Huerta ecológica cultivada con primor en Ciudad Rodrigo

Vistas de la ciudad amurallada desde la huerta.
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Quién no soñó con ser la señora o el señor de una huerta rica, como la de Altojardín. Fidela y Amador tienen su paraíso local en el Campo Charro y lo compartieron con nosotros.

La huerta de la casa Tyrell la conocimos por Netflix pero, la realidad supera la ficción. Con Eros visité un auténtico vergel en nuestro último viaje a Ciudad Rodrigo. En la vega, entre amapolas y verde para follaje, llegamos a la huerta de Fidela y Amador. Su paraíso local lleva siendo respetado desde hace tres generaciones. En esta pequeña tierra crecen una amplia variedad de frutas y verduras de calidad. Amador es un maestro de la cultura agraria, de la vida sana. Sus gallinas viven bien, y sin gallo, ponen huevos a diario; los he comido varias veces, están buenísimos.

Amador, un hombre feliz.

Todo lo producido por la tierra de esta pareja feliz es de consumo comunitario y un hobby. Con la simpatía y conocimiento de Amador, paseamos con Eros por el campo charro. Saludamos a unas yeguas y sus potrillos. Eros ocasionó una estampida. Deseando volver a tener cerca tanta belleza, descubrí en Amador a un susurrador de caballos. «Ven, ven, ven..» es el secreto que compartió conmigo. Con suave asertividad, los caballos regresaron y pudimos acariciarlos. Soy imperfecto y desde aquel día aprendí una nueva estrategia positiva para llamar a Eros y, por ahora, le satisface.

Es necesario hacer un consumo responsable de los recursos naturales y Amador hace buen uso de su pozo y del agua del río Águeda. En su casa, vestida con mimo, y contemplando vistas de postal del pueblo, tomamos el aperitivo; pan de pueblo, un buen Ribera y quesos artesanos cortados con cuchillo portugués.

Cena en el taller de Elvira Casado

La doctora Esperanza San Román fue mi anfitriona en el pueblo. La noche del sábado, preparó con sus amigos una cena en el taller de la conocida ceramista Elvira Casado. Intenté ser artista, supe reconocer a tiempo que soy pésimo, fui marchante de arte y visitar un estudio: ¡me fascina! Su trabajo es fantástico. Como si se tratase de una curaduría, vestí la mesa, llené el espacio de velas, luces y puse bossa nova. Qué rica cena, hecha con productos de proximidad. Acompañando las ricas pastas de Goyito, dueño de la pastelería Estreros, brindamos con un moscatel de Setúbal que quita el sentido. Este viaje me dejó una sensación maravillosa. Le doy las gracias a los amigos mencionados y, en especial, a Maite, Esperanza, Tito y a las primas de Eros, Cuca y Chica. Ciudad Rodrigo, Eros y yo: ¡te llevamos en nuestros corazones!


Texto y fotos: Christian Oliva-Vélez