Una carta con producción propia de los alimentos mola y mucho, descubre dónde disfrutarla

La mejor compañía y el café libre de crueldad hecho con amor en Mola.
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Mola es un proyecto gastronómico innovador. Su propuesta es 100% vegana, de producción propia y la sirven con amor y sin pretensiones en su local del barrio de Palermo Hollywood, no deja indiferente a los que pensamos en el planeta y adoramos a los animales.

Ser vegano sí que mola, nada más ético y saludable. Mola es el lugar que elegiré para volver en cuanto acabe la cuarentena (El Salvador 5747). No sé por qué los chinos comen murciélagos, es un chiste que está circulando por Alemania (a mi me lo contó ayer un profesor universitario alemán y amigo mío).

Yo me defiendo en la cocina pero, no soy de los que hacen conservas, ni tengo huerta. En Buenos Aires se encuentra poca variedad de alimentos y los de proximidad no son fáciles de encontrar. Qué ganas de tener, otra vez, la carta de Mola en mi mano. “Bienvenido a nuestra casa” es la frase que se puede leer en su menú. Se trata de la novedad vegana en Buenos Aires. Sus artífices son Mario Santín y Bárbara Asselborn. Él es ingeniero nuclear y esta oferta saludable es su aporte para la sociedad.  

Avocado toast.

El local es como un oasis de salud inmerso en la bulliciosa Buenos Aires. Abrió las puertas en enero y se ha convertido en el favorito de la gente del barrio. Desde ya, resulta una visita ineludible para los que aprecian o desean descubrir la cocina vegana, la de Mola es creativa. Juana, su barista, prepara los cafés con amor y utiliza el blend “paciencia”, el de la casa, que es de Colombia y Brasil. El frappuccino caramel ($210/ 3€) o el clásico ($200/ 2,85€) no tienen competencia en esta metrópolis del hemisferio sur. La crema (nata, en español) es una perdición. Su avocado toast ($250/ 3,60€) es la más rica que he probado, tiene un sabor únicoCasi la totalidad de lo que sirven es de producción propia y de origen vegetal. ¡Este sitio sí que mola!

Vuelvo a ver la foto donde está Eros. Recuerdo aquel instante, fue muy tierno. Sonrío, y se me hace la boca agua. Mientras llega ese momento de repetir, yo me quedo en casa con mi perro.


Texto: Christian Oliva-Vélez
Fotos: Florencia Petra