Innsbruck, la capital de los Alpes, 6

Fotos: David Suárez Fernández.

Descubriendo los secretos de las cumbres de Innsbruck.

A 2.000 metros de altura Eros y yo jugamos con otros perros. El camino alpino Zirbenweg es azul. El oxígeno puro ensanchó mis pulmones y la vista se tornó poderosa, casi como la del águila tirolesa. Con Eva Staudinger, montañera experta de Innsbruck Tourismus, recorrimos un sendero de piedras, había pinos cembros por todos lados. Disfrutamos del silencio. Desde aquí arriba la panorámica de los Alpes, de Innsbruck y del valle del río Inn deja con la boca abierta a cualquiera.

Según las hipótesis, siglos atrás, Aníbal transitó por aquí con su ejército. Como atestigua Polibio: Aníbal se sirvió de este bello espectáculo, único recurso que le quedaba, para quitar el miedo a los soldados. Contemplando esta inmensidad, el paisaje no debe distar tanto del que vio él y su ejército. Sin estrategia ni elefantes, nosotros hicimos un itinerario de placer. Eros iba el primero, menudo general más audaz tengo.

Hambrientos, pero no derrotados, con todo mi equipo, comimos en Das Schutzhaus, el mejor albergue alpino de estas cumbres desde 1887 (40€ p/p). Este chalet también ofrece alojamiento.

All images are under copyright © David Suárez Fernández.
Brindando por Innsbruck en Das Schutzhaus.

Después de nuestra comida de montaña, bajamos en el teleférico. En la cabina, Eros jugó con el perro de una mujer que, en 13 años, hizo 430 montañas de Innsbruck con su anterior perra. A llegar, nos esperó un coche con chófer. Conocimos el pueblo de Igls, auténtica granja alpina.

Me llamó la atención una tienda ubicada en una casa tirolesa, entramos a Kunstwerkstall. Todos los productos son bio y artesanales de la región, calzado de colores, cerámicas pintadas a mano (peras y manzanas), jabones y almohadones con lavanda.

Con el coche, en pocos minutos, visitamos el Castillo de Ambras. Hice yoga y abracé un árbol centenario. Por último, descubrí Gruenwalderhof, hotel y restaurante ubicado en la residencia del conde Thurn und Taxis.

En la ciudad, cenamos en Ottoburg. El restaurante más antiguo de Innsbruck se aloja en una fortaleza del 1494 y es una institución de cocina tradicional. Tomamos una copa el Dom Café, el bar de ambiente de la ciudad. Antes de dormir, paseamos por el parque junto al Teatro Nacional del Tirol. Abrí la cama blanca, esa noche escribí mi último sueño en Innsbruck. El próximo jueves te contaré los detalles de la despedida de la Joya de los Alpes.


Texto: Christian Oliva-Vélez
Fotos: David Suárez