Oslo: La primavera del planeta, 3

Contemplando Oslo desde la Fortaleza de Akershus; llevo mochila y plumas de ECOALF. Fotos: David Suárez Fernández.

Después de un desayuno bio en The Thief, cruzamos un puente, del barrio más exclusivo, para vivir Oslo; que estrena título, European Green Capital 2019.

Hernán Rocha, mi guía de Visit Oslo —argentino, habla noruego, le llevó 4 años aprenderlo, y está casado con una noruega— me espera en el lobby. Salimos paseando de Tjuvholmen, barrio de arquitectura contemporánea y de alto poder adquisitivo, donde destacan The Thief y el museo diseñado por el famoso arquitecto Renzo Piano. En esta primera mañana, descubro que es una ciudad verde —seleccionada recientemente “European Green Capital 2019″ por la Comisión Europea— y moderna con más de 661.000 habitantes. Mientras Eros hace pis en un árbol de Strandhagen (parque a pocos metros del hotel), recorro con la mirada el Fiordo, tiene tantos reflejos como un brillante; es fácil perder aquí la noción del tiempo (en verano, tiene hasta 19 horas de luz).

Desayuno bio en el hotel The Thief; llevo un polo de HACKETT.
Mapa de la zona que recorreremos de Oslo esta mañana.

Un verdadero espíritu de rebeldía es aquel que busca la felicidad en esta vida. Henrik johan Ibsen

Cruzando con Eros de Tjuvholmen a Aker Brygge; detrás, el edificio de ladrillo es el City Hall (Ayuntamiento).
Pescador vendiendo la pesca del día.

Más adelante, por el paseo marítimo de Aker Brygge, veo a un buzo que permanece impacible. Se trata de “Dykkaren” (buceador), obra de Ola Enstad, es de tamaño natural y está bañada en acero inoxidable. Mientras el buzo contempla la pureza del agua, por este barrio de moda circulan ciclistas, ejecutivos con trajes slim y zapatillas blancas, niños rubios toman helado, amantes del café sentados en terrazas estupendas, un pescador vende su genero, embarcaciones que van y vienen.

Mástiles en el puerto de Oslo.
En Aker Brygge, “Dykkaren” obra del noruego Ola Enstad.
Puesto de comida rápida en el puerto.
Tranvía green.

Dejamos atrás dicho melting pot —visitado por 12 millones de personas al año—. Pasamos por la puerta del Consistorio, famoso por albergar cada 10 de diciembre la ceremonia del Premio Nobel de la Paz, y el City Hall (Ayuntamiento), un edificio imponente de ladrillo rojo. Pasa un tranvía azul; le pregunto a Hernán acerca del precio y las normas. Para viajar en autobús o tranvía, el billete cuesta 3,20 euros y se puede utilizar durante una hora; hay que validarlo al subir. Me sorprendió saber que los inspectores van de civil y suelen ser cuatro. La multa, por no utilizar el servicio como corresponde, es de 90 euros. Para un noruego, este comportamiento es inaceptable. Yo llevo la Oslo Pass, tengo acceso a todo; los perros son pasajeros bienvenidos.

Las verdaderas columnas de la sociedad son la verdad y la libertad. Henrik johan Ibsen

Edificio donde se entrega el Premio Nobel de la Paz.
Fortaleza de Akershus.

Entramos en la Fortaleza de Akershus (año 1300), está en el corazón de Oslo. En el recinto, sobre una colina, me siento a contemplar la ciudad. En el castillo monta guardia un soldado, que inspira mucho respeto; no se puede entrar con perro y continuamos la ruta. A propósito, en Noruega el servicio militar es obligatorio para mujeres y hombres (duración, 1 año). A pocos minutos a pie, llegamos a Gamlebyen (ciudad vieja). En Kvadraturen (cuadratura de calles) son notables los vestigios medievales, en el centro, la fuente Christiania Torv, monumento dedicado al rey Christian IV; es un guante gigante con una cortina de agua. En 1624, desde este punto, el monarca decidió reconstruir la ciudad. Anteriormente, las casas eran de madera (año 1050), se incendiaba una y se incendiaba Christiania. Por esa razón, luego de reiterados incendios, decidió mudar la ciudad. Las nuevas construcciones que vemos en esta plaza son las primeras; de 1641 data el primer ayuntamiento, donde está el restaurante más antiguo, y el Museo del Cine. Otra de ellas es del 1626 y fue la casa de un comerciante; la parte de abajo es de roca y la de arriba de ladrillo. Los materiales esenciales para construir fueron roca, ladrillo, material y poca madera. En su honor, la ciudad empezó a llamarse Christiania y así consta hasta 1924.

A la izquierda, la isla de Bygdøy, donde están los museos Fram, el Vikingo y otros. Más hacia aquí, se ve el techo de cristal con forma de vela de barco del Museo de Astrup Fearnley. A continuación, por la derecha, el paseo marítimo recorre Aker Brygge. Más a la derecha y detrás, en la montaña, el famoso Holmenkollen.
La Guardia Real custodia la Fortaleza.

Continuamos hasta la Catedral de Oslo, donde conozco el monumento en memoria del atentado terrorista de 2011 en Utoya; es como un Sagrado Corazón en forma de piruleta con el mensaje “…greatest of all is love”, también en Noruego, debajo hay banderas y flores.

En la catedral de Oslo; llevo zapatillas THE NORTH FACE, vaqueros ANTONY MORATO, polo HACKETT, plumas ECOALF y gafas DIOR.
Monumento en memoria del atentado terrorista de 2011 en Utoya.

Enfrente, el antiguo mercado de flores Stortorvet. Bajo la mirada del rey Christian IV, converso con un soldado en su día libre. Si hablas inglés, el Noruego te entenderá perfectamente pero, si hablas su idioma, le llegarás al corazón. Eros hace su caca, la recojo; en Oslo no hay dispensadores de bolsas, recomiendo llevarlas. Otro dato a tener en cuenta, los perros deben ir con correa. En el próximo post, disfrutaremos con Eros de los parque más bonitos de esta idílica green city.

Soldado noruego que no dudo en posar para este medio.