Bajo el cielo de París, 4

Leyendo "París no se acaba nunca" de Enrique Vila-Matas (Ed. DEBOLSILLO) en la terraza de nuestra junior suite del hotel LE PRADEY. Camisa GANT. Fotos: David Suárez Fernández.

Viviremos una tarde multisensorial. Perfumes nicho, jardines de palacios, la pastelería favorita de Luis XV y, en el hotel Le Pradey, nos espera una suite firmada por Hermès.

Vista del museo Picasso desde el Jardín Hôtel Salé-Léonor Fini.

Regresamos a Marais desde el concept store Merci Merci, donde comimos. En la calle Vieille du Temple encuentro unos perros en la cornisa de un palacio extraordinario, se trata de la trasera del Museo Picasso (5 Rue de Thorigny). Los miro desde el otro lado de la verja del Jardín Hôtel Salé-Léonor Fini, es un parque QualiPARIS; en estos, los perros no pueden acceder. Enfrente, un Bulldog es ordeñado por un hombre, se trata de una obra que decora la entrada de una inmobiliaria. Busco uno de los champús que más me gustan para Eros en la australiana Aesop (champú Animal; 64, rue Vieille du Temple). En el elegante ambiente creado por Penhaligon´s (34 Rue des Francs Bourgeois), descubro “Portraits”; una historia olfativa de ficción que está representada por cabezas de animales. —El suelo huele de maravilla. Me voy a revolcar. Allí voy— Eros detecta aromas sublimes o repugnantes y pierde la cabeza. Menos mal que Eros no me pidió que comprara la colección, no podemos viajar más cargados. Recién perfumados, entramos a las galerías de arte de la Place de Voges. En una de ellas, encontramos un Bulldog gigante y plateado. Llegamos hasta el número 6, donde vivió Víctor Hugo. Cruzamos el patio y jardín del Hôtel de Sully; en esta residencia se alojaron Madame de Sévigné y Voltaire.

Perros en la cornisa del Hôtel de Sully, el palacio acoge el Museo Picasso.
Arriba, en el segundo piso, la casa de Víctor Hugo; vivió en este apartamento de 1832 a 1848.

La libertad de amar no es menos sagrada que la libertad de pensar. Lo que hoy se llama adulterio, antaño se llamó herejía. Víctor Hugo

No me he olvidado de mi postre. Vamos de camino por la calle de Francs Bourgeois, qué bonito es el Musée des Archives Nationales. Pasamos por el Centro Pompidou, que celebra su 40º aniversario. Doce minutos después, entro con Eros a Stohrer, una patissier-traiteur del año 1730 (51 rue Montorgueil; Stohrer.fr). Esta es la pastelería más antigua de París, brinda placer desde que conquistó el paladar de Luis XV y es una cita obligada para el mío. Pido dos Eclairs Au Chocolat (4,40 € c/u), son los más ricos del mundo: ¡me fascinan! El peregrinaje, hasta esta auténtica calle de la gastronomía francesa (peatonal), siempre merece la pena.

Plaza del Centro Pompidou; edificio de estilo high-tech, diseñado por los arquitectos Rogers, Piano y Franchini. Ahora hay una restrospectiva de David Hockney, hasta el 23 de octubre: un must-see! Visité aquí su expo de los 90′. El artista adora a los Dachshund.
Eligiendo en Stohrer, una auténtica patissier-traiteur de París (fundada en el año 1730), mientras Eros investiga.

Nos esperan en el hotel donde pasaremos la noche —del cambio de hotel y equipaje se encargó el mismo propietario de ambos—. Estoy sin batería y no tengo la dirección. Estamos perdidos. Recuerdo su nombre y que está en el distrito 1. Lo más fácil era coger un taxi pero, ninguno aceptó llevar a un perro como pasajero. Ya en el barrio, entramos a cargar el móvil, tomé un café en Le Royal (1, place André Malraux; café 2€). Localizado el hotel, por Rivoli, doblamos en Saint-Roch y, a mitad de calle, entramos en Le Pradey (5 Rue Saint-Roch; +33 (0)1 42 60 31 70; Lepradey.com; desde 149 € ). Nos tocó la junior suite L´Explorateur, en el quinto piso. Abro la puerta. No me lo creo, todo es de la firma Hermès. Tenemos terraza, vistas a los tejados de París, a la izquierda, la iglesia de Saint-Roch y, a la derecha, el Jardín de Las Tullerais. Leo un rato en el balcón.

La tolerancia es la mejor religión. V´íctor Hugo

Recorriendo la Cour Carrée (Plaza Cuadrada), completada por Napoleón I; antes de la Revolución, el palacio estaba reservado a la corte de Luis XV, clero e invitados. Desde 1793, fue el primer gran museo abierto al público.
A Eros le da muchísimo miedo la altura y lo llevo en brazos hasta que se adapta. Vaquero PEPE JEANS Botas MOU Camisa GANT.

Estamos al lado del Louvre, donde está nuestro parque favorito. La ubicación es perfecta. Paseamos. Llegó la noche. La atmósfera es mágica. Pongo mi playlist de Cole Porter. No consigo mesas dog friendly cerca y terminamos cenando en Au Pied de Cochon (6 rue Coquillière; 01 40 13 77 00; Pieddecochon.com; menú 37 € y vino 14,90€). En esta brasserie comió Jacques Chirac, María Callas, Gad Elmaleh, Lambert Wilson y el equipo de Francia de Rugby entre otras personalidades; abre las 24 horas y los siete días de la semana. Aún saboreo su pan con mantequilla, el puré, la crème brûlée y los profiteroles bañados con chocolate.

Rodeados de barroco, en esta parte de los jardines del Louvre, los perros pueden pasear sin correa. Gorra HARMONT & BLAINE Abrigo PEUTEREY Vaqueros PEPE JEANS Botas MOU Reloj MONTBLANC Mochila ECOALF Correa y collar MASCOBOUTIQUE.
En la calle Rivoli, el Musée de la Légion d’honneur et des ordres de chevalerie; me invita a soñar con una fiesta con música de Cole Porter.

Cerraré nuestra noche parisina dando un paseo hasta el emblemático puente Alexandre III. Al llegar, me quedo fascinado con “la dame de fer” (la dama de hierro). En esta velada, lleva un exclusivo vestido de diamantes. Brilla la Torre Eiffel, símbolo de Francia y emblema de París. Retiro de mi cama la manta naranja de chachemire de Hermès. Hidrato mi cuerpo con la crema de Eau d`orange verte. Mirando a los tejados de estilo Haussman, me sumerjo en esta nube de algodón. Abro “París no se acaba nunca” de Enrique Vila-Matas. Así de única ha sido nuestra experiencia. Mañana será nuestro último día y desvelaré más secretos dog friendly de París el próximo jueves.

La magia desde el puente Alexandre III, el faro de la Torre Eiffel y los reflejos de la Ciudad de la Luz en el Sena.

Texto: Christian Oliva-Vélez
Fotos: David Suárez Fernández