Villa Baulieu, alegoría del amor en la Provenza

Villa Baulieu. Eros y Villa Baulieu.

Villa Baulieu evoca la corte de Francia. Lo comprobé, después de volar con Air Nostrum, entramos en los dominios de la bodega Château Baulieu en la Provenza. En esta obra de amor incomparable, los Guénant nos acogieron por unos días.

Villa Baulieu con Eros, un sueño que se cumplió. Volamos desde Madrid con Air Nostrum, en Business Class, hasta Marsella. Fue un vuelo de apenas 1 hora y 20 minutos, donde la compañía se lució tanto por el avión como por el trato personalizado, el servicio, la puntualidad y un impecable despegue, vuelo y aterrizaje. Su tripulación me hizo sentir como en un avión privado. Los que prefieran volar con su propio jet o bien contratar un vuelo especial a Air Nostrum, desde España u otro destino, tienen el Aeródromo Aix-Les Milles que hasta el castillo tan solo hay 15 minutos en coche. En el hall del aeropuerto de Aix-de-Provance nos recibió el chófer de mademoiselle Guénant, la princesa moderna que dirige Villa Baulieu.

Siempre de frente, vi la montaña Sainte Victoire, símbolo de la Provenza. Paul Cézanne la pintó ochenta veces. El chófer la recomienda por ser un lugar espectacular para la práctica del trekking. Él la sube corriendo un par de veces por semana con su perro.

Sin apenas darme cuenta, se abrió el portón y entramos en Villa Baulieu; bien arropada por pinos, almendros, flores, trufas y viñedos de 2.000 años de actividad. El color siena de su fachada evoca la Toscana. La entrada es majestuosa. Intuí que lo pasaría en grande con Eros, lo afirmó la sonrisa y amabilidad del mayordomo y su asistente al darnos la bienvenida.

Villa Baulieu
Llegando a la villa.
Villa Baulieu
Acceso al castillo.

Antes de bajar, me detuve un segundo. Respiré y di las gracias. Me lo había imaginado increíble pero, estar aquí es sorprendente, más aún, estando tan cerca de España. Estaba extasiado. La Villa Baulieu es un museo para vivir, creo que no existe un destino semejante en el mundo. Descubro por qué. Sobre la chimenea del anciano cráter del volcán de Baulieu, no hay otro en la Provenza y hace 17,5 millones de años que no erupciona, se alza el château después de una respetuosa restauración de diez años. Este dominio de lujo vuelve a brillar con todo su esplendor y está más despierto que nunca. De hecho, es el hotel con más encanto de Europa y lo certifica una de sus distinciones, el Grand Prix du Meilleur Hôtel de Charme d´Europa entregada en el Prix Villégiature Awards 2014.

Villa Baulieu.
El agua volcánica abunda en Villa Baulieu.

Los Guénant, guardianes de esta joya en el sur de Francia

En el siglo XVI fue el territorio de una de las familias más prestigiosas de Francia, los condes de Provence bajo el reinado de Henri III. Desde entonces las familias aristocráticas, que se han ido sucediendo a lo largo de los siglos, han sabido cuidarlo muy bien preservando esta excepcional porción de Francia. Esta tradición perpetua la han heredado los Guénant, sus nuevos guardianes. La familia tiene además otro castillo en Poitiers y son grandes conocedores del l´Art de Vivre en Provence (el arte de vivir en la Provenza).

Villa Baulieu.
Vista del château desde las viñas de Villa Baulieu.

Monsieur Guénant, antes de enamorarse del segundo castillo, era propietario de 200 concesionarios en Europa. Después de una venta importante a Porsche, la familia se dedica, entre otras pasiones, a la villa y a su bodega (fundada en el 1576). Son además, mecenas en el arte y les gusta disfrutar en familia, todos los años pasan las vacaciones juntos en lugares remotos y paradisíacos.

Villa Baulieu.
Escaleras que conducen hacia 11 habitaciones de ensueño.

Es en la cuarta generación de esta familia dedicada al mundo del motor cuando abren por primera vez las puertas de una residencia familiar para los happy few (unos pocos afortunados).

Volviendo a tiempos pasados, esta fue una zona de paso entre Roma y París, es comprensible entonces la influencia del país vecino en la construcción.

Monsieur David, el mayordomo, me llevó a nuestros aposentos. El suelo y el papel de la pared son una absoluta maravilla. Los suelos están revestidos por piezas de terracota hexagonales originales y las paredes visten un papel auténtico del siglo XVIII con motivos “deux pigeons”. La suntuosa colección de los Guénant tiene calidad de museo y me es confiada para mi disfrute con Eros. Admiro el lujo francés. Creo que tanta belleza se merece el siguiente repertorio de fotos.

Villa Baulieu.
Mi baño de inmersión en la suite Pierre Robineau.

Con Eros recorrimos parte del terreno, se encontró con burros de madera y les ladró hasta que se dio cuenta de que estos no se moverían de allí. Corrió feliz. Regresamos para comer con Beréngerè Guénant, nuestra anfitriona.

Después de una entretenida comida, pasamos la tarde entre viñas y árboles ancestrales. Eros quedó rendido, se desplomó sobre la alfombra roja del cuarto. Sin necesidad de ayuda de cámara, me preparé un baño con L’Occitane. Con los ventanales abiertos, escuché mi selección de Juliette Gréco, Yves Montand y a los pájaros que disfrutaban del atardecer.

