Bajo el cielo de París, 2

Bistró Au Petit Fer A Cheval Con Eros en el bistró Au Petit Fer A Cheval.

Lo que verás, bajo el cielo de París, es nuestra auténtica noche Bobó. Te la pinto.

Con Eros y la botella de vino, cogí un taxi hasta la casa-estudio del pintor Manuel Cancel (bajada de bandera 2.50€; hay Wi-Fi en el taxi). Cancel (1951) es un artista argentino y París, su ciudad adoptiva. Tengo obra suya y conozco su trabajo. El poderoso monsieur Landau es su marchante, vende obra de los artistas más cotizados. Al parecer, el estudio del legendario decorador Alberto Pinto recibió el encargo de decorar el aeropuerto privado del Emir de Catar y allí hay dos cuadros de gran formato de sus pastos.

Manuel Cancel
Eros y Manuel Cancel.

El universo creado por Cancel es poesía de la Pampa. Por su infancia, el campo argentino es recurrente en su obra. También representa los Everglades, Menorca y animales acuáticos. La cena fue divertida. Después de fregar los platos, regresamos al entretenido Marais.

Eros
Eros y los pastos de Manuel Cancel.

Au Petit Fer A Cheval, antiguo bistró de París

Mansiones, el auténtico París dormía tras esas paredes grises, y la farolas dieron luz cálida a nuestro paseo. Pasamos por el museo Carnavalet y llegamos a la place de Voges (el acceso a los perros está denegado). Solo nos cruzamos con familias de judíos —en este barrio reside la comunidad más grande del mundo—. Velas en los restaurantes y gente disfrutando. Entré con Eros en el centenario bistró Au Petit Fer A Cheval, es un local auténtico.

Au Petit Fer A Cheval
Uno de los empleados del restaurador Xavier Denamur; propietario de este bistró y de media docena en el barrio como Les Philosophes y La Belle Hortense.

Cantaba Stevie Wonder. En el pequeño bar —haciendo honor a su nombre, la barra de mármol tiene forma de herradura—, pedí al camarero (de look hipster) un vaso de coñac (4cl, 8 €). Frente a la barra, un espejo antiguo. Por otro lado, un viejo teléfono y un cartel de cabaret. El suelo está revestido con mosaicos. No tomé ajenjo pero aquella atmósfera me evocó a los óleos de Édouard Manet. Sin mi sombrero de copa, pensé en la vida bohemia. Beber no me hace nada bien y me marchita como a ‘Mimi’, pero este Hennessy está buenísimo. Enfrente, entramos en La Belle Hortense. Vinos, libros y mucha gente, una dirección Bobó (bourgeois bohème). Atrapa. Terminó “Under Pressure” de David Bowie y nos marchamos. 

Bar Cheval Blanc.
Lo pasé regio: vive la France!

La música expresa todo aquello que no puede decirse con palabras y no puede quedar en el silencio. Víctor Hugo

Me llevé a la cama a Víctor Hugo y a los grandes de la canción francesa 

Después de mi momento parisino, ya en la habitación, Eros dormía feliz en el sofá; entre almohadas y sábanas blancas. Mi cama estaba abierta, antes de meterme, seguí disfrutando de mi noche en el Dupond-Smith. Charles Aznavour, un baño caliente y perfumado. Canté. Me sentí todo un burgués bohemio.

2:30 am, cerré “Notre-Dame de París” de Víctor Hugo (Ed. Literatura Random House). Apagué la vela y las luces de mi atmósfera romántica. El próximo jueves te contaré nuestro segundo día. Quasimodo nos estuvo mirando, entregué mi barba en un salón hipster de la Île Saint-Louis, cambiamos de hotel, de barrio, y comimos en el sitio de moda. Estate atento.


Texto: Christian Oliva-Vélez
Fotos: David Suárez