Oslo: La primavera del planeta, 7

Eros en nuestra suite del hotel The Thief; jugando sobre su cama de MiaCara con su zorro (Mascoboutique). Foto: David Suárez Fernández.

Los días son interminables. Una lancha regresa a su amarre. Se me hace la boca agua con el plan que tengo para esta noche, cenaré en el restaurante de Andreas Viestad, uno de los chef estrella de la cocina escandinava.

The Thief. 21:00. Brindo a mis labios poderosos botánicos; esta noche salgo a comerme Oslo. Eros parece que presiente mis deseos, está a punto de devorarse al zorro que le regalé. Dejo el jugoso Lip Treatment Oil de Zelens en mi baño y ponemos rumbo hacia la dirección gourmet de la noche.

Utilizando el Lip Treatment Oil de ZELENS Dr Marko Lens. Fotos: David Suárez Fernández.

Hay algo que no te he contado aún. En el avión vi a una chica masticando algo, con la boca abierta, y, luego, quitarse lo que llevaba en la boca y guardárselo en el sujetador. Aluciné. Después, en la calle vi a gente escupir y a otros metiéndose los dedos en la boca para guardar una especie de bola. La curiosidad me estaba matando y pregunté. En Escandinavia son muchos los fumadores y, cuando ellos no fuman, para calmar su ansiedad, compran snuss. Se trata de una bolsa de tabaco (parecida a una bolsa de té) que se ponen entre los labios y las encías. Después de chuparlo, lo guardan en una caja (las hay muy bonitas) o, como hizo una pasajera, en el sujetador. Los dientes se les ponen marrones. Esta costumbre es típica en los países del norte.

Ambiente del restaurante St. Lars.
Para comenzar, Cava de Pere Mata (Sant Saduní de Anoia, Barcelona).

Nos encontramos en un ambiente muy acogedor, la sala está llena de velas y buena música. Este lugar tiene magia y se llama St. Lars, es el restaurante que elegí —los perros no son bienvenidos dentro (hay terraza) pero con Eros hicieron una excepción—. Uno de los fundadores es el chef Andreas Viestad, presentador del programa de televisión “New Scandinavian Cooking”, columnista gastronómico habitual de diario Washington Post y autor de varios títulos de cocina. No miré la carta, pedí a la camarera que el chef me sorprendiera —luego pagué las consecuencias—. Comienzo a disfrutar de los resultados de la alquimia con un cava de Pere Mata (Sant Saduní de Anoia, Barcelona), sal de vino tinto, pan y mantequilla casera; podría haber cenado solo con estas exquisiteces. Eros duerme sobre mi abrigo, está rendido. A mi lado tengo una barrica de Bodegas Muga, un rioja excelente, será el preludio de cómo acabaré esta noche. Conversando con Ake Daniel Lindströmel, jefe de cocina, para mi asombro, me cuenta que se inspira en Francis Mallman (un famoso chef argentino); es un entusiasta y seguidor de su cocina —décadas atrás, yo comía en sus restaurantes—.

Ake Daniel Lindströmel, jefe de cocina de St. Lars, posando para Dog Friendly traveler.

El chef también hace inclusión del fuego en la mesa. En una sartén con brasas, me sirve un bacalao, que él mismo ha pescado hoy, acompañado de vierais. Su actividad habla de que los noruegos tienen una fuerte conexión con la naturaleza. Cato un Pierre Amadieu Cotes du Rhone Domaine Grand Romane Blanc 2015. Con esta frescura, sublime, llegan uno mejillones; la receta incluye dados de chorizo, riquísimo, le dan un punto spicy —nunca los había probado así—.

Catando un Pierre Amadieu Cotes du Rhone Domaine Grand Romane Blanc 2015; maravillosa redondez y frescura.
Mejillones con un twist único, la receta de St. Lars
lleva chorizo.

El ágape continua. Descorchan un Barolo 2004, una excelente añada: ¡me fascina! Aunque no soy de comer carne, caí en la tentación. Me sirven un cordero, con 24 horas de curación en sal y, luego, 36 horas de cocción lenta. Mira que el cordero patagónico es impresionante pero este no tiene nada que envidiarle. Salvo por los vinos, St. Lars ofrece una auténtica cocina slow cocking. Ya he probado varios platos. Salgo a darle una vuelta a Eros. Son las 23 hs, el cielo es azul zafiro. Dentro, sigue habiendo buen ambiente. Es el turno de los postres. Los helados parecen anunciar una dulce muerte por orgasmo. El de almendras acompañado de ruibarbo y de un mundo de sabores —que olvidé apuntar—, me hizo suspirar (más de una vez). Hace rato dejé de tomar nota. Cierro esta noche de sabores sublimes con un gin & tonic (17 €).

Parece que el restaurante quiere cerrar. Pagué con tarjeta, no recuerdo ahora cuanto fue, rondaba los 200 € p/p. Ahora que menciono el dinero de plástico, los taxis y autobuses también se pueden pagar con tarjeta. El noruego tiene un sueldo medio de 5.000 euros brutos, 28% de impuestos, y un alquiler ronda los 1.000 euros. Cualquier persona que tenga un trabajo, vive bien. Así estaba St. Lars, sin mesas libres. Mi guía trabaja cuatro meses seguidos al año y, el resto, puede relajarse. Este es uno de los privilegios de vivir en Noruega y esto ayuda a que el nivel de delincuencia sea muy bajo; a cualquier hora, se puede caminar con mucha tranquilidad.

A pocos pasos del hotel The Thief.

Regreso al hotel con una sonrisa de oreja a oreja. Esta noche he vivido una auténtica experiencia de cocina local. He cenado mejor que cualquier conde o rey vikingo, ningún foodie que se precie debe perderse la cocina de St. Lars. Dejo abierta la ventana. Entra una luz extraña. Las sabanas brillan. Escribiré un nuevo sueño en mi cama, la de esta noche es voluptuosa, lujosa. Ahora que lo pienso, es una pena no tener con quién probar el amplio repertorio de gadgets eróticos que ofrece The Thief —es un hotel muy sugerente para ir también en pareja—. Mañana nos espera el museo de historia del pueblo noruego; será una visita muy interesante y te la contaré la próxima semana.