Rudyard Kipling emociona. Descubre el nuevo título de Alba Clásica, lectura imprescindible

"Clarence Barker, 1885", obra del sueco Anders Zorn.

Rudyard Kipling recopiló nueve cuentos y cinco poemas dedicados a nuestro mejor amigo. Su obra es muy conmovedora.

Portada del libro “Cuentos de perro” de Alba Clásica, traducción: Jordi Doce. Tapa dura, 216 páginas (16,90€).

Rudyard Kipling (1835-1936), un talento extraordinario de la escritura, no deja a nadie indiferente desde la época victoriana. En alguna de sus obras, crea un relación intelectual entre los hombres y los animales que sorprende. Esta característica es la que me transmite el cuadro que he elegido para la portada de este artículo; es una pintura del sueco Anders Zorn (1860-1920): ¡me fascina! En la época victoriana, Kipling fue el autor más prominente; entre otras cosas, hizo recapacitar al hombre acerca de su ansiosa inquietud con respecto a la locura. Su legado incluye títulos como ‘Dog stories’, que por fin se pueden leer en castellano gracias a la editorial Alba Clásica.

En 1934, dos años antes de su muerte, Rudyard Kipling reunió en un volumen nueve cuentos y cinco poemas dedicados a los perros, esos animales adaptados a la humanidad que a veces saben «más que un hombre». Picarescos o heroicos, domésticos o casi fantásticos, de India a Inglaterra pasando por los parajes helados del Ártico, estos cuentos de perros tratan por supuesto de la lealtad; pero sobre todo, de cómo el ser humano proyecta en los animales adiestrados para la compañía o el trabajo su propia personalidad y sus propios deseos, y de cómo alcanza a definirse a través de ellos. El escritor nos hace saber que, un perro puede tirar de un trineo o cazar zorros, puede ser una mercancía valiosa o una inesperada ayuda terapéutica, pero también tiene una vida propia: llega hasta amar a quien no corresponde, enloquecer, deprimirse o simplemente no entender. A veces, son los propios perros quienes toman la palabra y cuentan en su propio idioma su experiencia con los humanos y otros animales; o piden no ser abandonados, o requieren cuidados especiales cuando son ancianos. Y alguno hay que sube al Cielo y tendrá que esperar la llegada de su amo junto a la silla de san Pedro. Qué ganas de leer todos sus cuentos y poemas.

Sabía administrar sin pedantería esa profusión léxica. Cada línea de Kipling ha sido sopesada y limada con lenta probidad… Jorge Luis Borges

Retrato de Rudyard Kipling, archivo de Haileybury College.

Kipling nació en Bombay (1865), su profusión léxica se ha equiparado con la de Shakespeare. Ganó el premio Nobel de literatura (1907). Jorge Luis Borges lo admiraba, le conmovió el relato de ‘El jardinero’. El escritor argentino lo tuvo presente en obras como ‘La casa de los deseos’. Acerca de él, cuenta que fue un solitario, poco o nada le importaba la fama, ensombreció su vida la muerte de su hijo en la I Guerra Mundial y murió de cáncer en Londres (1936). Asimismo, Borges afirmó que sus cuentos están cargados de humanidad.

Por lo pronto, aunque aún no he leído este libro, es mi deseo que el espíritu navideño sea compartido también con todos los perros y necesitaba darte a conocer esta noticia. Creo que, el lanzamiento de este título es de gran ayuda para estas fechas; los abandonos se incrementan en las Navidades. Para concluir, a continuación, te acerco un emotivo poema del autor.

Un perro para Jesús

Yo quisiera que alguien le hubiera dado a Jesús
un perro tan fiel y cariñoso como el mío,
que hubiera dormido junto a Él en el pesebre,
que lo hubiera mirado con amor,
y lo hubiera adorado por ser Divino.

Al crecer Nuestro Señor, lo hubiera seguido
a través de los días y los años,
mientras predicaba a las muchedumbres,
resucitaba a los muertos,
o se arrodillaba en el Huerto de los Olivos para rezar.

Es muy triste saber que Jesús se enfrentó solo a la muerte
sin el amor de un perro que le acompañara
para confortar su corazón.

Y cuando Jesús resucitó la mañana de Pascua
¡que feliz habría sido al ver a su perro
y como éste lamería sus manos
lleno de alegría por volver a verle!

Pero, ahora Jesús, ya tiene un perro.
Hace poco que le he enviado al mío
mi viejo compañero, tan querido por mí.

Día tras día, durante mucho tiempo
adonde quiera que fui, cuatro patas decían:
¡Espérame, que voy contigo…!

Y era feliz, corriendo tras mis pasos.
Ahora sonrío a través de mis lagrimas,
en este primer día en que me falta su compañía
sabiendo que acompaña a Jesús en la Eternidad.