Oslo: La primavera del planeta, 9

Fiordo de Oslo Navegando con Annett Brohmann de Oslo Kayak Tours. Gafas BOSS reloj MONTBLANC arnés MASCOBOUTIQUE. Fotos: David Suárez Fernández.

En la Marina Sjølyst, unos perros se meten felices en el agua. Mástiles y cascos blancos aguardanecharse a la mar. Mi alma se siente tan colmada que, no deseo estar en otro sitio.

Oslo es un sueño y voy a apreciarla desde el agua. En un rato, viviremos una experiencia a medida con Oslo Kayak Tours. Llegamos en autobús (número 32) hasta la Marina Sjølyst. Una mujer pinta el casco de su antiguo barco de madera. El fiordo es apacible. Rico en matices de verde. Baña la atmósfera una luz suave. Aunque me gusta la ciudad, me inclino por la naturaleza y Oslo cumple de manera incomparable ambas preferencias. En este entorno, Edvard Munch tenía una cabaña y un estudio —en sus 100 km de longitud, reside el 40% de la población de Noruega —. La belleza que contemplo parece inagotable, es fresca, vive a sus anchas, no está corrompida y es respetada.

Marina Sjølyst.
Perros que no dudan en meterse en el agua helada.
Oslo Kayak Tours
Annett Brohmann de Oslo Kayak Tours.

Me encuentro con Annett Brohmann, instructora y cocinera amateur de Oslo Kayak Tours. En inglés, y otro poco en castellano, me da a elegir canoa, remos y chalecos. Me propone diferentes travesías de su oferta Sightseeingtours (3 hs /108 € y 4 hs/124 €; también ofrece tour con cocina nórdica en el kayak o en la playa, 172 €; Oslokayaktours.no). Me pongo el chaleco. Remo. Con mi hijo no humano, nos deslizamos por las tranquilas aguas del fiordo. A estribor, veo la lengua rosa de Eros. Las palas salen y entran del agua brillando. Estar en movimiento, rodeado de vida y paz me entusiasma muchísimo. Eros me mira feliz, le sonrío desde el corazón; va justo sentado debajo de mi remo; está entretenido, el aire huele a frescura. Meto la mano en el fiordo, lo mojo para refrescarlo.

Oslo Kayak Tours
Durante la travesía.
Oslo
Casa de uno de los hombres más adinerados de Noruega.

En esta entrante del mar, que es muy profunda, hay islas, cabañas de colores, mansiones, muelles, plataformas con trampolín, veleros, ferries (líneas 92 y 93, consultar aquí los horarios) y osloetas tomando el sol en la playa. Nos contempla un bosque frondoso que se elevan por encima del agua y sobre la base de un terreno rocoso. Desde lo alto, unos hombres también se lanzan al agua. Se aproxima un torpedo, nos pasa; rema una mujer, de unos 60 años, en su kayak de competición —pregunté por ella, era una ex piragüista olímpica—. Motivado, empecé a remar con vigor.

Fiordo de Oslo
Ex piragüista olímpica que pasó a nuestro lado.

Huk beach, la playa natural más bonita de Oslo

Nos bañamos en Huk beach, la playa natural más bonita de Oslo; los perros son bienvenidos (tiene restaurante; pago en efectivo). Hasta aquí también se puede llegar en el autobús número 30; un sendero de pinos y enebros te llevan hasta la playa. En verano está llena. Volvemos a remar. A las afueras de la península de Bygdøy, llegamos hasta un islote donde está el restaurante Dyna Fyr. Después de esta aventura, comimos en Maschmanns Matmarket, un mercado bio irresistible (pizza al horno de leña y cerveza, 26€). 

Huk beach
Orgulloso de mi hijo no humano, se porta muy bien.
Maschmanns Matmarket
Solo la terraza de Maschmanns Matmarket es dog friendly (pizza Manzo, 21,50 €, y cerveza Coisbo, 7,50 €).

Texto: Christian Oliva-Vélez
Fotos: David Suárez