Días azules en The Oitavos, 1

Eros y yo contemplando la belleza del hotel The Oitavos desde nuestra planta, la tercera. Fotos: David Suárez Fernández.

Volver es sentir aprecio. Y el estilo de vida que brinda este destino, creado por los Champalimaud, resulta irresistible. Aquí el azul y el oxígeno puro motivan una estancia deportiva y reconfortante. Acompáñanos a celebrar la vida por todo lo alto.

Visto de azul, en honor a la paleta de colores donde viajamos. Después de una hora de vuelo, aterrizamos en Lisboa y, en algo menos, accedemos con un coche a Cascais. A la salida, en dirección a la playa de Guincho, el transfer se desvía a la derecha. Subimos por una cuesta y entramos en Quinta do Marinha, el dominio de la familia Champalimaud en el Parque Natural Sintra-Cascais —una de las más importantes del país vecino—. Estoy feliz. Hace un día estupendo y se refleja en el edificio del hotel. Una mujer gigante, con una amabilidad inmensa, dispuesta siempre a entregar todos los placeres de la tierra y el mar me da la bienvenida al headquarters de la vida saludable. Se trata de la escultura ubicada en la plaza de acceso. Su rostro amable y las manos abiertas, hacia el viajero, para mi, simbolizan la gran hospitalidad que brinda The Oitavos. Me encanta esta obra del arquitecto portugués José Amaral Anahory. Eros no la registra, no huele a peonías sino a hierro.

Escultura de grandes dimensiones en la rotonda de acceso al hotel, la firma José Anahory.
Esta pasarela recorre el lobby, pasa por los salones, restaurantes y llega hasta la terraza que da a la piscina y a la inmensidad del Océano.

Siempre acabamos llegando a donde nos esperan. José Saramago 

Entro al lobby, diáfano y luminoso. Todo el hotel es transparente, es el primer hotel donde me he sentido dentro del paisaje. Suena Tiago Bettencourt. Hay un gran bouquet sobre el mostrador. La atención es estupenda; hay varios empleados en la recepción. Así recordaba esta casa —la primera vez que vinimos fue en mayo de 2015— . El hotel está lleno de golfistas de todo el mundo —durante esta visita, se estaba celebrando el Golf Corporate; fue en junio de 2016—. Con ganas, abro mi puerta; nos dieron la suite 249 (64m2). Esta vez, nos ubicaron en la cara Sureste de la gran “Y” que forma el edificio; el más moderno de la costa. Entro, todo tiene ese tono azul celeste que me enamoró la primera vez que lo visité. Rica amplitud y ultra luminosa, los ventanales van del suelo al techo. Decora el espacio la belleza del entorno. Mientras deshago el equipaje, Eros sale a la terraza. Huele a pino y a mar, su nariz debe registrar hasta el perfume de las flores que hay en las dunas (Rua de Oitavos, Quinta da Marinha; +351 214 860 020; HD desde 244 €; theoitavos.com).

En mi baño, amenities de la inglesa AROMATHERAPY ASSOCIATES, todo un fenómeno en el mundo de la belleza.

Solo oigo la brisa del Océano y el canto de golondrinas, gorriones y del pega-azul (rabilargo ibérico). Me emociona estar aquí. Bajamos. Nos vamos a pasear alrededor del campo de golf, es el más grande de Portugal; ocupa la posición 58 en la prestigiosa lista Top 100 de “Golf Magazine”. En sus 200 hectáreas hay un sendero, entre pinos, muy agradable. Me apetecía mucho hacer este paseo con Eros, a él le encanta, hay piñas para destruir; debo controlar que no se las coma, pueden hacerle muchísimo daño. De regreso, juego un rato al billar y a las damas; Eros me acompaña.

Lado izquierdo de la “Y” que forma el edificio ideado por José Anahory, arquitecto, escultor y pintor.
Eros disfrutando de su piña, yo vigilo que no se trague ni un solo trozo.
Damas elegantes, veraniegas, y mi fular favorito de SCARF OF THE WORLD.
Con mi mejor amigo hasta en el billar. Vaqueros DIESEL cinturón LOEWE camisa MASSIMO DUTTI zapatos GEOX reloj MONTBLANC correa y arnés MASCOBOUTIQUE.

Nuestra única defensa contra la muerte es el amor. José Saramago

Tengo una mesa en Atlántico Pool Bar para degustar una cocina saludable. Eros descansa a la sombra. Con una copa de champagne, miro, escucho y siento el encanto de la costa atlántica. Me tiento con un ceviche, ostras del río Formosa y un pescado del día (de esta misma costa). Me fascinó todo. Llegan mis pasteles de nata (pastéis de nata) recién horneados, los hizo el sous-chef Joaquim de Sousa, uno de los más reconocidos chefs de Portugal. Estas preciosidades las acompaño con un café Delta Diamond, el más rico del país vecino. Al atardecer, no hace calor. En la piscina, tengo tumbonas para elegir. Me doy un baño, el agua es marina y está climatizada. Sumergido en este mundo azul, desconecto.

Pescado del día con arroz.
Eros parece estar haciendo la meditación del sol mientras yo disfruto, también, boca abajo del presente.

Esto recién empieza, en este segundo viaje, viviré con Eros más planes emocionantes. Te los adelanto, nos verás pasear en Maserati, con caballos lusos, practicando senderismo, navegando, con surferos… Y Eros hará un nuevo amigo de su raza. En fin, la próxima semana te acercaré, más aún si cabe, al charm de la Costa Atlántica.

Fotos: David Suárez Fernández