Puesto de frutas y herbolario.
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Exposición de Martin Creed en el palacio Taxis.

A la vuelta del palacio, encuentro una tienda especializada en miel. Velas, una con forma de perro, jalea, jabones. Para mí, no existe nada más erótico que el perfume de miel. Compro una de flores del Tirol (5€). Al rato, mi hijo no humano parece un tirolés en Tiroler Heimatwerk, firma tradicional de indumentaria regional. Dimos una vuelta por la galería comercial Rathaus-Gallerien, está ubicada en un edificio realizado por el arquitecto francés Dominique Perrault, el mismo que diseñó la Biblioteca Nacional de París. Este tipo de espacios son muy concurridos en invierno, poca vida se puede hacer cuando las temperaturas son muy bajas o llueve.

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Eros recibiendo mimos del propietario del restaurante Lichtblick, uno de los mejores de la ciudad.

13:00 p.m. Nos esperan en Lichtblick, un restaurante muy conocido. Doy una vuelta de 360° por el bar y contemplando los Alpes, este sitio de copas es único. Pasamos a la mesa. Eros se portó de maravilla, el dueño vino a felicitarlo. Como se hacía en la Edad Media, caminamos por el centro histórico. Miro hacia arriba. Ahí está el Tejadillo de Oro, símbolo dorado de Innsbruck desde el emperador Maximiliano I en 1500, recubierto con 2.657 tejas de cobre doradas al fuego. Esta belleza gótica y su entorno apenas han cambiado desde entonces. Este no está siendo un paseo cualquiera, viajar al pasado resulta fascinante y es posible: ¡gracias a las artes!

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Ensalada de bufala del restaurante Lichtblick.
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Tejadillo de Oro.
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Perros en el retrato familiar de la emperatriz María Teresa I de Austria, obra Martin van Meytens.

Como comprobarás en la imagen que protagoniza esta crónica, descubro que los perros nunca han faltado en la Casa de los Habsburgo. El mejor amigo del hombre fue representado en el retrato familiar de la emperatriz María Teresa I de Austria (1717-1780) por el sueco Martin van Meytens (1756). Sin Eros, visito el Palacio de Hofburg. En esta residencia de invierno, contemplé dicha obra. Además del copón y la cortina —indican que el control del imperio más poderoso de aquella época recaía sobre la emperatriz—. Me atraen los perros jugando. No me extraña que, en este siglo, los perros puedan ir sin correa en Innsbruck. En cuanto a la descendencia, me intereso por las ochos hijas de los monarcas. Ellas recibieron clases de música, uno de sus profesores fue el compositor Christoph Willibald Glück. Cojo el iPhone y los auriculares, busco en mi play list de Spotify. Elijo Iphigénie en Tauride dirigida por Riccardo Mutti. Con Glück este bellísimo palacio se llena de vida. Me imagino el invierno imperial. Seguridad me abre una ventana para que mire el patio interior. Como le sucede a Orfeo en dicha ópera, me maravilla la pureza del aire que entra a esta estancia. Seguiría deleitándome con la belleza creada por la emperatriz del Sacro Imperio Romano pero debo regresar al mundo de los vivos.

Me reencuentro con mi protegido, Eros me recibe con saltos y lametazos. Qué haría yo sin él. Entramos al emblemático Café Sacher. Su Original Sacher-Torte —tarta inventada en 1832— es un capricho exclusivo. La atesoro en mi boca, un coro de satisfacción me hace suspirar. El próximo jueves te contaré el final de este día tan emocionante y el comienzo de otro en el Tirol.

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Disfrutando con Eros en el lujoso e histórico Café Sacher de Innsbruck.