Oslo: La primavera del planeta, 8

La mirada de Eros me derrite abordo del ferry que nos lleva a encontrarnos con la historia del pueblo noruego. Camisa DOCKERS, vaqueros de PEPE JEANS y reloj TimeWalker de MONTBLANC. Fotos: David Suárez Fernández.

El abedul y su mirada triste, tejados apetecibles como un sándwich eco, animales de granja y trajes regionales me llevan de viaje al pasado de Noruega.

Es grandioso el fiordo. Contemplo su armonía: agua y montañas. Las gaviotas no se dejan de escuchar. Llueve un poco. Un hombre joven lleva con estilo su traje del color del fiordo; pañuelo, camisa almidonada, zapatillas blancas, todo radiante como las nubes, y paraguas —qué buen look, se lo copiaré—.

El estilo se pasea por Aker Bridge.

En el muelle, junto al ayuntamiento, cogemos un ferry con la Oslo Pass (sale cada 20-25 min). Los turistas me piden acariciar a Eros. Hicimos 10 minutos de travesía hasta la península de Bygdøy. Subiendo por una colina de un barrio residencial elegante, llegamos al Museo Folklórico. Con Wi-Fi gratuito, corremos por senderos verdes. Estoy emocionado. Llegamos hasta una iglesia magnífica, data del año 1200 y es uno de los símbolos noruegos; su interior es rico en pinturas.

Bienvenida a la Iglesia de Gol.

Fue interesante entrar en las casas (los perros no pueden acceder); son 155, de madera, y fueron trasladadas desde su lugar de origen hasta este museo. La vida del lugar la componen animales de granja y los voluntarios que van vestidos con trajes tradicionales; utilizan elementos originales de la época, algunos encienden la chimenea, otros hacen artesanías, pan, juegan o pasean en carreta; la visita nos llevó dos horas.

Descubriendo los tejados antiguos del pueblo noruego.
Escena costumbrista y ambiente del siglo pasado protagonizada por uno de los voluntarios del Museo Folklórico.

¡Luego vendrá la primavera y el hermoso cielo azul! Quizá podamos viajar entonces. ¡Volver a ver el mar! ¡Oh! ¡Qué felicidad vivir y estar contentos! Henrik johan Ibsen

Abedul.

Aquí, bajo la sombra de un abedul, dentro de su círculo de paz, me entero de que su madera fue importante históricamente. Para mí, los árboles son muy expresivos. La corteza del abedul es de color blanco plateado, en ella encuentro formas de ojos; mira con tristeza, es como un árbol de fábula. Su corteza se utilizó para cubrir los techos de las casas. Además, mi guía de VisitOslo me contó que, en el pasado, su savia sirvió de aislante y permitió lograr la impermeabilidad de los tejados. Pude ver, en los tejados de las casas, capas de tierra, corteza de abedul, tierra y hierbas que se dejan crecer; este repertorio forma una especie de sándwich de permacultura. Estos tejados con hierba existen desde la época de los vikingos y son una imagen característica de Noruega. El roble también fue muy importante, con el se construyeron los barcos vikingos; era la mejor madera que podían conseguir.

No me dio tiempo para visitar otros tres museos de la zona. En el de los Barcos Vikingos tenía la curiosidad de ver sus famosas embarcaciones (drakkars), las hay originales; fueron restauradas y algunas maderas reconstruidas; hablamos de los años 700 al 900 después de Cristo. También me perdí el museo Kon-Tiki y descubrir allí al aventurero Thor Heyerdahl (1914-2002). En el Museo Fram están los detalles de la historia del barco polar Fram y las expediciones de Fridtjof Nansen (1861-1930) al Polo Sur y Polo Norte del 1893-96; el barco estuvo tres años encallado en el Ártico. Nansen es uno de los grandes exploradores noruegos, una persona muy querida y respetada.

Regresando en ferry desde la península de Bygdøy.

Motivado, más aún si cabe, con tanto espíritu aventurero, nos vamos a remar por el fiordo en kayak —los vikingos lo hacían abordo de un drakkar: ¡qué ganas! El próximo jueves, no te pierdas todos los detalles de nuestra experiencia.