Viviendo el Mediterráneo, 1

Eros olfateando el sendero. Fotos: Christian Oliva-Vélez

Visité por primera vez la Costa Blanca cuando era director de moda de la revista Condé Nast Traveler, desde entonces, estoy enamorado de esta región de España. Eros y yo residimos ahora aquí, en uno de sus pueblos. Poco a poco iré compartiendo nuestra experiencia Dog friendly traveler.  

Hay lugares llenos de encanto por todo el Mediterráneo; navegando, en avión, en helicóptero y en coche he llegado a conocer los más bonitos. Y ahora, el destino nos brinda una nueva etapa mirando al mar y en un pueblo de la provincia de Alicante. Para celebrarlo, a 30 minutos de casa, recorremos el Parque Natural Sierra Gelada. Canta el paiño común y vuelan las gaviotas. Antiguamente por aquí surcaban los mares piratas berberiscos y se extraía ocre de una mina fenicia; hoy es una cala paradisíaca para fondear y darse un chapuzón en sus aguas transparentes. Por un camino asfaltado de 5 km (acceso gratuito; los perros deben ir atados; se permite el senderismo y el cicloturismo), flanqueado por rocas, ciprés de Cartagena, pino blanco, jaras, brezo, espliego, romero, tomillo y flores llegamos hasta el Faro del Albir (lunes- viernes 9-14hs; sábado y domingo 10-13:30hs; visitas guiadas +34 965 889 424). El azul reina arriba y abajo. Asomarse es una tentación irresistible. El sol baña todo de luz y de calor (25º). Eros está sediento, le doy agua mineral fresca, mojo sus axilas y cabeza. Él regresó, los 2,5 km de vuelta como un pachá, lo llevé en brazos.

Salvo algunos papeles tirados por los humanos, que he recogido, el parque está impecable. En la foto, César, el nuevo amigo de Eros.