Menorca secreta, primer día

Hotel Rural San Joan de Binissaida.

Entre muros de piedra seca, descubrí en Menorca una residencia sencilla y elegante. La atemporalidad de la finca y el entorno payés nos ha dado, a Eros y a mí, lo que necesitábamos, pasar unos días de descanso.

Llegamos a Menorca con Air Nostrum, la aerolínea me tiene totalmente conquistado. Eros y yo fuimos muy bien acogidos. Fueron muchos los detalles que recibimos. Al viajar en business class el asiento continuo lo otorgan como cortesía. Debajo de él, fue Eros. Viajamos muy cómodos.

Llegamos a Mahón, mi maleta salió la primera por estar identificada con una etiqueta de prioridad; este es otro de los beneficios que ofrece una clase business. Fuera nos espera Menorca. Circulando por un camino estrecho con un contorno de muros de piedra seca, arribamos a la zona de Es Castell. Aquí es donde está San Joan de Benissaida, nuestro hotel (A 143- 352€).

Nuestra habitación tiene terraza con acceso directo al exterior, lo más acertado para los que viajamos con perro. Paredes de piedra seca al lado de mi cama y en la ducha, esta piedra es todo un símbolo en la isla. Sábanas de algodón de la firma Bassols, amplios armarios, una cama para Eros y silencio: ¡cómo me gusta el silencio! Deshice el equipaje y nos fuimos a recorrer la finca con Eros.

Camí de Cavalls, un camino natural que recorre la isla
Después de pasar tres vallas, llegamos al Camí de Cavalls (GR233). Este camino recorre toda la isla, tiene diferentes niveles de dificultad y es toda una aventura. En esta oportunidad nos fuimos hasta la cala de Sant Esteve. En esta cala de rocas nos encontramos solo con cuatro personas y eran locales. Recién llegados de Madrid, nos dimos un baño, el primero de Eros en el mar. Al principio se asustó un poco. Es asombroso comprobar cómo, por instinto, Eros sabe mantenerse a flote y nadar. Un pulpo vino a fisgonear este baño inaugural. A la celebración, se unió otro perro que estaba en la cala.

Ses Forquilles crea la carta de la finca 

Hotel San Joan de Binissaida.
Mi mesa.

De vuelta en San Joan de Binissaida, me ducho junto al muro de piedra seca de mi baño. En la cena, me sorprenden con un chardonay 2014 de Binifadet. Es el más original que he probado, tiene un perfume y un sabor único en el mundo. Es fresco. Sus matices de flores, manzanilla, romero y tierra arcillosa los identifico con Menorca. Pruebo varios platos de la cocina de Oriol Castell, chef del restaurante Ses Forquilles, uno de los mejores de Mahón. Para este hotel rural, ha diseñado el tipo de carta que me gusta. Se trata de una oferta slow food o cocina de proximidad. Esta noche, en mi paladar, reinó la armonía. En la galería veo la huerta y un gran terreno de hierba impecable. Ya me imagino a Eros corriendo por allí. Le va a divertir muchísimo que lo lleve a ese reservado green.

Dicho y hecho, Eros corre y viene hacia mi mostrándome su alegría. Me tumbo sobre el césped, es un placer, creo que supera la comodidad de cualquier cama. Bajo la luna llena, Eros me hace reír mucho mientras converso con mi madre por teléfono. Un búho sobrevuela la escena. Ha sido un día lleno de emociones y parece que ambos necesitamos descansar.

Nuestra primera noche en San Joan de Binissaida

Dormí arropado por sábanas blancas y la pared seca de la suite “Hendel”. De madrugada, me desperté con Eros durmiendo a mis pies y me llamaron la atención alocadas sombras. Mirando al este, abro las cortinas. Hay viento de tramontana.  La palmera lleva la melena al viento. Dimos un paseo con Eros, saludamos a las gallinas, que parecen estar en un debate constante, y volví a dejarlo en la habitación.

Siguiendo con los clásicos, en el desayuno, me di un homenaje de productos típicos: frutas de temporada como las “estivadas” (melón, sandia y tomates),  sobrasada de la casa Ducicela, queso de Maó (se elabora con leche cruda de vaca y siguiendo los métodos tradicionales), mermelada de naranjas con romero, huevos blancos de quica (así se llaman las gallinas menorquinas, son negras y ponen huevos blancos) y ensaimada de la panadería Es Llunget. Acompañé este manjar con manzanilla de la isla con zumo de limón recién cogido del árbol. Eros me espera, le toca su desayuno. Esta vez le he traído Orijen, alimento canadiense de origen biológico y galardonado como el mejor.

Cojo mi fular y me voy con Eros a saludar a los demás animales de la finca. Me asombro al descubrir que las ovejas tienen rabo. En las Baleares hay una ley que prohíbe esta práctica de mutilación innecesaria para los animales. Hay varios corderitos. Nos acercamos a la yegua y a su cría, los dos mostraron curiosidad al ver a Eros. Interrumpimos el cloqueo de las gallinas, estaba el payés alimentándolas. Las quica tienen un terreno fantástico con una caseta grande de madera donde ponen unos 30 huevos por día, los probé en el desayuno y me gustaron mucho. Me alegró ver lo bien cuidados que están los animales de la finca. Dejamos el campo para más tarde.

¡Hormigas! Estoy escribiendo, el escritorio ha sido invadido por un ejército de hormigas que ha venido a por dos croquetas de Eros. Faltaban ellas para darme la bienvenida, así de amable es la naturaleza de la isla. No se puede dejar nada de comida al descubierto porque atacan sin compasión. Después de un día en Menorca, me siento más conectado que nunca a la naturaleza y eso que el viaje no ha hecho más que empezar. Continuará.


Texto y fotos: Christian Oliva-Vélez