El pastel que sabe a besos

La receta secreta de las monjas de San Jerónimo (s. XVI) está protegida y, solo en Lisboa, la puedes sentir en tú boca. Me di el gusto. Conviértete en mi voyeur.

En Belém, barrio cultural y uno de los más exclusivos de Lisboa, está la pequeña y ornamental Torre de Belém. Antes del monumento, no podía dejar de pasar por una de las pastelerías más visitadas del mundo. Necesitaba besos —muchos—.

Lisboa
Vistas desde la pastelería.

Amor es un fuego que arde y no se ve. Luis de Camões

Como peregrinos, los dulceros hicimos cola para comprar los famosos pastéis de Belém (pasteisdebelem.pt). Se trata de una de las maravillas de la cocina tradicional portuguesa. Como suelen acostumbrar las pastelerías y panaderías de renombre, las recetas de éxito son un secreto. En este caso, solo la conocen tres personas y está guardada en una cámara de seguridad. De manera artesanal, los empleados rellenan los pasteles de hojaldre utilizando el relleno que reciben de su ‘Oficina do Segredo’ (oficina del secretro). No lleva nata, sino huevo y azúcar. Se hornean una media de 20.000 pasteles al día. Al parecer, la receta de la fortuna proviene del vecino Monasterio de los Jerónimos.

Me senté a la sombra en el Jardín de Vasco de Gama. Como un amante, disfruté de besos a la sombra, de la apreciada crema de este pastel típico; que mi cuerpo no necesitó expiar. Recuerdo los bocados que le di, aún estaban calientes. Fue una experiencia: ¡sublime! Mientras tanto, Eros descubrió el parque.


Texto: Christian Oliva-Vélez
Fotos: David Suárez