Praga adora a Eros, 5

río Moldava. Disfrutando del paseo en barca por el río Moldava.
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Belleza. Obras del pasado y del presente, gastronomía y amplia oferta de planes hacen de Praga una ciudad para bebérsela con tranquilidad. Eros sigue el ritmo, parece que ni él se quiere perder nada.

Después de comer en Kampa Park (38€ p/persona), salgo en busca del postre. Antes, en el herbolario Country Life Liliova (el mejor de la ciudad), me hago con un aceite esencial de árbol de tilo. En Choco Café Rodinná Cokoládovna pido uno de sus clásicos, chocolate caliente con base de nueces y nata recién montada, delicioso (2,70€). El lugar es auténtico y acogedor. Para no perderse esta experiencia, conviene reservar mesa.

Recorrí el monumento de Jan Hus, de noche es impresionante. Contemplando la belleza de Nuestra Señora de Tyn no dejo de pensar que puede aparecer un dragón. Llegamos a la Ciudad Nueva. Una curiosidad, el semáforo en verde para el peatón emite el sonido que hacen las cigüeñas. Me encuentro con el Teatro Estatal de Praga, aquí Mozart estrenó Don Giovanni.

Teatro Estatal de Praga
Teatro Estatal de Praga, aquí Mozart estrenó Don Giovanni.

Más tarde, descubro diferentes expresiones de arte con aroma a café. Visité el Gran Café Orient, sus lámparas Art Noveaux son lo más bonito del lugar, todo es una réplica del original. Al igual que el Café Imperial, no me resultaron tan acogedores como el Café Savoy. Entramos con Eros en la famosa Galería Lucerna. En su interior, del techo cuelga una escultura de San Wenzeslao con su caballo muerto, obra de Josef Václav Myslbek. Me gustó el vitreaux dedicado a Tesla. Unas calles más allá, sin mirar el mapa, di con la escultura de la cabeza de Frank Kafka. Esta es una gran obra de David Cerny, de esas cosas que no hay que dejar de ver. Apoyado en un árbol, me quedé un rato contemplando esta interpretación de la metamorfosis: ¡es fascinante!

Viajar es fatigoso, pero no podría vivir sin viajar. Frank Kafka.

Puente de Carlos.
Pandilla checa en el puente de Carlos.

Atardecer en la rivera del Moldava

Volviendo a la Ciudad Vieja. En la rivera del Moldava, me siento en una terraza. Un músico ameniza el atardecer (cerveza 500 ml, 2€). Aquí se dan cita personas dispares que comparten mesa. Se trata de un lugar muy entretenido. El río, la música en directo, cervezas, patos y barcas. No puedo estar en un lugar mejor. Cuando cae el sol detrás del Mirador de Petrín, en el hotel, me preparo para la cena. Pido un taxi en la recepción.

Gastronomía checa y los mejores cocktails de Praga

Llego al restaurante Cestrcocina regional y buen ambiente (30€ p/ persona). Por esta zona también está el barrio gay. Dejo a Eros en el hotel. Cruzo al Hemingway Bar, es elegante y muy acogedor. El trato es fantástico. Petr Slavícek, uno de sus expertos bartenders, me prepara un cocktail a medida. Agradecido, brindo por la República Checa: nas zdraví!

En la cama, enamorado de Praga, escuchoLa ci darem la mano”, el dueto de Don Giovanni. Mañana nos vamos a Kutná Hora, ciudad de la Unesco. El próximo jueves compartiré nuestra experiencia medieval.


Texto: Christian Oliva-Vélez
Fotos: David Suárez