Innsbruck, la capital de los Alpes, 7

Contemplando Innsbruck desde Nordkete. Fotos: David Suárez Fernández.

Quedan pocas horas para dejar Austria. Eros regala ternura entre sábanas blancas. Abro las ventanas del cuarto. Me despido de la luz y de los colores del amanecer de Innsbruck. Dejo a James Rhodes al piano, conduciendo a Mozart, y cierro la habitación. Paseando en dirección a la catedral de Santiago, un hombre joven, guapo y bien vestido camina tranquilo hacia su trabajo. Debajo del Tejadillo de Oro, una pareja, con tijera en mano, celebra su enlace creando un corazón en otra sábana blanca. Aunque me cuesta creer en el amor eterno entre los hombres, este símbolo original me emociona. Los comercios están abriendo sus puertas (horario: 09:30 hs y cierran a las 17 o 18 hs). En el número 39 de la calle Herzog-Friedrich-Straße, como una malvada corrupta, la mosca gigante, realizada en cristales de Swarovski, no nos quita los ojos de encima. Entro en Grüne Erde, tiene productos ideales y ecológicos de la región  (calle Herzog-Friedrich-Str. 8).

Desde nuestra habitación con vistas.
En nuestra habitación con vistas.

El destino me ha condenado con una mirada insobornable, una mirada dura, pero un corazón frágil. Stefan Zweig

Estación.
Estación del funicular Nordkettenbahnen diseñada por Zaha Hadid.

Nordkette, la Joya de los Alpes, me llama. Desde una calle de adoquines, miro hacia arriba. Me olvido de las compras, Eros se divertirá más en las alturas. Al querer subir al tranvía, cometimos un error con los billetes, se anularon, y no pudimos acceder. Pagué nuevos billetes pero los pude devolver, el conductor y el personal de la caja comprendieron nuestro despiste enseguida. Con la amabilidad austriaca, en 20 minutos, subimos en el funicular Nordkttenbahnen y luego en el teleférico hasta casi los 2.300 metros de altitud.

En el moderno
En el moderno funicular de Nordkettenbahnen.

Qué ganas de Alta Montaña. Después de una ruta por los senderos. A David, nuestro fotógrafo, se le ocurre hacernos nuestra primera auto foto juntos. A mí esas cosas tan bonitas no se me pasan por la cabeza, él tiene un corazón más grande que el mío. Aunque ya lo he dicho, lo repetiré siempre, él es el mejor compañero de trabajo que he tenido en mi vida. Mientras te lo cuento, lloraría un poco pero, ya no lloro con tanta facilidad como antes, con tantísimos cambios, despedidas, voy descubriendo más el espíritu libre que crece en mí. Para el disparo de la cámara en automático, contamos: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7. Esta imagen habla de una pasión, fomentar el #NoAlAbandono de los perros y de todo lo bonito que nos sucedió en este primer año de amistad. David: ¡Eros y yo te adoramos! Gracias por estar, esta coma la pongo con cariño a unos 12.000 km de la cordillera Nordkette.

Eros y yo con David Suárez Fernández en Nordkette.
Eros y yo con David Suárez Fernández en Nordkette.

Regreso a esa imagen y me recreo en lo disfrutado. Con Eros y con nuestro amigo, nos dimos un homenaje tirolés contemplando la panorámica. Conversamos. Imaginamos a Aníbal y su paso por estas montañas. El silencio lo coronó el vuelo de un cuervo grande, él estuvo en el pasado y seguirá estando hoy.

La última comida en Innsbruck.
La última comida en Innsbruck, aquí arriba, la cocina está abierta todo el día.
Cuervo grande sobrevolando la cordillera de Nordkette.
Cuervo grande sobrevolando la cordillera de Nordkette.

Poco después, volamos a Madrid —y, en menos de un mes, haremos Barcelona, Madrid, Salamanca, París, Sierra de Gredos y Buenos Aires—. Hicimos el check-out del hotel Innsbruck. Salimos en un transfer a las 15:00. A las 17:30 ya estábamos en el aeropuerto de Múnich. Como de costumbre, tocó hacer el check-in. Llevé a Eros a la calle para que hiciera sus cosas. Él ya sabe que no tiene mucho tiempo y que debe hacer pis en el primer árbol o bolardo. Si no encontramos nada conocido, lo tiene que resolver cavando la tierra un poquito o sobre el mismo suelo como si fuera una hembra. En el control, pasaron por el pelo de Eros una cinta que fue analizada en dos segundos, esta detecta explosivos. Suelen hacer lo mismo con los equipos de fotografía y electrónica. Los funcionarios fueron muy amables, aprecio mucho el buen trato y lo agradecí en su idioma. Embarcamos. Eros iba dentro de su transportín y entre mis piernas. Recuerdo mirar por la ventanilla. Mis ojos dicen “hasta pronto”, imposible recordar las veces que hice lo mismo. Despegamos, cuando lo hacemos, acarició a Eros porque ese momento le incomoda.

Echo de menos Austria. Nunca olvidaremos esta aventura diseñada por Innsbruck Tourismus en comunión con la naturaleza tirolesa y su historia. Después de casi tres horas de vuelo, tomamos tierra en Madrid. Siempre me ha emocionado aterrizar en la capital del Reino de España. Acabo aquí mi mundo de ayer, como Stefan Zweig, ojalá este sea otro de mis capítulos de mis “Memorias de un europeo” y que aún queden muchos que vivir con Eros y, por qué no, también con David.