Mirar en Oporto cultiva el arte de la observación

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Mirar el legado que reside en Oporto entretiene, enriquece los sentidos. Observando, así pasé las últimas horas en la ciudad más bonita del norte de Portugal.

Mirar, escuchar, probar, tocar y oler —en esto último, Eros es un genio— resulta un placer si se hace en una ciudad tan bonita como Oporto. Durante el viaje, leí poco, codiciaba las vistas (privilegiadas) que tenía desde nuestra habitación en el InterContinental. El hotel estaba perfumado con difusores de la marca Castelbel Porto. La ciudad es una marca de reconocido prestigio en el mundo. Su sola mención, remite a una atmósfera única, singular, y a la reconocida calidad de sus firmas.

José Saramago
Leyendo a José Saramago.

Seguí buscando direcciones, típicas y nuevas, pero, aquella mañana no tuve suerte. Es una lástima que el antiguo Café Majestic, el concept store A Vida Portuguesa y la Mercearia das Flores, un ultramarinos bien puesto, no sean dog friendly.

Dejamos el coche en el aparcamiento del Jardim do Infante Dom Henrique. Bajamos al río. Paseamos por el Muro dos Bacalhoeiros. Mirando, me perdí. Nuevos mundos descubrió El Navegante, que nació aquí. Subimos un tramo de escaleras. Yo no cargo barriles de vinho do Porto pero sí con mi hijo no humano, que pesa casi 8 kg. El amor es así, a veces pesa.

En la ribeira encontré el restaurante donde sirven la comida más rica


En la rua de Afonso Martins Alho, en la Ribeira, encontré Bacalhau Portugues Wine Food. Esta callejuela es muy estrecha y sentarse fuera no resulta cómodo. Comimos dentro. En nuestra mesa, plato con aceite de oliva extra virgen y vinagre de vino tinto de la Herdade do Esporão (de los más ricos de Alentejo), mantequilla con ajo, pan casero, pasta de bacalao y otros platos que ya no recuerdo. Probé tres vinos y me quedé con Quinta de Saes (tinto la región de do Dão), intenso y sedoso; excelente.

Llegó la hora de irnos. Me despido de las vistas de la Praça da Liberdade y Avenida dos Aliados. Despegamos de Oporto rumbo a Madrid. Estamos muy cerca, la duración el vuelo es de 1 hora (con aterrizaje y despegue incluidos).

Oporto
Después de comer, corrimos por el Jardim do Infante Dom Henrique.

Texto: Christian Oliva-Vélez
Fotos: David Suárez