Santuario de Nuestra Señora de Chilla, una visita que invita a dar las gracias

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El santuario de Nuestra Señora de Chilla es un destino de película, se come muy bien y el paisaje es un espectáculo.

El santuario está a pocos minutos de la Quinta San Cayetano. La Virgen de Chilla es la patrona de Candeleda y durante la segunda semana de septiembre se da cita la romería. Se trata de una fiesta de interés turístico nacional. Yendo hacía la ermita, en la carretera arbolada, nos encontramos con un pastor y sus dos dálmatas.

El entorno es magnífico. Reina la piedra, la sombra de los castaños, fresnos, alisos, el canto de los pájaros, el perfume de las flores y el ruido del agua de las fuentes. Entré en la ermita, un templo de estilo herreriano. En el retablo, la talla de la virgen y, a sus pies, el pastor con su perro y una cabra; recrea la aparición que cuenta la leyenda del año 1300.

Mía Hurtado de Mendoza y Alberto Muñoz, nuestros anfitriones en la ladera de la Sierra de Gredos, me agasajaron en el Refugio de Chilla. Si pretensiones y con afecto, el restaurante ofrece lo mejor de la cocina regional, es formidable (menú, 12 €). Los perros son bienvenidos en la terraza, su balcón panorámico invita a dar las gracias por lo bonita que es la vida. Sin duda, todo viajero debería planear, aunque sea una vez en la vida, recorrer el Valle del Tietar. Eso sí, hospedándose en la Quinta San Cayetano (+34 91 828 10 39; quintasancayetano.com). Si sigues mis consejos, tus deseos —pedidos a las estrellas, a la virgen o a San Cayetano— te serán concedidos y repetirás. 


Texto y fotos: Christian Oliva-Vélez