Días azules en The Oitavos, 2

En la piscina de The Forte, villa del hotel THE OITAVOS. Traje de baño TOMMY HILFIGER. Fotos: David Suárez Fernández.

La piscina reservada del Oitavos me invita a la vida contemplativa, montaré y veremos a los mejores caballos lusitanos, llegaremos al fin del mundo y disfrutaremos de un hot spot para los surfistas.

Eros está jugando con Totas, su nuevo amigo es un teckel de pelo largo y es de Marta Champalimaud, la hija del propietario del hotel. Minutos después, Eros y yo vamos en un buggy a recluirnos en la paz absoluta y más privada de The Oitavos. Llegamos hasta The Forte. Parece un espejismo de lujo en esta joya del Parque Natural de Sintra-Cascais, aquí me quedaría feliz a escribir mi primer libro. El viento recorre todo mi cuerpo. Las orejas de Eros se mantienen en el aire —Creo que puedo volar, piensa Eros. El olor a mar y el aire puro me relajan, me tumbo al sol—. Me doy un baño, el agua es de mar y está climatizada. Reina la armonía. El tiempo parece detenerse. Contemplo la vista. Miro el azul profundo del mar y el celeste del cielo. En esta placidez, pienso en el estudio del color que hizo Johann Wolfgang von Goethe. El alemán afirma que es el color de la inteligencia, la sabiduría, la reflexión y la paciencia. Induce a la introspección, evoca paz y quietud. Actúa como calmante, sosegando los ánimos e invitando al pensamiento. —La teoría de Goethe me atrae y tengo el libro. — Por otro lado, en los anillos olímpicos, el aro azul corresponde a Europa y The Oitavos motiva ponerse y estar en forma. Es lo que tiene el tanto azul, despierta al filósofo que llevo dentro. Me pongo a nadar.

Llegamos en buggy a The Forte, THE OITAVOS. Alpargatas LOEWE, pantalón y camisa DOCKERS, cinturón HACKETT, reloj MONTBLANC y gafas DIOR.
The Forte, un antiguo fuerte reconvertido en la villa exclusiva del hotel THE OITAVOS.
Una mirada recíproca. Bañador TOMMY HILFIGER.

Más tarde, nos vamos al Centro Hípico. —Bosta, qué ganas de revolcarme, es lo que debe querer hacer Eros—. Aunque hay un mozo, me gusta ensillar el caballo. Monto un pura sangre, alazán, precioso. Eros me acompaña a una distancia prudente. Haciendo honor al aro olímpico azul, estoy haciendo deporte, montando a caballo por las dunas. Con tanto azul, parece que estoy entre los mismos dioses. Este entorno está protegido, es eterno. Sin caballo, en el club, presencio un concurso de lusitanos; raza portuguesa, considerada la más antigua de montar del mundo. Todos los que hay son bellísimos: ¡amo a los caballos! Novilheiro, un lusitano, hizo historia; lo montaba John Whitaker, uno de los mejores jinetes que han existido.

Instantánea de una relación (familia) donde se ve amor; el caballo posee una sensibilidad única, especial, es fiel y majestuoso.

La mejor lección es siempre el buen ejemplo. José Saramago

Miguel Benito García y el coche de su abuela, que nos llevó a descubrir sus secretos de Cascais.

Ahora, en un BMW clásico y oyendo a Barry White, Eros lleva las orejas al viento. Y así llegamos hasta el fin del mundo. Con mi amigo local, Miguel Benito García, uno de los tipos más encantadores de Cascais, nos acercamos al Cabo da Roca; fue el primer faro de Portugal (1772). Este sitio es salvaje: ¡espectacular! En el punto más occidental del continente europeo el viento, hoy, sopla con fuerza. “El lugar en el que acaba la tierra y empieza el mar”, así lo dejó escrito, en una placa del lugar, Luis Camoes; considerado el mayor poeta portugués. Toda la zona que hemos recorrido está clasificada por la UNESCO como Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad. En Cascais, damos una vuelta por el centro comercial Casa da Guia, todo un referente en la ciudad y sobre acantilados. Más allá, Miguel me enseñó su lugar preferido para ir con una chica, el bar Moinho de Don Quixote (Rua do Campo de Flores 7, Azoia, Colares); las vistas desde su terraza ajardinada son estupendas, tiene varios rincones encantadores, según él, la carta, de cocina mexicana, no es nada del otro mundo. Había gatos durmiendo la siesta.

Paseando por el “fin del mundo”.

En la praia Do Guincho, muy apreciada por los surfistas, he quedado con  Miguel Champalimaud, director del hotel The Oitavos. Mientras nuestro anfitrión cabalga las olas. Eros corre feliz por la playa. Qué día maravilloso hemos pasado.

Miguel Champalimaud, director del hotel THE OITAVOS, disfrutando de su deporte favorito en la playa de Guincho.
¡Gracias por este día fabuloso!

La alegría y el dolor no son como el aceite y el agua, sino que coexisten. José Saramago

Me doy un baño de inmersión con aromaterapia. Ceno en Ipsylon, el restaurante gourmet del hotel. Saboreando el mejor sashimi de atún que he probado hasta ahora, afirmo que Cascais, con sus 650 años de historia, brinda una muy buena calidad de vida; se puede venir por una razón y quedarse por muchas. Doy las gracias y las buenas noches. Viviré con Eros mi experiencia The Oitavos un día más —promete ser espectacular—, podrás disfrutarla el próximo jueves.

Los paseos por la noche en THE OITAVOS son mágicos.

Textos: Christian Oliva-Vélez
Fotos: David Suárez Fernández