Innsbruck, la capital de los Alpes, 5

Fotos: David Suárez Fernández.

Justo enfrente del Café Sacher hay un arco de piedra en un local de souvenires. En un estribo, apoyé una oreja y, en el otro, mí guía me habló bajito. Recibí su mensaje sin demora. Este “WhatsApp” medieval resulta muy curioso. Pocos lo conocen, no te lo pondré todo tan fácil. Al salir del café, lo encontrarás de frente. Venga, te daré otra pista, a su derecha, hay una pastelería con strudel a la venta en el exterior. No tiene pérdida. El aire es puro, la Joya de los Alpes me mira. Busco un perfume característico de esta región y lo encuentro en Acqua Alpes (Hofgasse, 2). La firma extrae agua de los Alpes para crear sus fragancias. Como es habitual, Eros se revolcó en el suelo de la perfumería. Eso significa que sus perfumes son de alta calidad y que le gustan, de lo contrarío, estornudaría. Entramos a una zapatería donde una mujer diseña calzado a medida con un zapatero (SaSch Shoefactory Bags & Shoes; Kiebachgasse, 7). Allí donde vamos, Eros recibe mimos. A pocos pasos, tomamos un café en Munding, es la confitería y café más antigua del Tirol (año 1803), tiene sus propios blends (Kiebachgasse 16).

Manteniendo una conversación.
Manteniendo una conversación con Martina Folladore.
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Vista de la Capilla Real, para tener esta vista hay que accede al museo.

A 350 metros, entro en el Tiroler Volkskunstmuseum (Museo Regional del Tirol). Eros se ha quedado con Martina, mi guía de Innsbruck Tourismus. Sin necesidad de órgano, trompa y clarinetes, estoy sorprendido. Esta es la Hofkirche (Capilla Real). Contemplo, desde abajo y después desde lo alto, la tumba de Maximiliano I. Aunque está vacía, tiene una escolta de 28 estatuas de bronce en negro y de tamaño natural. ¡Son imponentes! Hay ocho son mujeres y veinte hombres que representan a familiares y personajes históricos como el Rey Arturo. Este mausoleo es el monumento más importante de Austria. Me despido de tanta belleza. Recompenso a Eros dando un largo paseo junto al río por la Arthur-Haidl-Promenade. Las bicicletas se ven por todos lados, las que facilita la ciudad son estupendas. Él quiere correr. Cae la noche. Llegamos a un bosque y lo suelto. Para verlo, enciendo su collar de LED azul. Mañana nos espera un poco de senderismo por la montaña. Voy a cenar algo rápido y típico. En un banco de Maria-Theresa-Strasse, me siento con un Bosna (perrito caliente) y una cerveza que pedí en un food truck. Aunque Eros suplique por un trozo, por su salud, jamás le daría mi comida.

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Pasando revista a la guardia del emperador.

El destino me ha condenado con una mirada insobornable, una mirada dura, pero un corazón frágil. Stefan Zweig

En el hotel, después de un rico desayuno, me encuentro con Eva Staudinger, mi guía de hoy, una experta montañera. Después de un trayecto en tranvía por la ciudad, un taxi nos dejó en el funicular Patscherkofelbahnen que llega hasta las 2.000 metros. El paisaje es maravilloso. Con ganas olímpicas, porque estas montañas fueron el escenario de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1964 y 1976, iniciamos la ruta alpina llamada Zirbenweg. Solo pudimos hacer 45 minutos, viene lluvia, se necesitan 2 horas y 30 minutos para hacer los 7 km que tiene. El camino está señalizado con la bandera de Austria pintada sobre las rocas. Cembros perfectos (pino autóctono de Europa Central), flores y pájaros cantando. Eros va por delante. Intento controlar el cielo, estamos en el territorio del águila tirolesa. Con todas las aventuras que hemos vivido, este es el único asunto que siempre me preocupa. Cada vez que nos cruzamos con algún senderista o ciclista, aquí se acostumbra a dar saludos para o de parte de Dios —esta frase hecha y su pronunciación varia dependiendo de la región—.

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Se adelanta, vive su propia experiencia, y, a cada tantos metros, se da la vuelta y fija su mirada en mí hasta que me aproximo y reanuda su aventura.

Hicimos una parada en un refugio, donde tomamos un Almudler, popular limonada de hierbas. Hasta aquí llegaron también dos Bulldog Francés con sus madres humanas. Mirando al bosque, hay una pareja de octogenarios con un estilismo espectacular. Conversamos. David retrató a esta pareja inspiradora. Sobre una pradera Alpina, mirando el valle del río Inn, con mi fotógrafo, tocamos la armónica. Los instrumentos de viento y en un paraje como este generan una mística que me emociona. Comeremos en otro refugio, Eva dice que es espectacular. El próximo jueves compartiré más detalles.

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Tocando la armónica.

No basta con pensar en la muerte, sino que se debe tenerla siempre delante. Entonces la vida se hace más solemne, más importante, más fecunda y alegre. Stefan Zweig

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Pareja encantadora de senderistas austriacos y octogenarios.