Homenaje a Mandorla, la princesa de Zorba

Mandorla. Foto: Clara de Estrada

Hasta siempre Mandorla… Una tarde de verano, al borde del camino, creí reconocer, en un montón de huesos, la inconfundible silueta de un galgo. Detuve el auto, abrí la puerta y ante mi asombro, vi subir un ser atemorizado y raquítico que se entregó casi sin mirarme. A partir de ese momento, se adueñó de mi corazón para siempre y nunca más nos separamos. Era Almendra, Mandorla en italiano, debido a dos  luminosos y rasgados ojos que adornaban su pequeña y triangular cabeza. Hasta siempre Mandorla… Isabel de Estrada.

Mandorla, agosto de 2017. El texto, el que le precede al mío, es un extracto de la carta que Isabel de Estrada, co-fundadora de la Fundación Zorba, le ha dedicado a Mandorla. Pongo el Requiem de Mozart (un amante de los perros), misa interpretada por Jordi Savall, y pienso en la belleza que ves en la foto (realizada por Clara de Estrada). Mandorla volvió a nacer cuando tenía entre dos y tres años. Yo no tuve la suerte de conocerla pero, Isabel me habló solo maravillas acerca de ella. Nos reímos cuando me contó que, no le agradaba mucho juntarse con los demás perros, era un ser especial —quizás Mandorla vio, de cachorra, en la televisión a Sissi la Emperatriz y eso marcó su carácter aristocrático, como a mi me pasó con Heidi (hablaré de ello, tal vez, en otra ocasión); ojalá fuera así, tanto ella como millones de perros en el mundo no son respetados, son explotados, sufren maltrato, a manos de galgueros y cazadores—. Hace más de una década, Mandorla (en los huesos) eligió ser respetada y se subió, con dignidad, al coche de la mejor persona humana de su vida.

Isabel ayudó a Mandorla y ella a Isabel; no te pierdas el relato que de Estrada comparte en la página de Facebook de la fundación. La galga se ha llevado consigo doce años de amor y ha sido testigo de todo el trabajo que realiza su madre humana para ayudar a sus semejantes. Además, ella posaba como ninguna y se mostraba siempre participativa. Tal y como afirma Isabel en la fan page, ella fue la piedra fundamental de la Fundación Zorba (ONG que lleva el nombre de su perro anterior).

La Almendra más guapa del reino de Estrada, donde el respeto y la lucha por la dignidad brillan los 365 días del año, sufría de un tumor en los huesos; recibía, diariamente, inyecciones de un derivado de morfina sintética. A pesar del dolor compartido, ninguna perdió la esperanza. Hasta la semana pasada, lucharon juntas. Cuando Mandorla tenía unos 15 años, ambas se tuvieron que despedir. De Estrada la liberó del sufrimiento, acudió a su veterinario y Mandorla se fue en los brazos de su madre humana. Desolador. Acabo de hablar con Isabel —tiene nombre de reina luchadora—y la he sentido con más fuerza para cumplir sus sueños. Su capacidad de resiliencia la está ayudando a transformar el dolor en fuerza, en aprendizaje. Sin lugar a dudas, Mandorla continuará siendo su guía para seguir ayudando a otros. Como sabemos, el dolor puede aumentar exponencialmente la sabiduría existencial. Escuchándola, leyéndola, Isabel enriquece mi propia potencialidad resiliente y le agradezco que comparta su vida, por lo que está pasando. Es más, para que puedas conocer a la madre de Mandorla, mira el siguiente vídeo, a mi me robó el corazón —yo lo visualicé justo antes de conocerla durante mi último viaje con Eros a Buenos Aires—.

Desde este humilde homenaje, te invito a seguir la labor de mi bellissima amiga y compañera de lucha por #NoAlAbandono de los perros; gracias a su entrega altruista, miles de seres como Mandorla disfrutan de una vida digna. Mandorla sufrió maltrato, salió adelante gracias al amor que recibió de Isabel y fue muy feliz. Donde ella esté, en algún punto del universo, convertida en luz, en amor, también seguirá estando en Isabel. Su cuerpo yace en su cementerio privado donde, en un futuro muy lejano, de Estrada planea descansar con sus seres queridos. Su deseo me enterneció y le hablé de Peggy Guggenheim (La gran Dama del surrealismo) y de`sus nietos´, así se refería a sus catorce Lhasa Apso, ella está enterrada con ellos; “Aquí yacen mis adorados bebés”, así reza el epitafio situado en su jardín del Palacio Venier dei Leoni en Venecia. En este primer sábado sin Mandorla, al teléfono, la escuche sonreír varias veces, Isabel tiene un espíritu alegre. De todos modos, creo que es muy complejo encontrar consuelo cuando se vive la perdida de un ser querido. Toca vivir el duelo. Después de nuestro compartir, me tranquiliza saber que está con fuerzas y muy bien acompañada; en su paraíso en Argentina, al calor de la chimenea.

—Isabel: aunque ya lo sabes, te acompaño en el sentimiento. Eros y yo te adoramos.—

“Mandorla”, grabado realizado por Marina di Campello.

Texto: Christian Oliva-Vélez
Foto: Clara de Estrada para Fundación Zorba
Ilustración: Marina di Campello para Fundación Zorba