Despreocupado, como un noble de la corte de Luis XVI, abrí las puertas y cerraduras antiguas de mi suite y salí por la habitación contigua, el Salón de Música. Sobre las consolas, obras de arte contemporáneo me llenaron de dicha. Me senté. El ocaso iluminó el espacio. Baje con Eros para cenar con Bérengère en el patio. Eros nos acompañó. El café lo sirvieron con calissons du roy rené, unos pequeños pasteles típicos y artesanales hechos con almendras, además llevan limón. Los calissons son un emblema delicioso de la comarca desde 1920.

Villa Baulieu.
Antigüedades, obras de arte y tecnología en el Salón de Música.
Vistas desde la arboleda.
Vistas desde la arboleda.

Escuchando la “1812 Overture, Op. 49” en el Beoplay A8 de Bang Olufsen, me visto para bajar a cenar. Vestido con mi smoking, me encuentro con un legendario Steinway gran concierto, un gran amigo de los Guénant. Tomando un aperitivo, Bérengère toca un rato hasta que nos avisan que la cena está servida. Nos abren las puertas del comedor. Velas y la “Cantata italiane” de G. F. Handel. Al fondo, una ornamental chimenea blanca típicamente provenzal (técnica gypseries) realizada in situ por expertos artesanos. Por doquier, piezas de plata

En este ambiente extraordinario, almorcé a la sombra. Cocina slow food, vinos exquisitos y, de postre, pan perdu (tostada francesa): ¡es exquisita! Siempre me ha gustado más que las torrijas. Todo lo ha hecho David, el mayordomo de los Baulieu. Él viene de trabajar en el hotel La Mirande (Avignon), es Master Sommelier, Patissier y Cheese Master. Su cocina es sencilla pero es apreciada por reconocidos gourmands internacionales como Michel Guerard. Durante los quesos, llega un intenso viento mistral y al parecer viene para quedarse un par de días.

MONTBLANC me acompaña.
MONTBLANC me acompaña.
Disfrutando de los vinos de la casa.
Disfrutando de los vinos de la casa.

Después de contemplar las estrellas, no despedimos. Sobre la cama me espera una caja de Puyricard, el chocolatero más afamado de la Provenza. Así acaba otro día inolvidable con mi perro.

Un vino es vida, es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria. Federico Fellini.

Bérengère Guénant disfrutando con Steinway & Sons.
Bérengère Guénant disfrutando con Steinway & Sons.

Eros pasea por la villa como si lo hiciera todos los días, reconoce el camino, cada árbol y fuente de agua. Incluso tiene sus favoritos, el riachuelo cercano a la piscina es donde más le gusta pararse a beber. David me había preparado en el patio un espectacular club sándwich con sabrosos vegetales, quesos y pollo de la Provence. Lo acompañé con el cuvée rosé de Alexandre, es el nombre del hermano de Bérengère. De postre, un queso fresco de cabra con melocotón y miel. El elixir vino acompañado de un sobre muy importante que estaba esperando. La firma Laura Domort me hizo llegar al castillo las primeras muestras de la colección de accesorios para perros que estamos creando juntos. Me encanta como han quedado. ¡Qué mejor lugar que estrenarlas aquí!

Escuchando la “1812 Overture, Op. 49” en el Beoplay A8 de Bang Olufsen, me visto para bajar a cenar. Vestido con mi smoking, me encuentro con un legendario Steinway gran concierto, un gran amigo de los Guénant. Tomando un aperitivo, Bérengère toca un rato hasta que nos avisan que la cena está servida. Nos abren las puertas del comedor. Velas y la “Cantata italiane” de G. F. Handel. Al fondo, una ornamental chimenea blanca típicamente provenzal (técnica gypseries) realizada in situ por expertos artesanos. Por doquier, piezas de plata

En este ambiente extraordinario, almorcé a la sombra. Cocina slow food, vinos exquisitos y, de postre, pan perdu (tostada francesa): ¡es exquisita! Siempre me ha gustado más que las torrijas. Todo lo ha hecho David, el mayordomo de los Baulieu. Él viene de trabajar en el hotel La Mirande (Avignon), es Master Sommelier, Patissier y Cheese Master. Su cocina es sencilla pero es apreciada por reconocidos gourmands internacionales como Michel Guerard. Durante los quesos, llega un intenso viento mistral y al parecer viene para quedarse un par de días.

Por lo pronto, elijo quedarme a pasar el día en la villa. Su piscina de 20 metros a 27º de temperatura, el hamman y el jacuzzi en la torre me brindan un placer inolvidable mientras Eros disfruta en el jardín con su Squeezz Ball de KONG.

Augurando buen tiempo, Bérengère me comenta que la próxima semana florecerá la rosa fée des neiges. Esta rosa blanca decora el muro de la entrada del château casi todo el año, salvo los meses de noviembre a enero. Después de esta elegante cena, fui a buscar a Eros para que nos acompañe a tomar el té en el salón del clavicordio del siglo XVII. Aunque parezca una locura, por que no sé tocarlo, hice sonar sus teclas por un rato. Un capricho que me permitió Bérengère sin dudarlo. Es mi instrumento favorito.

Al poco rato ya estaba abriendo la puerta de casa. Eros se reencontró con sus amigos del parque pero su alegría no es la misma que en Villa Baulieu. Como aun no he degustado el vino “Eros” de su bodega, visitado el atelier de Paul Cezanne ni trekking por Sainte Victoire, tengo excusas suficientes para regresar. À bientôt Bérengère!

Después de contemplar las estrellas, no despedimos. Sobre la cama me espera una caja de Puyricard, el chocolatero más afamado de la Provenza. Así acaba otro día inolvidable con mi perro.


Texto y fotos: Christian Oliva-Vélez/ Villa Baulieu