Sin desearlo, Franz Kafka es una de las personalidades más relevantes de la literatura mundial del siglo XX. Invitados por su país pudimos descubrir parte de su pulsión de vida, su ciudad natal.
Me gusta Franz Kafka (1883-1924) y estoy enamorado de Praga. Ahora que estamos confinados, cómo me gustaría ser cisne para sobrevolar el río Moldava. El país ha dado luz verde a los turistas procedentes de otros países seguros. Esta semana celebraron el fin de la crisis del coronavirus con un banquete de más de 500 metros en el Puente de Carlos. En este día tan especial, rememoramos nuestra visita y subrayamos la importancia de cuidar el mundo, sino nos pasará como a ‘K’, el hombre que protagoniza ‘El proceso’ (1925). >Cómpralo en Amazon.es
Mi perro no es un individuo sin nombre, como aquel personaje creado por el escritor checo, se llama Eros. Una mañana abordo de una réplica de un Ford de 1930, rojo y descapotable, recorrimos juntos un poco de Praga (40 min, 1.200 czk). Junto a la Sinagoga Española y a la iglesia del Espíritu Santo, nos encontramos con el monumento a Franz Kafka, lo firma el escultor Jaroslav Róna. David, nuestro maravilloso fotógrafo, inmortalizó este encuentro.
Por el laberinto de calles del casco histórico llegamos al Callejón de Oro, Franz Kafka vivió en el número 22. De la casa solo queda el portal original. Él tuvo un padre tiránico (como yo). La calle parece de cuento, pero antiguamente estaba muy sucia (así lo afirma Kafka). La última parada fue en la parte más alta del Castillo de Praga, que inspiró a Kafka para crear ‘El Castillo’, uno de los libros que leí. >Cómpralo en Amazon.es Nos despedimos del chofer. Después de un brindis con grog y una tarta de miel, erotizado, llegamos hasta el Palacio de Verano de la reina Ana. Eros corrió por el parque de Chotek, el sitio predilecto de Kafka. Él mismo lo definió como el lugar más bello de la ciudad.
Como me divierte perderme, unas calles más allá, me quedé hipnotizado con la escultura de la cabeza de Frank Kafka. Firma la obra de David Cerny. Esta es una experiencia para vivirla aunque sea una vez en la vida. Apoyado en un árbol, me quedé un rato con Eros contemplando esta interpretación de la metamorfosis: ¡es fascinante!
Esté donde esté, gracias Kafka por su legado. Su ciudad natal nos recibió con mucho cariño.
Texto: Christian Oliva-Vélez
Fotos: David Suárez
Agradecimiento especial: Czech Tourism
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